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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 22 de Septiembre de 1999

Rosa Real cuenta su experiencia en el Gasherbrum II (8.035 m).

Por Arancha Vega Rubio  | 

Rosa Real cuenta su experiencia en el Gasherbrum II (8.035 m).

Foto: www.uv.es/karakorum 

Rosa Real lleva subiéndose por las paredes desde que tenía diecisiete años. Ha escalado en prácticamente todos los macizos españoles, realizando ascensiones tanto estivales como invernales. Cuando se le quedó pequeño pasó a Alpes, donde ha realizado numerosas caras nortes, como el Espolón Tournier en Les Droites o el Pilar Bonatti en la cara Oeste del Petit Dru. Conoce los Alpes franceses, suizos e italianos y también los Dolomitas. Hace nueve años probó en los Andes realizando la ascensión del Alpamayo (por la Ferrari) y el Huascarán Norte. Ha formado parte de la única expedición femenina de la Comunidad Valenciana al Pamir. Ha visitado el Thien Shan y consiguió la cima del Cho-Oyu (8.201 metros) en 1996. Este año su objetivo fue coronar los 8.035 metros del Gasherbrum II, y lo ha conseguido. Una montaña que ha recibido numerosas visitas este verano, pero que no se ha dejado vencer por todos los que lo han intentado. Más de una expedición se ha tenido que dar la vuelta sin conseguir pasar más arriba del C3.

Después de esta hazaña, Rosa se tomó unos días de descanso en el Pirineo, ¿Dónde sino?

Crónica de un ascenso accidentado

Foto: www.uv.es/karakorum 

Cada vez que subía me pasaba algo... Llegamos allí muy ilusionados y además hacía buen tiempo. Nos fuimos de excursión para ver el glaciar y la ruta que había que seguir para llegar al C1 y fue muy bien. Era un glaciar muy roto y enseguida veías la montaña. A los dos días decidimos subir con todo el equipo y la comida al C1. Salimos a las tres de la mañana y llegamos sobre las 9:00 de la mañana. A 100 metros, antes de llegar, había una especie de depresión en el terreno que subía otra vez al nivel del suelo por un murito muy vertical. Pues en ese murito me caí y el peso de la mochila hizo de palanca, la consecuencia fue una luxación de hombro. Menos mal que justo detrás de mí venía Javier Botella (el otro médico) y me la redujo en dos segundos.

Yo pensé que ya no podría seguir subiendo, pero después de descansar dos días en el CB ya me encontraba bien. La segunda vez que subimos al C1 (dentro de los ejercicios de aclimatación) tuve una traqueítis y bajé también hecha polvo. Todos mis compañeros tenían diarrea, yo era lo único que no tenía. Subí un poco tocada, habíamos aclimatado muy poco y notaba que no pensaba con la capacidad de concentración habitual. También cuando subimos la última vez, que ya hicimos cumbre, hicimos C1, C2, C3 cima y, en el Campo 3 por la noche -ya de vuelta-, empecé a notar un dolor muy fuerte en los ojos; tenía una oftalmía de las nieves, provocada por un exceso de luz. Como esto ya le había pasado a Carlos en otra montaña, yo voy desde entonces siempre con el colirio.

Me lo puse, luego me puse las gafas de sol graduadas y limité la entrada de luz con esparadrapos; encima me coloqué las gafas de ventisca. Mis compañeros me ayudaban a bajar, como eran cuerdas fijas, era más fácil. Bajaba uno de ellos, luego bajaba yo, me ayudaban a cambiar los fraccionamientos y así llegamos. Al día siguiente se me pasó, pero no deja de asustarte. Entre que estás cansada y quieres bajar, piensas: "¿Por qué me pasa a mí esto ahora, si ya he acabado, si ya me voy?".

Hombres y mujeres

Foto: Colección Rosa Real 
Rosa Real en la cima del Gasherbrum II (8.035 m.) 

