Política de Cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia de navegación y servicio. Si continúas navegando, entendemos que aceptas nuestra Política de Cookies
Portes Gratis
a partir de 60 €
ACTUALIDAD | PERFILES | 03 de Enero de 2002

Eric Shipton: el hombre que pudo reinar

Por Angela Benavides  | 
- Página 1 de 2 -

La vida de Eric Shipton es toda una novela: descubridor de cordilleras, intruso en montañas prohibidas y rastreador del yeti, su apuesta por el estilo ligero le convirtió en predecesor del alpinismo moderno, pero le apartó del sueño de alcanzar el techo del mundo.

 
Eric Shipton 

Eric Shipton iba a ser, en principio, el líder de la enorme expedición que terminó poniendo en el Techo del Mundo al Serpa Tenzing Norgay y al Neozelandés Edmund Hillary. Sin embargo, motivaciones políticas y, por cierto, muy malas maneras, le apartaron del liderato e, incluso, de formar parte del equipo. Eric era demasiado partidario de expediciones más ligeras y ligadas al sentido de aventura pero, por la misma razón, menos seguras en cuanto a sus probabilidades de éxito. Shipton pudo haber subido al Everest de forma más pura, más hermosa, pero hubiera asumido una alta probabilidad de no llegar a la cumbre. El mismo comentó que tal vez no era el hombre adecuado para dirigir aquel inmenso movimiento de porteadores, material y alpinistas. Pero el mismo Hillary siempre estuvo convencido de que juntos podrían haber tenido el mismo éxito. Sin embargo, corrían los años cincuenta, la carrera del Everest estaba en un punto álgido, y el éxito de la cumbre iba mucho más allá del mérito deportivo. Se trataba de una cuestión de prestigio nacional, política de Estado, y en política, los medios se sacrifican con facilidad a los fines. La victima fue Shipton, que se quedó así sin poder ver el mundo desde su punto más alto aunque fue el alpinista con más conocimiento del terreno, ras cinco intentos en tan sólo unos meses. Fue sustituido sin contemplaciones, a última hora, por John Hunt. Sin embargo, llevaba a su espalda muchas cumbres y había visto el aspecto real de muchos espacios en blanco.

En realidad, ese fue el motivo de su existencia como explorador y alpinista, descubrir los colores y las formas que se ocultan tras el blanco de los rincones de los mapas, de los valles prohibidos, de la política colonial y de las faldas de sus numerosas amantes. Su vida supera la ficción, lo enigmático del personaje viene a menudo causado porque, sencillamente, el cúmulo de experiencias y aventuras hace difícil creer que giren alrededor de una sola persona.

Shipton podría haber dicho que el tuvo un granja en Africa. Allí comenzó su trayectoria como viajero y como escalador. Nacido en 1907, a los 22 años ya había coronado la punta Nelion, una de las Cumbres del Monte Kenia. También durante su etapa en Africa oriental y central conoció al que sería su más allegado amigo y su inseparable companero de cordada : Bill Tylman.

Dos años mas tarde había sido nombrado cónsul en las colonias de la India y había ascendido, junto con otros cinco exploradores, la mayor altura conseguida hasta el momento: la del Monte Kamet, de 7.756 metros. Los expedicionarios quedaron impresionados tanto por el pico ocmo por el valle que le da acceso, una especie de cuento de hadas más allá de la aldea de Bhiundhar, que ellos rebautizaron como el Valle de las Flores.

 
Cruzando una grieta en la cascada del Khumbu 

Shipton era, al parecer, un tipo simpático que despertaba cordialidad entre los varones y rendida admiración entre las damas. No es difícil imaginar que su entrada en una de as aburridas ‘garden parties’ de los ingleses de la colonia de la India causara sensación, como lo hizo, según ella misma confiesa, en Beatrice Weir, que por entonces tenía diecisiete añitos: “ De pronto apareció ese hombre extraordinario, de tez morena, más bien pequeño pero con fuertes piernas...Tenía unos ojos azules radiantes, de los que todo el mundo hablaba. Simplemente se sentó, mirando a su alrededor. Era algo indefinible. Me derretí como un cubito de hielo”. Como explorador y viajero, tenía además a su favor el deseo que despierta lo inalcanzable, lo misterioso, como un reflejo de los lugares desconocidos y las altas cumbres que tanto amaba.

Es necesario integrar a Shipton en su época y sus circunstancias, en la manera en que por entonces se llevaban a cabo las expediciones a lugares lejanos. Solo así puede apreciarse bien lo extraordinario de sus filosofía con respecto al montañismo: Eric despreciaba las enormes expediciones, le asqueaba la visión de interminables filas de porteadores invadiendo valles vírgenes, el ruido de los campamentos por la mañana al recoger, la aglomeración de tiendas de campaña al pie de las montañas. Por el contrario, él y Tillman afirmaban que “podían planificar una expedición al Himalaya en media hora, apuntando todo lo necesario en la parte de atrás de un sobre”. Ese estilo ligero y de bajo impacto es natural hoy en día, pero en los tiempos en las que las montañas debían ser conquistadas, que no ascendidas, y las banderas en la cumbre eran más importantes que la ruta o el modo de escalarlas, aquellas idea resultaban inusitadas, cuando no directamente excéntricas.


Página 1 de 2  -   1 |  2 | Siguiente »
Síguenos

Buscar en el archivo

Texto a buscar

Por fecha

  

Por categorías









Artículos más recientes

Suscríbete al Boletín
Suscríbete al Boletín Barrabes y sé el primero en enterarte de nuestras novedades.
Síguenos
Mantente al día de la actualidad de Barrabes desde las redes sociales.
Tiendas Barrabes
Visita nuestras tiendas y disfruta de unos espacios únicos.
¿Necesitas ayuda?
Envíanos tu consulta
ESCRÍBENOS
o llama al
902 14 8000
o con tu tarifa plana al 974 215 497
(Horario: Lunes a Viernes de 9h a 19h.)
España  |  France  |  Deutschland  |  United Kingdom  |  Sverige  |  International