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ACTUALIDAD | PERFILES | 11 de Enero de 2001

George Mallory y el Everest

Por Arancha Vega Rubio  | 

A punto de comenzar la primera temporada del milenio en el Everest, volvemos la vista a una de las leyendas más grandes del alpinismo, a un hombre que llevó a cabo una de las aventuras más arriesgadas

 

La historia de George Mallory (1886-1924) está indisolublemente unida a la conquista del Everest (8.848 m), de hecho fue la única persona que tomó parte en las tres expediciones inglesas que en los años veinte se realizaron a la montaña.

El escalofriante relato de Noel Odell, (geólogo y participante en la expedición), sobre la última vez que se vió a la pareja de alpinistas (Mallory e Irvine) en la montaña continua impactando aún hoy, más de setenta años después de su gesta: "Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envueltas en nubes..."

El escalofriante relato de Noel Odell, (geólogo y participante en la expedición), sobre la última vez que se vió a la pareja de alpinistas (Mallory e Irvine) en la montaña continua impactando aún hoy, más de setenta años después de su gesta: "Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envueltas en nubes..."

 
Andrew Irvine, integrante de la expedición de 1924 y compañero de George Mallory. 

Llegaron hasta los 8.570 metros. Norton fue, además, el primero en alcanzar el inmenso corredor que desciende por la vertiente desde las proximidades de la base de la piramide somital, por lo que desde entonces se le denomina Couloir Norton, también llamado Gran Couloir.

Su enorme esfuerzo pronto se vió superado por el tándem formado por Mallory y Andrew Irvine, un joven inglés de 22 años elegido por el escalador para realizar la tentativa final a la cumbre, siguiendo la ruta que transcurre por su arista noreste.

Durante la última expedición que en los primeros años 20 el Gobierno Británico organizaba al Everest, Mallory, tras 10 semanas de exploración, creía haber encontrado finalmente un itinerario: el Collado Noreste. En una de las cartas que escribió a su mujer, le explicó el establecimiento de la ruta: "29 de septiembre. Mi queridísima Ruth: sólo una línea a primera hora de la mañana, mientras ordenamos y embalamos, para decirte que todo está bien. Fue una desilusión que la parte final pareciera mucho más sencilla de lo que yo había esperado. Pero en realidad no era tan sencillo, no fue ninguna broma llegar al Collado Noreste. Dudo que ninguna otra empresa en montaña haya sido realizada con tan escaso margen de fuerzas. Hasta el final tiré yo solo de todo el equipo, y tuvimos que darnos la vuelta a causa de un viento en el que ningún hombre sobreviviría más de una hora. Así las cosas, hemos establecido la ruta hacia la cumbre para quienquiera que desee emprender la gran aventura. "

Sin embargo, y a pesar de la fuerza y la gran motivación de estos dos escaladores la montaña no estaba dispuesta a dejarse conquistar tan fácilmente: Noel Odell se vió obligado, tres días después de avistarles, a colocar los sacos en la nieve formando una cruz: la señal concertada para los compañeros de campamentos inferiores de que se había producido una catástrofe. Una caída, el intenso frío, la altura o el escaso equipamiento impidió que coronaran su ansiada cumbre.

Aún hoy nadie tiene la respuesta a qué les pasó. Y precisamente por eso, por la incógnita y por la leyenda, el recuerdo de George Mallory y Andrew Irvine pervive intacto en la mente de todos los amantes de las altas montañas.


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