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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 07 de Octubre de 1999

Ramón Portilla, la aventura de vivir la montaña

Por Arancha Vega Rubio  | 

Ramón Portilla, la aventura de vivir la montaña

 

Cuando tenía 15 años descubrió de la mano de unos colegas del barrio la Sierra de Guadarrama. Desde entonces no ha dejado de hacer montaña. Esta primera excursión le llevaría a conocer las cimas más altas de cada continente y a hacer del Himalaya casi su segundo hogar. Aunque ha realizado numerosas expediciones, lo que más le gusta es escalar en roca. Se ha encaramado a las paredes de casi toda España, conoce al dedillo Patones y la Pedriza, pero decidió ampliar sus horizontes. Patagonia, Yosemite, Himalaya o las caras nortes más clásicas de los Alpes donde, el año pasado le cayó una piedra en la pierna que le ha apartado momentáneamente de la escalada.

"Al principio lo que más me atraía era estar en la naturaleza; al vivir en una ciudad como es Madrid tienes pocas posibilidades de estar en contacto con la naturaleza. De niño lo que más me gustaba eran los libros de aventuras, entonces la montaña era, para mí, el lugar más cercano para vivir una aventura. También es muy importante la sensación de libertad que tienes en el monte. Me atraía mucho el hecho de poder hacer una actividad donde no había quien impusiera reglas ni normas siempre que se respetara el medio. Ahora me sigue gustando la montaña salvaje, donde no hay mucha gente y donde puedo hacer lo que me gusta: una actividad en la naturaleza."

Para Ramón la montaña es aventura "nunca me he considerado un deportista -afirma- No me gusta ningún deporte competitivo ni la disciplina que exige un entrenamiento. La montaña me gusta porque te pones a prueba, te superas, te impone retos a ti mismo... sobre todo te aporta sensaciones, no retos deportivos."

 
Ramón Portilla en el glaciar del pico Humboldt 

Y las sensaciones siempre van acompañadas de los amigos. Una manera de pasar un buen rato para este montañero es juntar su pasión por la naturaleza con el grupo de toda la vida. " Porque te conoces, porque sabes lo que les puedes pedir, lo que te pueden pedir y, sobre todo, porque te lo pasas bien. He perdido buenos compañeros, he encontrado otros, pero sobretodo me gusta salir a la montaña con los de toda la vida. Cuando voy de expedición es un poco diferente porque se tienen otras ambiciones, otros retos, intereses..."

Son veinticinco años en la montaña y la mayoría de ellos a un ritmo muy fuerte. Esa experiencia da para encontrarse en situaciones de todo tipo, unas buenas y otras no tanto: "Recuerdo haber estado atrapado en una tormenta en el Himalaya (en el Talay Shagar) con Félix y Nano. Estuvimos prácticamente seis días atrapados, cinco sin comer y tres sin beber agua; salimos muy al límite de nuestra resistencia, pero eso es parte del juego. Aunque, uno de los peores momentos que he vivido en mi vida fue el año pasado, cuando tuve el accidente en la Walker. Estuve once horas con una fractura abierta de tibia y peroné, y veía que si no me venían a rescatar, me iba a morir."

El proyecto que estaba realizando Ramón cuando tuvo el accidente consistía en escalar las seis caras más míticas de la historia de los Alpes y sólo le faltaba la Walker para acabarlo. "Era una especie de colección... cuando era niño leí un libro que se llamaba Estrellas y borrascas, de Gaston Rebuffat, para mí uno de los escaladores que mejor ha sabido transmitir la pasión por la montaña. Me enamoré de ese libro y quería hacer las seis caras nortes de las que habla esta historia." La gravedad del accidente y después varias operaciones le han tenido casi un año alejado de las paredes. Aún así, no ha perdido las ganas de lanzarse al monte. Comenzó a escalar de nuevo hace apenas dos meses, pero todavía está en período de rehabilitación y le tienen que volver a operar para extraerle un clavo. "Ahora es la época más bonita, porque es la vuelta, el reencuentro con la montaña. Durante este tiempo, más que las expediciones o los grandes viajes, lo que más he echado de menos han sido las salidas de fin de semana con los amigos o ir a escalar los domingos a la pedriza. Pero bueno, me he propuesto otros retos para este año que he estado inactivo, pero siempre relacionado con la montaña." Por lo que no ve el momento de curarse y ponerse en forma. Según sus propias palabras tira más su cabeza que el cuerpo, sin darse cuenta que lleva un año inactivo.

 

Hoy la montaña y los deportes que se realizan en ella están de moda, eso crea un problema que choca con su aspecto salvaje: la masificación. "Lo que me gusta de la montaña es, precisamente, ese aspecto salvaje, pero cuando se masifica la montaña aparecen inmediatamente las normas y las leyes, para regular el acceso y no dañar el medio. También creo que quizá uno de los mayores problemas es el exceso de información. Ahora lo sabes casi todo, cómo llegar, cuánto hay que pagar a un porteador o cosas que antes tenías que solucionar sobre la marcha. No digo que sea ni mejor ni peor, pero antes yo me iba tres meses de expedición y eran tres meses en los que no podía comunicarme con mi casa; ahora se transmiten noticias cada día. Se pierde un poco la sensación de aventura. Pero bueno, también hay que tener en cuenta la época en que nos ha tocado vivir. Si tú vas al Montblanc en verano subirás junto con doscientas o trescientas personas -un día de buen tiempo-, y dentro de 100 años, a lo mejor suben doscientas personas al día al Everest, porque será lo normal. Habrá mejores equipos, más medios, más información, y se subirá. La montaña no la puedes acotar y dejar sólo al alcance de unos privilegiados.

Si tu sensación es subir al Everest en helicóptero, pues bueno, es tu historia; lo que tú saques de ello es lo que realmente vale. Siempre y cuando no vendas esa ascensión en helicóptero como el máximo exponente del alpinismo mundial... A lo mejor cuando tenga sesenta años, no sea capaz ni de subirme al Aneto, pero seguiré considerándome un montañero. Y lo intentaré, y si tengo que abandonar a mitad de camino, pues me parecerá una hazaña haberlo intentado llegado." Y es que a Ramón lo que le gusta es dormir debajo de las estrellas, le gusta pasar frío, caminar, cansarse, pasar hambre... "Cuando esté bien quiero volver a la Walker para acabar el proyecto de las seis caras nortes de los Alpes, también quiero ir al Himalaya, me apetece hacer algunas expediciones a sitios que no conozca o que conozca poco. Cuando has ido diez veces a Nepal, ocho a Pakistán, se pierde un poco la parte de aventura, lo que implica el viaje, conocer culturas o convivir con paisajes desconocidos, ese encanto está mermado porque ya lo conoces. Me apetece viajar a Mali, aunque ya estuve hace dos años; me apetece volver a Patagonia pero, no para tirarme tres meses a pie de pared obsesionado por escalarla, sino también para recorrer los canales magallánicos en piragua, realizar algunas ascensiones, sí, pero no como única actividad. Me apetece mezclar viaje, aventura y montaña. Yo me moriré escalando montañas y sintiéndome un montañero."


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