No creo que haya diferencia entre un hombre y una mujer que hagan un ochomil. Es duro porque a lo mejor, físicamente no somos tan fuertes, es cierto. Yo me ponía una mochila con 15 kg. y al cabo de un rato iba arrastrada y mis compañeros no, pero por otro lado la capacidad de aclimatación es muy importante, y no viene determinada por el sexo. Gente que a lo mejor es más fuerte, no aclimata bien. Otro aspecto fundamental es la toma de decisiones, y eso tampoco depende de si eres hombre o mujer. Aún así, encontré dos problemas: el primero por hallarme en Pakistán, un país donde la mujer recibe un trato diferente al hombre, desde las ciudades por las que se pasa, hasta los porteadores o el mismo oficial de enlace, tardan en acostumbrarse a que tú seas un miembro más de la expedición. El otro problema es que al haber pocas mujeres, te hace sentir un poco sola. No por sexismo hacia tus compañeros, sino porque hay veces que es más fácil comunicar ciertas cosas a una mujer que a un hombre; por ejemplo, cuando estás cansada y a lo mejor ellos no lo están tanto, apetece más hablar con alguien que se canse como tú.

El día a día

Foto: www.uv.es/karakorum 
Campo 2 del Gasherbrum II a 6.500 metros. 

La convivencia era una de las cosas que más miedo me daba. De los ocho que íbamos sólo había hecho expediciones con dos, con los otros cinco había hecho alguna salida, pero nunca había estado tanto tiempo. Lo que ocurrió es que nos fuimos acoplando muy bien porque cada uno se encargaba de una cosa (el proyecto médico, el tecnológico, las transmisoras...). Aún así, hay veces que estás irritable y no es lo mismo que cuando estás en casa. Allí cuando discutes con alguien cuesta más de pasar porque te levantas con él, desayunas con él, comes con él... en definitiva, que lo ves a cada momento. A mí el día no se me hacía largo, leía un poco, visitábamos a las otras expediciones, trabajaba en el proyecto médico... Llevo bien lo de adaptarme al tipo de vida que haces allí.

Hubo dos días que celebramos el cumpleaños de Segismon, un miembro de la expedición Zambón, o nuestra propia fiesta de despedida, entonces le dijimos al cocinero que hiciera un pastel, pero el pobre sólo tenía arroz, así que le dimos tabletas de turrón y chocolate para que se apañara. Allí te buscas la vida con lo que sea.

Tres proyectos científicos

Queríamos subir un ochomil y también aprovechar para investigar. Para ello realizamos tres proyectos científicos, uno tecnológico gracias al cual mucha gente -sobre todo en Valencia- nos ha podido seguir casi diariamente y ha podido entender mejor lo que es la montaña. Realizamos un segundo proyecto de fisiología del deporte donde estudiamos los cambios de la frecuencia cardíaca en altitud, y el tercero era un proyecto médico que incluía estudiar la variación de la capacidad pulmonar en altitud y la medición del oxígeno en sangre. De estos estudios Javier Botella ya ha hecho bastantes, pero lo que nunca se había hecho era la medición en la cima. Con estos apuntes se podrá realizar un estudio para saber si con la aclimatación mejora la oxigenación -la cantidad de oxígeno en sangre- y podría servir, una vez se hayan hecho muchos estudios-, para saber si una persona está bien aclimatada o no.

La montaña en todas sus facetas

Yo no soy de las personas que sólo haría ochomiles. En ese sentido sí que me gustaría hacer otro ochomil, pero no dedicarme exclusivamente a ellos. Es una faceta del alpinismo que cuesta mucho dinero, mucho tiempo, el riesgo de no hacer cumbre es muy alto y, en realidad, montaña, montaña, tampoco se hace mucha. Me apetece hacer muchas cosas que todavía no he hecho, como escalar en Yosemite, en Patagonia, o ascensiones que me faltan en los Alpes mismos. Claro que me apetece volver, pero no me iría el año que viene. A mí me gusta la montaña en todos sus aspectos, quizá en ninguno vaya a destacar especialmente, pero me gusta porque me aporta sensaciones y vivencias muy gratificantes; tanto hacer una travesía con esquís, como ir a escalar, como hacer un ochomil. A mí el Pirineo, por ejemplo, me encanta. En el Pirineo puedes hacer rutas muy difíciles, claro que no vas a tener el problema de la altitud, ni del frío, no vas a encontrar condiciones tan extremas como las de allí... Allá donde vayas puedes aprender muchísimo, tanto si son Pirineos, como Alpes, como cualquier montaña.


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