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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 01 de Abril de 2002

Fernando Garrido: El profesional

Por Angela Benavides  | 
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Un himalayista inclinado hacia las invernales en solitario, que aún mantiene el récord de permanencia en la cima del Aconcagua, decidió un día cambiar su visión de la montaña y ponerla al alcance de otros, como guía UIAGM. En esta entrevista, Fernando garrido reivindica su tarea y el derecho de cada uno a enfrentarse a las cumbres a su manera. Esta primavera viajará al Cho-Oyu, donde intentará la cumbre no para él, sino para quienes han confiado en su experiencia.

 

Los clientes que lleváis a las grandes montañas, ¿En que estado técnico y físico suelen llegar?
Para los ochomiles la gente viene fortísima, más incluso que yo o que otros guías, porque normalmente se preparan mucho. Lo que les falta es nivel técnico, y para eso nos contratan. Nosotros les ofrecemos seguridad, experiencia en altura y técnica.
Por otra parte, ante las grandes alturas, tengo la teoría de que la fuerza física no es tan importante. Al contrario que en otras actividades de montaña, las expediciones en altura requieren, claro, estar fuerte, y cuanto mejor sea el estado físico pues mejor, pero eso no prueba que se vaya a hacer cumbre. No suben los más fuertes, está demostrado. La cumbre es una cuestión más bien de constancia, de elegir bien el día de cumbre, de evitar en lo posible el mal de altura, etc. Es más, algunos estudios están revelando que llegar sobreentrenado a un ochomil puede ser negativo de cara a la influencia de la altitud.

Pero qué condiciones tiene que reunir un cliente, para que lo aceptéis en una expedición a un ochomil?
Eso es algo que tenemos especificado por escrito en nuestro catálogo: para un ochomil, pedimos que el cliente haya subido al menos una cumbre más de seis mil metros, del mismo modo que, para ascender un seismil, le pedimos que hayan hecho al menos un cuatromil anteriormente. Eso es algo que llevamos bastante a rajatabla. Por ejemplo, todos los que llevamos al Cho Oyu han subido al Aconcagua, que es casi un sietemil. También tratamos de que sean clientes conocidos, aunque ese aspecto no es imprescindible. Lo obligatorio es la experiencia anterior en altura. Claro está que no siempre se puede probar ese extremo pero, también por lógica, los clientes no suelen mentir con esas cosas, porque los perjudicados serían ellos mismos. Además, en cuanto hablas con la persona interesada, se ve bien qué experiencia, técnica y actitud tie

Pero haber subido cuatromiles y seismiles sólo prueba la experiencia en altura, pero no el nivel técnico ni la fuerza de voluntad necesaria...
Evidentemente, depende del objetivo que se planteen; no es lo mismo subir un pico fácil de trekking, que otro de la misma altura pero requiere una ascensión más técnica. En ese caso, además , les pediríamos experiencia en ascensiones técnicas. Sin embargo, la mayoría de las expediciones que proponemos son a picos técnicamente fáciles, pero altos. Evitamos vías complicadas y buscamos altura. Normalmente, los interesados en hacer vías muy técnicas no contratan guías. Los que recurren a expediciones guiadas o profesionales (prefiero no llamarlas "comerciales") suelen venir buscando una cota, más que una montaña. Quieren subir a seismil, a sietemil, etc. El Aconcagua es un buen ejemplo: el año pasado, que hubo mucha nieve -algo que no estaba previsto- y fueron necesarios los crampones en una buena parte del camino, todos pudieron subir aunque alguno de ellos no había usado antes material de hielo. Eso es posible, primero, porque el Aconcagua es una montaña técnicamente fácil, y también porque íbamos un guía por cada dos clientes.

 

Sobre el debate que hay ahora respecto de las expediciones guiadas ¿Cuál es tu postura?
Bueno, naturalmente yo soy de la opinión de que sí que se puede guiar a más de ocho mil metros (si no, no iría al Cho-oyu), y esa opinión no es sólo mía, sino que está aceptada por la UIAGM. Pero hay que tener en cuenta que el guía, a esa altitud, está muy limitado. Entonces, lo fundamental es que quede bien claro en el catálogo y en la información técnica de la expedición qué es lo que está pagando el cliente. Que no se deje ni un solo aspecto sin especificar. Para una misma montaña, existen muchos tipos diferentes de servicios, y el cliente debe saber cuál de ellos está contratando. Se puede contratar el servicio de una agencia hasta el Campo Base o el Campo Base Avanzado, para solucionar temas de transporte, permisos, material, etc... pero luego emprender la ascensión y montar los campos de altura, cada uno por su cuenta. Y otra cosa es ir guiado hasta los intentos de cumbre (la cumbre nunca se promete). En este otro caso, el guía es el responsable en todo momento mientras se está en la montaña.

Los problemas surgen cuando estas cosas no quedan claras, y podría ser publicidad engañosa. No basta con que en la agencia te digan "expedición con guía español". Bien, guía español, ¿hasta dónde? Porque si sólo va a acompañar hasta el Campo Base, no hace falta un profesional de la alta montaña, vale un guía turístico. Claro, luego el precio final es más bajo, pero hay que preguntarse por qué sale tan barato. Así que, en resumen, lo importante es que todo esté claro, detallado por escrito, y que el cliente se entere de lo que contrata, para evitar malentendidos.

Y, hablando de malentendidos, también habrá que dejar claro que el guía decide si un cliente puede intentar la cumbre, o se tiene que bajar aunque no quiera...
Por supuesto, eso también lo tenemos por escrito, porque es un asunto duro de aceptar. Nosotros lo llamamos "exceso de motivación", y se da a menudo. Es triste decirle a alguien que se ha gastado mucho dinero y que lleva preparándose para esa cumbre durante meses o durante años, que tiene que descender y renunciar a la cima. A menudo no lo aceptan, si por ellos fuera seguirían, aun corriendo un riesgo inaceptable de que se haga demasiado tarde, de que les pille un temporal, o de que lleguen a al cima tan agotados que luego no puedan bajar. El guía tiene criterio para decidir cuando un grupo o una persona debe darse la vuelta; es el responsable, incluso si se equivoca y peca por exceso de prudencia. Es algo que los clientes firmaron antes de salir de viaje.

En medio de la polémica de las expediciones guiadas o no guiadas, se marca una diferencia, entre todas las montañas, y el Everest. Según eso, lo imperdonable no es el guía, sino el oxígeno ¿Cómo lo ves tú?
Efectivamente, el uso de oxígeno artificial es como estar a una cota de altura 2000 metros inferior. Una ascensión con o sin él, no tiene nada que ver. Ahora, yo en este momento entro en el juego de que si, a nivel de organismos internacionales, se acepta subir al Everest con oxígeno, tal como se está aceptando, yo como agencia ofreceré una expedición al Everest con oxígeno suplementario. Es más, en Aragón Aventura ya la estamos preparando para el año que viene: con oxígeno y un sherpa por participante; es decir, máxima seguridad. Preveo que será bastante criticado, pero es lo que están haciendo todos los países. Es simplemente un servicio que ofrecemos, para que lo contrate quien quiera. Ahora bien, si se llegara a un acuerdo por el cual se prohíbe subir con oxígeno artificial, y todo el mundo está de acuerdo, nosotros acataríamos la medida de buen grado. Lo que ocurre es que, siendo realistas, quitar el oxígeno supone reducir las expediciones al Everest en un 90 por ciento, y desde luego las agencias dejarían de ofrecer expediciones a esa montaña. Pero no creo que tal cosa interese lo más mínimo a Tíbet y Nepal, que no pueden renunciar a una fuente de ingresos como ésa.


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