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ACTUALIDAD | PERFILES | 21 de Marzo de 2002

Robert F. Scott: El honor, la derrota y el fin del mundo (II)

Por Angela Benavides  | 
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Robert F. Scott representa como pocos la triste historia, tan humana, de la lucha por el triunfo y de la dignidad en el fracaso: la gloria que Amudsen le negó en la carrera al Polo Sur, llegaría con su muerte. Cuando no se puede ser conquistador, sólo queda ser mártir.

 

Shackleton se fue, y el resto de la tripulaci√≥n del Discovery aguant√≥ su segundo invierno atrapado en el hielo, que fue m√°s largo y fr√≠o que el anterior, hasta que en agosto volvi√≥ a salir el sol. Entonces, se hicieron varios grupos: Royds y Wilson exploraron la costa de Cape Crozier buscando huevos de ping√ľino; incluso logr√≥ traer al barco dos polluelos vivos (y alguna que otra congelaci√≥n, tras registrar el term√≥metro ‚Äď64 grados Fahrenheit). Otro peque√Īo grupo, comandado por Barne, fue encargado de explorar un peque√Īo islote rocoso en el Estrecho de McMurdo, y el grueso de los expedicionarios, comandados por Scott, se dispuso a emprende una salida a gran escala, con cuatro trineos, remontando el glaciar Ferrar tan lejos como pudiesen. Las instrucciones, clavadas en el tabl√≥n de anuncios del barco, designaban la funci√≥n de cada uno y advert√≠an de que todo el mundo deb√≠a estar de vuelta en el Discovery antes del 15 de diciembre para, entre todos, conseguir liberar la nave del hielo, a ser posible antes de que volviese el Morning a por ellos. Pero, ¬ŅY la carrera hacia el Sur, atravesando la Gran Barrera? Scott consider√≥ que un nuevo intento ser√≠a in√ļtil y que, despu√©s de todo, el objetivo de la expedici√≥n era la investigaci√≥n cient√≠fica, no la carrera hacia el Polo. Por supuesto, Armitage no estaba de acuerdo, y solicit√≥ emprender √©l mismo la ruta al sur con algunos hombres. Scott se neg√≥, aduciendo que no conseguir√≠a m√°s que ponerse en peligro √©l y sus acompa√Īantes. El resentimiento de Armitage creci√≥ a√ļn m√°s, si esto era posible. El pensaba que el engre√≠do Scott no quer√≠a que un subordinado llegase m√°s lejos que √©l. Fueran cuales fueran las verdaderas razones, la tensi√≥n era tan fuerte que a Armitage se le orden√≥ permanecer todo el verano en el barco, rumiando su furia.

 
Los tres buques, el Terranova, el Discovery y el Morning 

La segunda gran expedici√≥n de Scott fue tan al l√≠mite como la anterior. Tras grandes luchas contra el glaciar (les cost√≥ destrozar los trineos, tener que regresar al barco para repararlos, y repetir el camino), consiguieron ganar una meseta plana, que parec√≠a no tener fin: Victoria Land. All√≠ se enfrentaron a las consabidas ventiscas, sastrugis y congelaciones. Durante dos semanas no pudieron ni moverse del saco. Cuando decidieron volver, el 1 de diciembre, no tardaron mucho en darse cuenta de que estaban perdidos en mitad de la nada. Su √ļnica opci√≥n era desviarse hasta dar con uno de los extremos de la meseta, para luego ir siguiendo el borde hasta orientarse. Bordeando la meseta, en condiciones terribles, uno de los expedicionarios resbal√≥ y cayo por una pendiente inclinada, arrastrando al resto. Aquello pod√≠a haber significado la muerte de todos pero, parad√≥jicamente, fue su salvaci√≥n. No solo nadie se rompi√≥ nada, sino que cuando recuperaron la calma se dieron cuenta de que hab√≠an ca√≠do a la cabecera del glaciar por donde hab√≠an ascendido a la meseta. Entonces Scott y Evans Cayeron a una gruta, de la que quedaron colgando gracias a que el capit√°n pudo agarrarse al pat√≠n de un trineo y balancearse hasta clavar sus crampones en el hielo. Agotando sus √ļltimas fuerzas, logr√≥ izarse sobre el labio de la grieta mientras otro ayudaba a Evans. Estaban vivos, y sab√≠an que a cinco millas hab√≠a un dep√≥sito de comida. Podr√≠an alimentarse y volver al barco. Eso s√≠, nadie les librar√≠a de las congelaciones, sufridas bajo un fr√≠o intens√≠simo. Aunque m√°s fr√≠o hab√≠an soportado los exploradores de Mc Murdo, quienes vieron c√≥mo el term√≥metro alcanzaba los ‚Äď67 ¬ļ Fahrenheit y luego se romp√≠a. Llegaron al Discovery en la nochebuena de 1903.

 
Clements Markham 

Al d√≠a siguiente, todos se pusieron manos a la obra para liberar el barco. Pero ni las paladas, ni la dinamita, consegu√≠an romper el hielo. Scott comentar√≠a‚ÄĚveinte millas de hielo pesan sobre mi espalda‚ÄĚ mientras se hacia a la idea de que tendr√≠a que permanecer en la Ant√°rtida un invierno m√°s.

Entonces lleg√≥ el Morning y, sorpresa, ven√≠a acompa√Īado de otro buque, el enorme Terra Nova. Los del Discovery no entend√≠an la necesidad de otro barco, y se sintieron profundamente ofendidos, como si les hubiesen considerado unos in√ļtiles a los que hab√≠a que rescatar con dos barcos. No sab√≠an que el segundo barco hab√≠a sido exigencia del Gobierno que, como condici√≥n para financiar el rescate, hab√≠a usurpado el mando de la expedici√≥n a las Sociedades Geogr√°ficas, y hab√≠a decidido unilateralmente que, con dos barcos, se llevar√≠an de all√≠ a los supervivientes, abandonando el Discovery si hiciese falta.

Pero los tripulantes del nav√≠o en cuesti√≥n no estaban dispuestos a abandonar el que hab√≠a sido su hogar durante m√°s de dos a√Īos. Accedieron a trasladar el equipaje y las muestras y documentos producidos durante la exploraci√≥n. Pero ellos se resist√≠an a abandonar... y entonces, ocurri√≥ el milagro: la temperatura subi√≥ y empez√≥ el deshielo. En pocos d√≠as, el antes p√©treo hielo se desquebraj√≥ y fue abri√©ndose en canales, hasta que el Discovery pudo salir a mar abierto. Era la hora del regreso.


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