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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 27 de Septiembre de 2001

Women and Chalk, la nueva ruta de Mauro Bole en la Shipton Spire

Por Arancha Vega Rubio  | 

"Women and Chalk" es la nueva ruta extrema abierta por Mauro "Bubu" Bole en la pared este de la Shipton Spire (5.850 m.), una espectacular aguja de granito del Valle del Trango, en Pakistán. La ruta fue abierta durante la reciente expedición formada por "Bubu", Mario Cortese -su compañero de cordada- y yo, Fabio Dandri, fotógrafo y cámara.

 
Mauro, descansando en la hamaca durante la apertura de su nueva ruta "Women and chalk". 

 
La ruta contiene numerosos tramos de dificultad 6c llegando en algunos casos, en determinados largos, 7c y 8a. 

 
Mauro y Mario Cortese, fotografiados en la pared por Fabio Dandri, fotógrafo y operador de cámara. 

 
El triestino Mauro Bole se acaba de apuntar un nuevo y extremo tanto a su ya gran lista de logros alpinísticos. 

 
La apertura de la vía "Mujeres y magnesio" tuvo lugar entre los 4.500 y los 5.700 metros de altitud. 

 
Las extremas condiciones climatológicas imposibilitaron el que "Bubu" pudiera abrir más de 100 metros de vía al día. 

 
Mauro Bole se ha converido así en el primer alpinista que escala una vía de grado 8a por encima de los 5.000 metros. 

El largo camino hasta la Shipton Spire:
La expedición se organizó deprisa y corriendo a finales de junio. Nuestras ansias por llevar a cabo esta gran aventura nos ayudó a organizarlo todo en sólo tres semanas. El 15 de julio Mauro "Bubu" Bole, Mario Cortese y yo ya estábamos a bordo de un vuelo internacional pakistaní hacia el valle del Trango. Sin embargo, a decir verdad, llegar a las famosas Torres no es tan fácil ni tan rápido como parece. Tras un montón de papeleo burocrático, conseguimos una furgoneta que tardó 21 horas en llevarnos hasta Skardú, la pequeña ciudad de donde parten todos los trekkings hacia el Baltoro, que se encuentra más adelante. El viaje fue una pesadilla, pero aún no habíamos experimentado el traslado en jeep hasta Thongul: siete horas rodeados de polvo y votando como canguros; la suspensión se bloqueaba, para desgracia de nuestros traseros.

En Thongul comenzamos a caminar; dos días sobre pista y arena hasta que llegamos a la populosa localidad de Paiyu, y un día más remontando morrenas glaciares hasta llegar al Campo Base de la Shipton Spire, un encantador triángulo verde que sobrevive a la amenaza del cercano glaciar. Si se conoce el camino, se tardan dos horas en atravesar las morrenas y el glaciar hasta el comienzo de la vía. Nosotros no lo conocíamos, y la primera vez que intentamos llegar hasta allí tardamos más de cinco horas. De vuelta al CB, montamos una tienda y pasamos allí los siguientes diez días.

El clima, tremendamente inestable, nos obligó en un principio a quedarnos, y realizar la aclimatación en el mismo Campo Base. Al fin, el 26 de julio pudimos instalar una tienda al pie de la pared y abrir el primer largo de la ruta, antes de que otra racha de mal tiempo nos echara de allí otra vez, por unos cuantos días. No fue hasta principios de agosto cuando pudimos ponernos a escalar sin perder el ritmo, y el día 10 alcanzamos los primeros 500 metros de vía, punto en el que instalamos las hamacas. El día 15 de agosto llegamos a la arista somital bajo una incesante tormenta de nieve, encadenando finalmente "Women and Chalk".

Fue un gran logro, habida cuenta de la altitud y las condiciones extremas, que relegaron a un segundo plano la angustia, el agotamiento y las dificultades que encontramos. Cada tarde volvíamos a nuestras tiendas o hamacas cansados y hambrientos, sobre todo Bubu, exhausto física y psíquicamente por la intensidad de la escalada.

"Women and Chalk"

La nueva vía, una secuencia lógica y continuada de fisuras y diedros que lleva directa hasta la cumbre, remonta los 1.150 metros de impresionante granito vertical o extraplomado hasta la arista cimera, justo por debajo de la cima, donde se cruza con "Ship of Fools" (la ruta abierta por los americanos en 1997).

Han hecho falta tres semanas de trabajo entre el Campo Base y la pared, a los que siguieron trece días de escalada real, con un nivel de dificultad que casi siempre supero el 6c y, en algunos largos, alcanzó una graduación de entre 7c y 8ª. En conjunto, la vía se compone de 29 largos de dificultad extrema, uno tras oro, que hacen de ella una de las rutas más difíciles del mundo; sobre todo, si tenemos en cuenta que trascurre entre los 4.500m. y los 5.700 metros de altitud. Así pues, Bubu ha sido el primero que ha escalado un 8c por encima de los 5.000 m.

La ya exigente ascensión se hizo especialmente dura debido a un tiempo francamente malo y cambiante. No tuvimos ni un solo día de cielos azules y despejados; por el contrario, sufrimos la nieve y la ventisca al menos durante una hora cada día. Por tanto, además del estrés y de la dificultad intrínseca de la ruta, tuvimos que realizar la apertura luchando contra un frío extremo. La orientación Este de la vía significa, además, que recibía poco o nada de sol. Todos esos factores provocaron que Bubu no pudiera abrir más que una media de 100 m. al día ya que, por poca que fuera la distancia a cubrir, conseguirlo le llevaba todo el día. Lo sorprendente es que la totalidad de la vía fue escalada a vista, usando solamente empotradores y friends y, en las reuniones, un clavo y un spit clavados con maza de vez en cuando (excepto en dos ocasiones en que la roca estaba demasiado húmeda y la fisura era demasiado ancha).

En total, dejamos dejamos en la pared 1.100 m. de cuerda fija para, cada día, poder ascender hasta donde nos habíamos quedado la jornada anterior. Las cuerdas resultaron imprescindibles para izar el material a lo largo de la ruta. Para fotografiar y filmar la ascensión, tuve que colgar de las cuerdas durante horas para tratar de encontrar la instantánea perfecta, lo cual resultaba bastante complicado teniendo en cuenta que no estaba fijo, sino que me balanceaba continuamente.

Con mucho esfuerzo, izamos casi 300 kilos de material a lo largo de la primera mitad de la pared, para poder montar dos hamacas, que quedaron colgadas a 500 metros sobre un mar de hielo y que se convirtieron en nuestro hogar durante 9 días. Charlábamos, bromeábamos, comíamos y dormimos en cuatro metros cuadrados de nylon colgado de la nada. Esto supone que, además del material de escalada y las hamacas, tuvimos que transportar mochilas llenas de ropa, sacos de dormir, cuarenta litros de agua, infiernillos, cacharros de cocina, paquetes de comida deshidratada y enlatada, barritas energéticas y un panel solar para recargar las baterías de la cámara de vídeo. Amantes de la comodidad, también nos subimos un radio-casette. Por último, yo llevaba- conmigo unos cuantos kilos más en forma de cámaras reflex y digitales, carretes y pilas.

Fabio Dandri


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