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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 14 de Enero de 2002

Viaje a las montañas de la "Tierra Media"

Por Angela Benavides  | 
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Nueva Zelanda y su naturaleza extrema, gracias a la imaginación de Peter Jackson y el oficio de 2.000 especialistas, para muchos ya no será más ‘la tierra de la larga nube blanca’ , si no la ‘Tierra Media’, el mundo de leyenda ideado por Tolkien.

 
Los bosques y lagos de Nueva Zelanda parecen hechos a propósito para ambientar cualquier fantasía 

En algún lugar de la Isla Norte se alza el Monte del destino, aunque en sus alrededores no desfilen ejércitos de orcos, sino centenares de esquiadores; a un día de viaje, las ondulantes colinas de Matamata se convirtieron un día, a finales de los noventa, en el hogar de los hobbits. Si algún lugar del mundo pudo ser una vez la Tierra Media, muy probablemente se pareciera a Nueva Zelanda.

Nuestras antípodas siempre se han revelado para muchos amantes de la naturaleza y los espacio de naturaleza extrema, en ‘ese lugar al que tengo que ir algún día’. Para quienes saben que esa es la nación donde nacieron los ‘deportes extremos’ como alternativa de ocio masivo, y les resulta familiar el nombre del Monte Cook, la idea del director Peter Jackson de escoger Nueva Zelanda para hacer realidad el terreno de leyenda en el que transcurre su ambicioso proyecto cinematográfico, el de llevar a la pantalla la trilogía de Tolkien ‘El Señor de los Anillos’, les resulte casi lógica.

 
La afilada arista de nieve de la cumbre del Monte Cook 

En cambio, para quienes nueva Zelanda era simplemente ‘la otra punta del mundo’, y la nación por la que los ‘All Blacks’ juegan al rugby, a partir del estreno de la primera parte de dicha trilogía, la doble isla será el lugar con los campos cultivados de Hobbiton, los pasos vertiginosos de Karastrass, las umbrías del bosque de Lothorien, o las afiladas crestas de las montañas de Mordor.

La realidad, en ocasiones, puede superar a la ficción, pero si la ficción es ‘El Señor de los Anillos’ hará falta una realidad muy especial para mostrarse superior. El trabajo de preparación de la película, que recrea ambientes de fantasía cuidando hasta el más mínimo detalle, contó con tecnología punta en cuanto a infografía para crear montañas y casas donde no había nada, y la labor sin descanso de 2.000 técnicos que crearon figuras, prótesis (hay que imaginarse miles de pares de orejas puntiagudas), decorados, vestuarios y maquetas de todos los tamaños.

Foto: Cortesía Aurum 
Liv Tyler, una de las protagonistas del film 

Todo esto, aunque parezca difícil de imaginar, hubiera sido mucho más complicado si no se hubiera contado con unos exteriores que, por sí mismos, parecen producto de un sueño. Nueva Zelanda es tan increíblemente variada, que parece reunir en un mismo territorio pedazos de paraísos naturales de todo el mundo (desde fiordos profundos a selvas tropicales, pasando por montañas alpinas rodeadas de glaciares, playas paradisíacas o volcanes humeantes). Los mismos actores no han escatimado palabras de sorpresa y alabanza hacia el lugar de rodaje. Especialmente encantados se mostraron Sir Ian Mckellen (que hace el papel del Mago Gandalf el Gris), que destacó que en el supuesto Hobbiton casi todo era real, y Elijah Wood (el Hobbit protagonista, Frodo) que afirma que Nueva Zelanda debe de ser, realmente , la Tierra Media.

Por su parte, las autoridades ‘kiwis’ no quieren dejar pasar la ocasión de atraer turismo de forma masiva gracias a Tolkien y a Jackson. De hecho, cientos de personas visitan la playa donde se rodó ‘El Piano’, de Jane Campion, y eso que toda la película trascurría bajo una lluvia incesante, cielos nublados y caminos llenos de barro. Otros habituales de los Alpes del Sur son los directores procedentes de la India, que renuncian a sus propias montañas himaláyicas para situar en las laderas del Cook a sus héroes y heroínas de ficción.

 

El equipo de la película, que pasó cuatro años rodando en distintos puntos de las dos islas que forman el Estado neozelandés –y que, dicho sea de paso, se adaptó tanto a la vida en Queenstown, que algunos actores eran conocidos como los “surfing hobbits” por su querencia a la playa-, escogió casi 150 localizaciones distintas para tan magna obra. Sin embargo, algunas son más reconocibles o significativas que otras. Por ejemplo, será casi imposible imaginar a los colosos de Argonath a las afueras de Queenstown, aunque en las montañas cercanas se atraviesan los canchales graníticos que en la película describen como las colinas de Eregion. En Fjordland son frecuentes las profundas gargantas boscosas, por las que corren arroyos que forman cascadas, formando un entorno parecido al de la villa del caballero elfo Elron, en Rivendell.

En este sentido, uno de los grandes ausentes es el famoso Monte Cook, en la isla sur, donde se encuentran los llamados Southern Alps. No se le ha visto aparecer, por mucho que caminase el grupito que formó ‘la Comunidad del Anillo’. Sin embargo, si se rodo en el paraje de Methven (aunque parezca lo contrario, es el nombre real de la zona, y no un vocablo élfico), cerca de Christchurch y no muy lejos de los tres grandes picos de los alpes del hemisferio Sur: el Cook, el Tastam y el Aspiring.


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