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ACTUALIDAD | PERFILES | 09 de Mayo de 2002

Maurice Wilson, el loco de Yorkshire

Por Angela Benavides  | 
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No es un sobrenombre; Wilson estaba , realmente, como un cencerro, pero su locura ha dado lugar a una de las historias m√°s incre√≠bles del himalayismo y, desde luego, no cabe duda de que fue un loco valiente, casi un h√©roe, y que lleg√≥ en 1933, solo y sin experiencia en monta√Īa, al Collado Norte del Everest.

 
Wilson, a bordo de la "Ever-wrest", y con dos meses de experiencia como piloto 

En las cronologías de resumen la historia de la conquista del Everest, Wilson tiene su propio párrafo. En 1934, su nombre figura como el del primer hombre que intentó ascender en solitario al Everest. Murió a unos 6.500 metros de altitud, aunque antes había intentado varias veces llegar hasta el Collado Norte, y es posible que lo consiguiera.

Con estos datos, √ļnicamente, podr√≠a haber pasado por uno de los aventureros que trataron de triunfar donde Mallory e Irvine hab√≠an pagado con su vida. Otro de los m√≠ticos alpinistas de ‚Äėlos primeros tiempos‚Äô (es decir, de la ‚Äėera antes de Hillary‚Äô) cuyos cad√°veres congelados se deslizan al ritmo lento del glaciar de Rongbuk. Pero es que Wilson no era monta√Īero. ¬ŅA qui√©n se le ocurre escoger el Everest, por entonces inviolado, como la primera monta√Īa a la que subir?. A Wilson.

 
El explorador Bruce, como muestra del equipamiento de la √©poca 

No se puede asegurar realmente qu√© ocurri√≥ en la mente de Maurice Wilson, capit√°n de la Armada brit√°nica, nacido en Yorkshire en 1899, para alimentar la idea de ascender el Everest. Hab√≠a luchado en la Gran guerra, donde obtuvo la Cruz al M√©rito en la batalla. Dicen que fue una grave enfermedad y el largo ayuno que sufri√≥ para poder superarla, lo que desorden√≥ sus ideas. Desarroll√≥ la teor√≠a de que con meditaci√≥n, una dieta determinada y ayuno, se pod√≠a llegar a ser una especie de superhombre. Que la experiencia no era tan necesaria. Era un hombre profundamente religioso, y algo hab√≠a en su prop√≥sito de visiones y cumplimiento de misiones divinas. Pero tambi√©n refleja una desesperada necesidad de reconocimiento. ‚ÄúSubir√© al Everest- dijo antes de partir- Y cuando haya cumplido con esa peque√Īa tarea, ser√© alguien, la gente me escuchar√°‚ÄĚ. Tambi√©n hab√≠a una misi√≥n trascendente y un deseo profundo de salir de la mediocridad y ganarse el respeto de sus cong√©neres, en el hidalgo cervantino que un d√≠a decidi√≥, enajenado, hacerse caballero andante. Tal vez Wilson pretend√≠a convertirse en ