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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 15 de Noviembre de 2001

Viaje al fondo de los continentes (II)

Por   | 

El Valle de la Muerte, el lago Eyre y la Laguna del Carbón fueron los tres primeros y profundos puntos que Josu y Ander, acompañados de otros siete compañeros de viaje, visitaron como primeras escalas de su expedición a las mayores depresiones de la Tierra.

AMÉRICA DEL NORTE:
VALLE DE LA MUERTE (- 86 METROS), ESCAPARATE DE DESIERTOS

"En septiembre del 2000 salimos hacia California, para visitar el Valle de la Muerte, nuestro primer objetivo. Esta depresión se encajona entre dos cordilleras muy altas, que la aíslan del mundo y la convierten en el lugar más bajo, más caliente y más seco de Norteamérica.

Durante los días que pasamos allí, el termómetro fue terco y puntual: a la una del mediodía, alcanzaba los 43 grados a la sombra -apenas hay sombras donde cobijar un termómetro- y los 55 al sol. Los coyotes, las serpientes, los lagartos y los burros salvajes nos enseñaron que las horas centrales del día se consagran a la siesta. Abandonábamos nuestro campamento de madrugada o al atardecer, cuando el infierno se templa y se puede caminar por esta región, apasionante para los geólogos, biólogos y meteorólogos. Se trata de un valle estrecho pero muy largo, un pasillo de doscientos kilómetros en los que se despliega un escaparate de desiertos: salares, dunas de arena, volcanes extintos, cañones...

 
De -86 metros a 4.420 metros de altura en un día y medio... 

Ampliacion

El Valle de la Muerte también atrae a los historiadores, que desempolvan los restos de la fiebre del oro californiana y de las ciudades champiñón, que brotaron en medio del desierto, congregaron a miles de personas y desaparecieron en pocos meses, en cuanto los rumores apuntaban filones en otras zonas.

Del bochorno de la depresión pasamos a las nieves del monte Whitney en tan sólo día y medio. El monte Whitney (4.420 metros) es el pico más alto de Estados Unidos, si exceptuamos los de Alaska, y en pocas horas subimos 4.506 metros (una chica del grupo pisó la cumbre) y el termómetro bajó 65 grados, de 55 a -10.

Esta primera etapa de Pangea nos llevó por todo el oeste americano. Alquilamos una furgoneta y durante un mes recorrimos seis mil kilómetros por California, Nevada, Oregon, Idaho, Utah y Arizona. Así conocimos maravillas como el parque de Yosemite, el Gran Cañón del Colorado; ciudades como San Francisco o Las Vegas; historias de los mejicanos que nunca abandonaron California o de los emigrantes vascos que aún hablan en euskera por las calles de Boise o Reno..."

AUSTRALIA:
LAGO EYRE (-15 METROS) , UNA COSTRA DE SAL DEL TAMAÑO DE NAVARRA

Noviembre, 2000: "Llegamos a Sydney y compramos una furgoneta. Doce mil kilómetros después, tras dar una vuelta a medio continente, vendimos el vehículo al mismo hombre a quien se la habíamos comprado mes y medio antes.

En el mapa, marcamos una gran mancha blanca en el centro del desierto australiano: el lago Eyre, que permanece durante años totalmente seco, convertido en una costra de sal del tamaño de Navarra. Tuvimos la suerte de cara: el año pasado resultó muy lluvioso y, cuando llegamos al lago Eyre, el agua cubría el 30% de su superficie. El punto más bajo de Australia (-15 metros) se mide en el lecho seco del lago, pero el agua cubría esa zona. De todos modos, encontrarse el Eyre con agua resulta un espectáculo poco habitual -el lago sólo se ha llenado cuatro veces desde que lo descubrieron los europeos, hace siglo y medio-. Gracias al agua, el desierto florece y al lago acuden aves, serpientes, reptiles y hasta peces, que llegan arrastrados por los arroyos y que morirán sobre la sal cuando las aguas se evaporen.

