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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 13 de Diciembre de 2001

La seguridad en montaña, de cara al invierno

Por Angela Benavides  | 
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Recientemente tuvo lugar en Benasque un Seminario sobre Seguridad en Montaña impartido por especialistas. Aprovechando lo dicho allí, nunca está de más recordar aspectos básicos de seguridad, especialmente de cara al invierno.

 
La escalada en corredores requiere cierto nivel técnico. 

Como bien se dijo en este seminario, el concepto de riesgo es relativo y, aunque en todos los deportes siempre hay un porcentaje de riesgo, hay dos factores que diferencian a los deportes de montaña del resto: por un lado, el ambiente donde se desarrollan, que hace aumentar la probabilidad de sufrir un accidente; por otro lado, las consecuencias en caso de sufrir un percance, que son mucho más graves que en otras actividades deportivas.

Durante las jornadas de Benasque, se habló largo y tendido sobre equipamientos en paredes de escalada, rescate y conducción en barrancos, seguridad en vías ferrata, auxilio mediante helicóptero, etc... Era un curso destinado a profesionales de la montaña y conocedores del medio. Sin embargo, cualquier aficionado a no quedarse en casa cuando llegan las nieves y el hielo (algunos es, precisamente, lo que están deseando) necesita saber ciertas cosas sobre el ambiente en que se mueve.

ARMAS DE DOBLE FILO:

Como también se deriva de lo dicho en el curso, contra el porcentaje de riesgo de sufrir un accidente en este tipo de actividades, solo tenemos como armas la experiencia y el conocimiento del medio. Sin embargo, la progresión de un montañero impide que el factor de peligro llegue a anularse ya que, a medida que aumenta la experiencia, el deportista busca nuevos retos, rutas más técnicas y en condiciones más duras. Por ello, aunque su experiencia sea un elemento a su favor, el ambiente progresivamente más hostil juega en su contra.

Otra arma de doble filo, especialmente para los grupos de rescate, es el creciente uso del teléfono móvil. Por un lado, puede facilitar mucho las cosas, tanto a la victima, que puede pedir auxilio, como a los rescatadores, que sabrán de primera mano sobre su paradero y su estado. Sin embargo, el teléfono móvil proporciona a menudo una falsa sensación de confianza. Se han dado casos de que, más o menos conscientemente, muchas personas se lanzan a actividades por encima de sus posibilidades o con condiciones ambientales inciertas, confiando en que, llevando el teléfono, si hay problemas, se llama a urgencias y todo solucionado. Las cosas, sin embargo, pueden torcerse si falla la cobertura y, por otro lado, los encargados del rescate afirman que frecuentemente se pide socorro cuando en realidad el supuesto herido no está tan grave, y los profesionales acuden, perdiendo un tiempo que puede ser precioso si, en esas horas, se produce un accidente más grave en otro lugar.

También es relativamente frecuente confiar demasiado en las bondades del material que utilizamos: por muy técnicos que sean unos piolets de tracción, no hay ninguno diseñado para subir solito las cascadas de hielo; los mejores tornillos no aguantarán una caída si están mal colocados, ninguna chaqueta es infalible contra las bajísimas temperaturas de un vivac de fortuna, según en qué zonas y, ya que hablamos del invierno, por muy bien que esquiemos, no somos nada frente a una avalancha.

 
En travesías alpinas con esquís es indispensable el arva. 

HISTORIAS DE INVIERNO:

Aunque hay situaciones, digamos, peligrosas, que se dan en la montaña en cualquier época del año, el invierno tiene unas características especiales que se producen más a menudo en esta época, como aludes, perdidas por niebla y ventisca, hipotermias debido a las bajas temperaturas, accidentes de esquí, de escalda en hielo, etc...

Sin alargarnos demasiado ni entrar en aspectos técnicos (que tratamos, dentro de esta revista, en la sección de ‘Técnica y Práctica’), pasaremos a comentar alguna de las normas básicas de actuación que, no por conocidas se cumplen habitualmente más a rajatabla.

