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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 03 de Septiembre de 1999

Christian Ravier, tradición pirenaica.

Por Arancha Vega Rubio  | 

Christian Ravier, tradición pirenaica.

Amante de los Pirineos, Christian los ha recorrido de cabo a rabo, tanto las vertientes francesas como las españolas. Para hacerlo lo tuvo fácil, pero quizás esa misma facilidad pudo suponerle no volver nunca más a la montaña. Hijo y sobrino de dos de los más conocidos Pirineistas clásicos (Jean y Pierre Ravier), ha sabido tomar el relevo de la familia para seguir conociendo los secretos de esta cadena montañosa.

 
Escalando en Riglos. 

¿Qué significa para ti la montaña?

Es un terreno de juego, un lugar donde me siento bien y al que echo de menos cuando no puedo estar. Cuando vuelvo de allí puedo apreciar un poco mejor la vida fuera de la montaña.

¿Cuándo empezaste de descubrir la montaña?

Yo empecé con mi padre y mi tío cuando tenía unos ocho años. Después, con quince, continué con mi primo que tiene la misma edad que yo. Realizamos ascensiones en l"Ossau, Gavarnie, Vignemale… un poco por todos los Pirineos, repitiendo las vías clásicas. Y bueno, aún sigue gustándome.

¿No se hace pesado haber convertido tu hobby en tu trabajo?

No, no, está muy bien. Trabajo de guía de montaña, en Pirineos y un poco en los Alpes, pero prefiero quedarme en los Pirineos o en el norte de España, donde aún quedan un montón de cosas que descubrir. Es un trabajo para vivir una pasión… Trabajar de guía a veces me permite descubrir lugares a los que, de otro modo seguramente no habría ido, porque cuando tengo tiempo libre prefiero hacer cosas más difíciles.

¿Qué es lo que más te gusta de la montaña?

Lo que yo prefiero hacer es escalada en roca, en gran pared y abrir vías.

¿Cuál es la peor experiencia que has tenido?

Cuando fui al Baghirathi. Me encontré con una gente que no conocía mucho, al llegar ahí me di cuenta de que éramos diferentes, que no éramos muy afines. Eso para mí ha sido la peor experiencia. Y buenos recuerdos tengo muchos. Pero a raíz de esto del Baghirathi no me atraen tanto los ochomiles.

 

¿Crees que queda algo por descubrir en los Pirineos?

Los grandes itinerarios, los más evidentes, las grandes vertientes han sido descubiertas, pero aún quedan itinerarios interesantes.

El pirineismo no tiene sólo un significado deportivo entre comillas (ascensiones a cimas…), tiene además un significado artísitico. Hay pintores especializados en los Pirineos, por ejemplo. Engloba todas las vertientes artísticas que derivan de los Pirineos.

¿Es difícil pertenecer a la familia Ravier?

No, no es nada difícil -se ríe-. Yo admiro mucho lo que han hecho mi padre y mi tío. Ahora ellos tienen unos sesenta años y siguen igual de apasionados; hacen menos montaña, pero sienten la misma pasión, y eso lo admiro. Y una de las cosas que me impresiona es cómo mi padre ha conseguido transmitirme este amor por los Pirineos. De los que íbamos (mi padre, mi tío, dos de sus hijos y yo), he sido el único que ha optado por la montaña como un modo de vida. Nunca nos obligaron a salir al monte, pero las cosas que hice con ellos cuando tenía doce o trece años son quizás las que más me han marcado, como hacer una invernal en los Pirineos y vivaquear en la cresta a -15 grados. No sé, por un lado les admiro mucho, pero sin querer jugaron con fuego, porque cosas así podrían haber acabado con las ganas de volver a la montaña.

 

¿Crees que el alpinismo se está convirtiendo en una moda?

La escalada deportiva, quizás sí. Desde los años 80 ha habido una especie de boom de la escalada. En Francia llegó de la mano de algunas películas sobre escalada, sobre todo una de ellas que se llama "La vie au bout des doits" (La vida en el borde de los dedos). Fue una película bien filmada y muy espectacular de escalada y esto marcó mucho. Ahora la gente ya ha comprendido lo que significa la escalada, antes me preguntaban (en los años 92-93) si yo hacía escalada con las manos desnudas -como si se pudiera hacer con guantes de boxeo-. Lo que en realidad querían decir era si escalaba en solo. Ahora es diferente.

Cada vez hay más gente q ue va a la montaña, pero no creo que eso sea un fenómeno de moda. Desde mi punto de vista la montaña aporta sensaciones muy fuertes que no dependen de una moda.

¿Ha cambiado mucho la visión del alpinismo de sus comienzos hasta ahora?

Por supuesto en lo que afecta a la técnica y a la evolución de los materiales. Pero además también ha evolucionado un poco la mentalidad. A principios de siglo podían decir de una pared que era imposible subirla. Treinta años más tarde hay quien la ha hecho… Y no precisamente gracias al material sino por tener otra manera de ver las cosas. Un ejemplo sería la cara norte del Vignemale. Al principio del siglo XX se decía que era imposible porque era totalmente lisa, medía 800 metros, imposible. Sin embargo se hizo en 1933 por Henri Barrio y R. Bellocq. Llevaban una bolsa con pitones y unas alpargatas y comenzaron a escalar. Se encontraron que en la pared había bloques de roca donde poder asegurarse con un nudo de cuerda y superar el problema. Al final llegaron a la cima sin utilizar ninguno de los pitones. Ahora no se ve como una vía difícil, y sin embargo a principios de siglo sí. Sólo treinta años de diferencia y ya se había modificado la mentalidad.

 

¿Qué nos podemos encontrar cuando leamos Passages Pyrénéens?

Es un libro que hemos hecho entre tres autores, Ranier Munsch (alpinista conocido bajo el nombre de Buny), Rémi Thivel y yo. Es una selección de vías de escalada en los Pirineos entre el Circo de Lescun (al oeste) y el Macizo de Néouvielle. La selección de las vías ha sido muy subjetiva, hemos puesto vías muy representativas de los Pirineos y también otras que son de alguna manera especiales para nosotros. Son vías que quizás no se hayan repetido demasiado, pero que han marcado su época, como las grandes vías de artificial de Raimon Despiau.

¿Qué supone escribir una reseña de estas características?

Es un trabajo apasionante, sobre todo cuando te encuentras al pie de la pared. Pero también las noches que nos hemos pasado sin dormir… Y esperamos hacer la colección de todos los Pirineos, pero poco a poco.

Christian disfruta durante todo el año de su pasión. En los Pirineos en el transcurso de una clásica o de un espolón olvidado; en Levante, Aragón o Cataluña, en el corazón de numerosas sierras encuentra todos los grados de dificultad. La escalada es un pretexto para viajar a Yosemite, Utah o Arizona, a las Dolomitas italianas, a los Meteoros griegos o a Jordania. Pero lo mejor de todo es que sabe transmitirlo a los demás y es que para él estar en la montaña no es sólo ir a escalar, es disfrutar sólo por estar allí.


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