Para llegar al lago Eyre, perdido en el desierto y fuera de todas las rutas, recorrimos en bicicleta los últimos ochenta kilómetros por una pista de tierra y arena, con el termómetro cerca de los 53 grados. El interior del continente nos mostró entonces la cara más terrible de Australia, pero el viaje ofreció muchos contrastes: además del desierto rojo, conocimos la costa húmeda, las playas tropicales de Queensland, la Gran Barrera de Coral que se extiende por dos mil kilómetros... y los tópicos sobre Australia se nos congelaron definitivamente en las nieves del monte Kosciuszko (2.228 metros), la cumbre del continente.

...y por el camino encontramos otra vez vidas muy interesantes: los emigrantes que hace cuarenta años se embarcaron hacia Australia para cortar caña de azúcar -como las familias Mendiolea o Jayo-; las historias dramáticas de los aborígenes desarraigados, que perdieron su mundo tradicional y no pueden incorporarse al moderno; los mineros, pastores y camioneros de todo el planeta que colorean Australia con 150 culturas distintas...

AMÉRICA DEL SUR:
LAGUNA DEL CARBÓN (-105 METROS), UN LUGAR QUE NO APARECE EN LOS MAPAS

Diciembre, 2000:
"En América del Sur cumplimos el sueño de cualquier viajero: pisamos un lugar que no aparece en los mapas. Los atlas más prestigiosos indican que el punto más bajo del continente se halla en las Salinas Grandes de la península Valdés (Argentina, -40 metros). Pero teníamos indicios de que en el sur de la Patagonia podía existir una depresión mayor... y tiramos del hilo.

Comenzamos esta etapa en el norte de Argentina, bajo el estruendo de las 275 cataratas de Iguazú. A partir de aquí, el autobús Nairobitarra, más viejo que algunos de nosotros, tuvo arrestos para recorrer siete mil kilómetros durante dos meses por Argentina y asomar el morro por Brasil y Chile. Después de convivir con los guaraníes en la selva, pasear por Buenos Aires y cruzar la Pampa húmeda, entramos por fin en la Patagonia, esa enorme región misteriosa que también guardaba sorpresas para nosotros.

Nuestra primera cita nos esperaba en la península Valdés. Además de medir la depresión de Salinas Grandes y conocer a los nietos de los colonos catalanes, leoneses y vascos que poblaron la península, dedicamos unos días a recorrer el santuario marino de Valdés. Cuando se cumplían cien años de la última ballena que se cazó en la costa cantábrica, disfrutamos de un encuentro emocionante con una ballena austral y su cría, que mamaba a su costado doscientos litros diarios de leche materna. También nos topamos con leones y elefantes marinos, pingüinos...y con un inesperado festín de langostinos en el puerto de Rawson.

La Patagonia es el desierto en castellano. El idioma común nos permitió acercarnos a esquiladores de ovejas, ingenieros del gas, gauchos, autoestopistas errantes y otros patagones. En Puerto de San Julián, donde Magallanes y Elcano se refugiaron durante el primer invierno de su vuelta al mundo, preparamos la excursión más especial del viaje: nos calzamos las botas para caminar cuesta abajo hacia el Gran Bajo de San Julián. Supimos que las tierras del Gran Bajo pertenecen a Margarita Egiluz Mendieta, una mujer argentina hija de vascos que nos abrió la verja de sus terrenos y el camino hacia la Laguna del Carbón. Como sospechábamos, ese charco de agua, situado 105 metros por debajo del nivel del mar, resultó ser el punto más bajo de toda América. Margarita sabe que sus tierras poseen ese título, pero se lamenta de que nadie le haga caso...

Satisfechos ya, seguimos camino hacia otro mito geográfico: Ushuaia, la ciudad más meridional del mundo, en Tierra del Fuego. De vuelta hacia el norte, el autobús saltó por las faldas de los Andes -las Torres del Paine, el Fitz Roy, el glaciar Perito Moreno...-, y nos encontramos de nuevo con Margarita, quien nos regaló dos botes de mermelada casera y nos pidió un favor: "Cuando vuelvan a casa, cuenten la verdad..."


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