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ACTUALIDAD | PERFILES | 15 de Octubre de 2001

El montañismo aragonés pierde a una de sus figuras más representativas

Por Angela Benavides  | 

El mundo de la montaña en Aragón guarda luto por la muerte de Pepe Garcés, el viernes 12 de Octubre, en el Dhaulagiri. Inmerso en la "carrera de los catorce", su trayectoria y osadía habían hecho de él una de las figuras más importantes del alpinismo actual.

Foto: www.redaragon.com 
Pepe Garcés 

Ha sido una amarga paradoja: Garcés había comentado al Heraldo de Aragón que, tras su intento fallido de la semana pasada, intentaría conseguir la cumbre del Dhaula, su séptimo ochomil, coincidiendo con el día del Pilar. Pero los acontecimientos dieron un giro inesperado y una caída en el peor sitio posible acabó con su vida, y con una de las trayectorias alpinísticas más admirables de la historia del montañismo aragonés, y también a nivel mundial.

Foto: www.redaragon.com 
Garcés alcanzó la cumbre del K-2 al tercer intento 

Sin embargo, también era una figura familiar y cercana en las montañas de Aragón; no en vano era conocido, además de por sus cumbres, por ser el guarda del refugio de Santa Cristina, en Candanchú. Había nacido en Zaragoza el 5 de noviembre de 1956. Aunque se ha conocido sobre todo su faceta como ochomilista, lo cierto es que tenía ya 33 años cuando emprendió su primera expedición al Himalaya. Hasta entonces, y entre sus grandes viajes, sus paisanos estaban acostumbrados a verle por el Pirineo. También es cierto que Garcés disfrutaba del Pirineo, casi cuando no tenía más remedio y no podía encontrarse en mitad de una expedición fuera de Europa. Desde muy joven, en cuanto le fue posible, en su mochila no faltaba un pasaporte que le permitiese llegar a las grandes cordilleras de todo el planeta: los Andes, África y, su gran obsesión desde que lo descubrió, el Himalaya.

Pepe Garcés siempre fue un alpinista de altísimo nivel. Sin embargo, su nombre ha sido conocido fuera de la región, y por el público no especializado, asociado al de una cumbre mítica: el K-2. Garcés conocía como nadie las luces y sombras del considerado como más difícil de los Ochomiles, experimentando el triunfo en su ascensión del pasado verano, pero recordando la pérdida de Javier Escartín, Lorenzo Ortiz y Javier Olivar en una expedición anterior (en 1995), en la que él mismo y Lorenzo Ortas sufrieron las consecuencias de una tormenta terrible en el Campo IV y regresaron con graves congelaciones. En 1998 realizó otro intento frustrado a la segunda montaña más alta del mundo, pero ha sido este año cuando, finalmente, consiguió llegar a la cumbre. Esta última ascensión fue seguida, además, por un equipo de televisión, por lo que tuvo más repercusión de la acostumbrada para este tipo de expediciones.

A su vuelta, Garcés se encontró con una atención inusitada por parte de los medios generalistas; sin embargo, eso no le alejó de su gran objetivo: conseguir los catorce ochomiles o, al menos, intentar una tras otra las grandes montañas del mundo. La expedición al Dhaulagiri, junto con Carlos Soria, Edurne Pasabán, Silvio Mondinelli y Mario Merelli, fue una decisión tomada a última hora. La próxima primavera planeaba intentar el Makalu. Se diría que tuviera prisa por acumular cumbres, aunque en los últimos años había ido tachando nombres de la lista de los Catorce a un ritmo envidiable, pero aún más sorprendente era el número de expediciones en las que participaba, casi dos al año. Ni los malos momentos, ni las congelaciones sufridas en más de una expedición, le habían frenado. Siempre fue a por todas, a por lo más alto, y lo antes posible.

Foto: www.redaragon.com 
Pepe garcés, por encima del Campo III en el K-2 

Un buen ejemplo fue su comienzo como ochomilista, ya que su primera gran montaña fue, precisamente la más grande: en 1989 formó parte de una expedición al Everest, aunque la cima le fue negada hasta otra intentona realizada dos años más tarde, cuando consiguió alcanzar la cumbre por la vertiente sur.

Su siguiente expedición fue la aragonesa al K-2, de la que volvió destrozado físicamente, por las congelaciones sufridas y, sobre todo, en su ánimo, por la triple perdida de sus compañeros de expedición. Sin embargo, no sólo logró sobreponerse, sino que regresó a esa montaña tres años más tarde. El mal tiempo le impidió de nuevo acceder a la cumbre. Eso sí, entre ambos viajes a Pakistán, había conseguido ascender su segundo ochomil, el Cho Oyu. Ese mismo año haría el primer intento al, en su caso, fatídico Dhaulagiri.

En 1998, además del K-2, asciende el tibetano Shishapangma (8.046 m), llegando a su cumbre Central (que, aunque mide más de ochomil metros, no es la más alta y , por tanto , no se considera la principal de esta montaña).

Foto: www.redaragon.com 
Durante la aproximación al K-2, frente a las Torres del Trango 

En 1999 consigue la doble ascensión al Gasherbrum I (8.048 m) y Gasherbrum II (8-035 m), enlazando las dos escaladas, todo ello en menos de un mes.

Para el año 2000, Garcés había preparado una particular celebración del fin del milenio: enlazar la ascensión al Manaslu y al Annapurna, dos montañas muy técnicas, junto con los hermanos Iñurrategui. Eso hubiera sido la primera fase de una carrera ochomilística que debía continuar, en la misma temporada, con el Broad Peak y el Nanga Parbat.

El proyecto acabó con la cumbre del primero de ellos, pero Garcés pagó un precio muy alto. Tras ascender los últimos 700 metros de desnivel en solitario y en condiciones extremas, emprendió el descenso con graves congelaciones en seis dedos de los pies por lo que tuvo que ser evacuado de inmediato. Este tipo de lesiones son aún más graves cuando se producen en miembros que ya han sufrido los efectos del frío, como es el caso de Garcés. Sin embargo, los problemas acumulados de congelaciones en pies y manos tampoco le hicieron de hecho siquiera plantearse renunciar a la próxima expedición. El Annapurna, el Broad y el Nanga tendrían que esperar a otra ocasión pero, antes de haberse recuperado, Pepe ya estaba planeando su siguiente expedición, nada menos que el retorno a la montaña protagonista de sus mayores sueños y sus más terribles pesadillas.

Foto: www.redaragon.com 
El alpinista zaragozano, en la cima del K-2 

Finalmente, la Cumbre del K-2 en el 2001 fue una reconciliación con la montaña donde había vivido los momentos más duros de su vida como alpinista. Y todo un triunfo, aunque al salir de España todavía esperaba tener tiempo para, una vez que consiguiera llegar a los 8.611 metros del Chogori (nombre local del K-2), enlazar con la escalada al Broad Peak. Si no lo intentó, fue por falta de tiempo de permiso (el K-2 se ha mostrado especialmente duro de pelar este verano), no de fuerzas.

El resto de la historia puede seguirse en medios dedicados al alpinismo y la escalada y, el desenlace, por desgracia, en todos los medios de comunicación.


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