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ACTUALIDAD | PERFILES | 17 de Diciembre de 2001

Ardito Desio, mas de cien años sobre mares y montañas

Por Angela Benavides  | 

Dicen que los aficionados al alpinismo no suelen llegar a viejos. Ardito Desio, geólogo, explorador, montañero y líder de la expedición italiana que conquistó la cumbre del K2, murió ayer en Roma, a la edad de 104 años.

Foto: www.arditodesio.it 
Desio compaginó el ejército con la universidad. 

¿Debería ser Ardito Desio una excepción a la regla? Cuestiones de edad aparte, lo cierto es que era un hombre excepcional, un testigo de la evolución del Himalayismo moderno desde sus primeros años hasta la actualidad y un aventurero que se lanzó a grandes viajes cuando aquella extraña afición estaba sólo al alcance de los muy osados. También fue protagonista de un momento especialmente intenso de la historia de los ochomiles. Fue el jefe de la expedición que culminó con la conquista del K-2, cuando Lino Ladecelli y Achille Compagnoni pisaron la cumbre de la segunda montaña más alta de la tierra. Sin embargo, antes de esta polémica ascensión (al menos, en opinión de otro miembro de la expedición, Walter Bonatti), Ardito Desio había viajado mucho y visto muchas cosas. Después de todo, el suyo es uno de esos raros casos en que una persona llega a vivir lo suficiente para ver tres siglos.

El italiano, fiel a su carácter mediterráneo, vivió siempre disfrutando tanto de la montaña, como de los desiertos y del mar. Sus viajes, vistos sobre el mapa, forman una espiral que comienza cerca de su hogar, y luego se va extendiendo por Africa, el Himalaya y Karakorum y, finalmente, la Antártida. Curiosamente, visto así, parece que siempre le atrajo más el Sur. Desio llevó una vida fascinante, pero también salpicada de grandes obstáculos y sufrimientos. Sin embargo, se consideró siempre un hombre feliz, un optimista inquebrantable, lo cual ha demostrado ser un gran método para llegar a muy, muy viejo. Realmente el optimismo fuera tal vez la única forma de sobrellevar un carácter apasionado y contradictorio, ya que su espíritu aventurero chocaba por su firme convencimiento en las bondades de la disciplina y la estructura militar. Llevado por esa pasión castrense se alistó en el ejercito durante la primera Guerra Mundial y, llevado por su espíritu rebelde, lo hizo sin pedir permiso a su familia. El retorno a la vida civil le duró poco, y volvió a alistarse, en el cuerpo de Alpinistas y, con ellos participó en varias operaciones en torno al año 17. La guerra terminó y, un año más tarde, Desio se licenciaba y entraba a trabajar en el Instituto geológico Italiano.

Foto: www.arditodesio.it 
Las expediciones al Karakorum fueron tanto deportivas como científicas. 

Su primer viaje le lleva a recorrer las islas del Egeo. Al poco tiempo la Sociedad geográfica Italiana le encarga explorar un área desértica de Libia, recién ‘conquistado’ por las tropas italianas en el inquieto periodo de entreguerras.

En 1918, Ardito se embarca en un viaje que le marcará: la expedición al K2 patrocinada por la ciudad de Milán, y comandada por Luis Amadeo de Saboya, Duque de los Abusos. Sin embargo, la polémica levantada por la trágica expedición de Humberto Nobile al Polo Norte aún estaba reciente,y los expedicionarios al Karakorum querían evitar problemas a toda costa. Por eso, se minimizaron los reriesgos y la opción a cumbre quedo fuera de su alcance. Pero no del alcance de los sueños de Desio.

Aunque los sueños debieron esperar. Antes, Ardito viaja al repmoto oasis de Cufra, en el Sáhara Libio, en misión científica. Cuando regresa, su presitigio aumenta: es nombrado catedrático. Y tampoco le va mal enel plano personal, puesto que se casa con Aurelia Bevilacqua en 1932.

Foto: www.arditodesio.it 
Cruzando una grieta en la expedición al K2 de 1.929 

El catedrático y explorador parece la persona perfecta para na nueva misión científica: la exploración del Tibesti. Aquello le convirtió en referente obligado, y sus viajes al Sáhara se convirtieron en algo regular, y en una buena preparaciónpara su gran expedicón africana: la que le llevó a etiopía, en busca de las fuentes del Nilo. El objeto de la expedición fue estudiar el cauce del Nilo Blanco y el Nilo azul, en busca de sus características geológicas y, sobre todo, de la posible presencia de metales preciosos (oro y platino).

Después vino la guerra, que paralizó todo rastro de aventura y viajes científicos. Pero los siueños persisten, y Desio logró cumplir el suyo en 1954, 25 años después de quedarse a las puertas. Tras una expedición preliminar realizada el año anterior con Ricardo Cassin, Ardito planea el asalto al k-2. por un lado, la expedición persigue fines científicos (completar la investigación iniciada en 1929) pero también alpinísticos: que esta vez, o se les escape la cumbre de la segunda montaña más alta del mundo, sobre todo entonces, cuando Hillary acababa de hollar la cima del Everest. Para ello, agrupa un equipo de seis científicios y once alpinistas, a los que se unen algunos pakistanís, por cuenta de su propio gobierno.

La enorme partida tarda un mes en completar el trayecto desde Skardú al CB del K-2, y otro más en llegar a montar el Campo I, todo ello bajo la férrea disciplina impuesta por desio. A pesar de la muerte de uno de los miembros de la expedición, el grupo sigue trabajando instalando cuerdas fijas a lo largo de toda la pared, y Campamentos de Altura. Finalmente el 31 de julio, tras un ingente trabajo llevado a cabo por todo el equipo. Compagnioni y Lacedelli salen del Campo IV y alcanzan la cumbre.

Foto: www.arditodesio.it 
Teodolito. Era fundamental medir la altura exacta del K2. 

El k-2 estaba hecho, pero Ardito no bajó su ritmo de viajes. Su afán por promover la geología y su ya asentado prestigio le llevó por todo el planeta, incluyendo lugares tan dispares como Afganistán, Birmania y el Tíbet. Cuando en 1987 ciertas fuentes científicas aseguraron que era el K-2 y no el Everest la montaña más alta del mundo, Ardito se lanzó a un trabajo de medición, usando los innovadores GPS, para ofrecer finalmente unos resultados que, si bien otorgaban a ambas cumbres algunos metros más de los habitualmente considerados ‘oficiales’, confirmaba el orden de alturas. Para continuar investigando, promovió la construcción de un laboratorio al pie de la Sur del Everest, a más de 5.000 metros de altitud.

El resto de su vida ha sido la de un científico laureado y reconocido, la de una leyenda viva... Viva, por cierto, más allá de lo que nadie hubiese esperado. El Caballero de la Cruz de la Orden de la República Italiana, Medalla de Oro de la sociedad Geográfica, Miembro Honorario de decenas de prestigiosas sociedades, fue envejeciendo hasta apagarse. Eso sí, han hecho falta 104 años para consumir toda esa energía.


Fotos: www.arditodesio.it


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