NIVOLOGÍA Y ALUDES:

La nieve, sobre todo cuando salimos de la seguridad ‘domada’ de las pistas, es un mundo cambiante y con u propio lenguaje. Aprender a apreciar cada estado de la nieve y a interpretar los signos, es una tarea que puede llevar toda una vida. Sin embargo, es tan sencillo como necesario consultar el parte de riesgo de avalanchas cada vez que vamos a salir al monte. Tampoco está mal mirar el termómetro: los aumentos súbitos de temperatura deben levantar nuestras sospechas (sobre todo en primavera, cuando se producen los grandes aludes de fusión), tanto como las grandes nevadas que quedan acumuladas en pendientes (aludes de nieve polvo). No solo hay peligro de aludes en pendientes muy pronunciadas (en corredores muy pinos la nieve no suele acumularse tanto, aunque estas formaciones tienen sus propios peligros). Además, una buena medida es la de ir mirando a nuestro alrededor: los cambios de vegetación en las laderas nos señalan dónde suelen caer los aludes año tras año; en una ladera nevada, las placas de viento son más opacas que el resto de la nieve (ojo a cortarlas con los esquís de travesía; los aludes de placa son el enemigo número uno de los esquiadores de montaña). Por último, y no menos importante:

 
Avalancha en el Hidden Peak. 

Hay que llevar el ARVA, y saber usarlo. Es un aparato caro y a menudo se asocia a grandes travesías alpinas, pero nuestros Pirineos, Sierra Nevada e incluso Gredos y la Ibérica acumulan nieve más que suficiente para acabar con la vida de varias personas cada año (sirvan como ejemplo los tristes casos en Girona o en el Pico de la Mira). Esto lleva intrínseco el salir en grupo. El ARVA debe ir correctamente fijado al cuerpo bajo la ropa de abrigo, y conectado en emisión. Cuando se atraviese una ladera que levante nuestras sospechas, cruzar de uno en uno, con las cinchas de la mochila sueltas e, incluso, las correas de los esquís desatadas. Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones la montaña no avisa y, si lo hace, no prestamos atención. En caso de que un esquiador o montañero sea sorprendido por un alud, el tiempo es la vida y, si lleva un ARVA, puede ser crucial. Por supuesto, habrá que avisar a los cuerpos de rescate, tener mucho cuidado en la zona por si se producen nuevos aludes, y organizarse para buscar a la víctima enterrada. Está claro que la manera de aprender a rastrear una zona con ARVA no es sobre la marcha. Por la cuenta que trae, más vale aprender y practicar antes.

En cuanto a la víctima, lo único que se atreven a recomendar los especialistas, si en el momento en que el alud le alcanza es capaz de pensar, es hacer movimientos ‘de natación’ hacia la supuesta superficie ( o hacia donde sea) y, cuando empiece a detenerse, moverse y patalear en todas las direcciones para tratar de crear una cámara de aire que evite la asfixia, causa del 80 %2525 de las muertes en avalanchas. No sirve para nada gritar, más que para agotar el oxígeno (a no ser que oigamos voces, y entonces responder con sonidos graves). A partir de ese momento, es cuestión de tiempo... y suerte.

ORIENTACIÓN Y TEMPERATURAS:

Es obvio decir que en invierno hace frío ¿O no? Contemplar la cantidad de ropa que vamos a llevar sólo en función de la actividad, puede traer problemas, sobre todo si pecamos de optimistas en cuanto a las condiciones que vamos a encontrar, al tiempo que nos llevará realizar la actividad y a los imprevistos que puedan sobrevenir (pérdida, accidente propio o de otro montañero, ruta cortada por diversos obstáculos, etc...). Un día de sol reverberando sobre la nieve puede provocar quemaduras, problemas en la vista (conviene elegir las gafas por su capacidad de protección UVA antes que por su diseño ‘super-fashion’) e insolación con facilidad. Y el frío provoca una gran pérdida de líquidos que puede llevar a la deshidratación antes de que el sujeto se percate de ello. Repetimos la máxima: sobre todo en invierno, hay que beber antes de tener sed. La hidratación es fundamental, porque puede favorecer otros problemas, como malestar, agotamiento e hipotermia.


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