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ACTUALIDAD | PERFILES | 25 de Octubre de 2001

Royal Robbins: El hijo del Capitán

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Su nombre está grabado en el granito de Yosemite, en forma de las vías que abrió. Fue el primero que ascendió en solo al Capitán, en la primera repetición de la vía de John Muir. Cuando ya era una referencia en el mundo del Big Wall, decidió probar nuevos riesgos a bordo de un kayak, y al frente de una empresa.

Foto: Colección Royal Robbins 
Royal Robbins 

Desde el principio, estaba claro que la ciudad de Los Ángeles, donde se crió (había nacido en 1935 en Virginia Oeste), no era su terreno. Lo descubrió en una acampada con los boy scouts a la Alta Sierra. A los 16 dejó el instituto y se fue a trabajar a una estación de esquí. Sin embargo, su pensamiento y, en definitiva, su futuro, no estaba en la nieve, si no en el granito caliente de Yosemite, en las paredes interminables (se pierde la perspectiva cuando se miran desde abajo) de El Capitán y del Half Dome.

Aunque sus primeros destinos de escalada fueron el Valle de San Fernando y Tahquitz (donde abrió "Open Book", de 5.9, considerada por entonces la vía en libre más dura del país), pronto se dirigió al Half Dome. Junto con Jerry Gallwas y Mike Sherrick, abrió en cinco días su cara Noroeste, el primer sexto grado de los EE.UU. La escalada se había convertido, según el mismo dijo "en su padre, en una razón para vivir y en aquello que le enseñaba todos los principios en los que basar cada aspecto de su vida".

Entre 1960 y 1964, trabajaba en invierno como monitor de esquí en Sugar Bowl (California) y dedicaba el resto del año al aire libre; sobre todo a la escalada. Por entonces hizo la segunda ascensión a la Nose del Capitán, con un dato importante: mientras el aperturista, Warren Harding, había tardado 45 jornadas repartidas a lo largo de un año y medio de trabajo en completar la vía, Royal Robbins tardó sólo siete días (en pared) en llegar a la cima. En el mismo Capitán abrió dos nuevas vías míticas: la "Sálathe" y el "North American Wall" (incluso hoy día considerada como una de las líneas más duras de esta gran pared).

Foto: Colección Royal Robbins 
Robbins, en la actualidad 

Yosemite ya era territorio conocido, así que Robbins se marchó buscando paredes parecidas en otros lugares del mundo. Las encontró en las Inescalables del Yukón, en Canadá.

Después se casó. Lo curioso del caso es que a partir de entonces Liz, su mujer, compartió su modo de vida, muchas de sus escaladas y su trayectoria. Ambos se trasladaron a Suiza, donde Robbins se dedicó a abrir nuevas rutas de dificultad en los Alpes, de las cuales la más conocida es la Directa Americana a los Dru, todo un reto. Robbins dice de esa vía que a él le pareció evidente en cuanto la vio, aunque los europeos no opinasen lo mismo. Luego añade que, a los europeos, tanto él como su compañero de cordada, Gary Hemmins (un alma torturada pero, con todo, un escalador genial y único) les parecían marcianos.

En 1967 el matrimonio Robbins regresó a EE.UU y fundó una escuela de escalada en Modesto. La escuela se llamó Rockcraft y en seguida alcanzó renombre, que aumentó todavía más por los manuales que el mismo Royal Robbins escribiría: "Basic Rockcraft" y "Advanced Rockcraft". Corrían los setenta y Robbins se apuntó a la tendencia del Clean Climbing, la escalada en libre usando solamente protecciones extraíbles para que, una vez ascendida, no queden marcas del paso del escalador por la pared.

Foto: Colección Royal Robbins 
El matrimonio Robbins, Royal y Liz 

Pero, entretanto, Royal Robbins emprendió y triunfó en lo que sería su escalada más comprometía: la primera ascensión en solo al Capitán, en la que fue además una primera repetición de la ruta abierta por John Muir.

El éxito parece perseguir a Robbins, que en 1979 fundó junto con su esposa una empresa de ropa de montaña, llamada en principio "Mountain Paraphernalia" y luego rebautizada con su propio nombre. Los Robbins llevan la empresa cuidando muchos aspectos como el reciclaje, las obras sociales y los proyectos educativos, pero su ejemplo demuestra que el compromiso social en una empresa no es sinónimo de bancarrota. De hecho, financieramente hablando les va estupendamente; sus beneficios aumentan cada año.

Por si esto fuera poco, al señor Robbins, padre de familia y próspero empresario de 50 años, que había dejado de escalar debido a ciertos problemas de artritis, se le ocurrió aprender a palear en un kayak. Cualquier idea de tranquilos descensos en familia quedó desechada en el momento que probó las aguas bravas. En los años siguientes viajó por todo el mundo acumulando descensos extremos, algunos de ellos realizados por primera vez. Precisamente su habilidad como escalador le permitía ascender (con kayak incluido) hasta los lugares donde nacen los ríos de montaña, a veces de muy difícil acceso. El prestigioso Paddler"s Magazine le nombró en el año 2000 uno de los Palistas del Siglo.


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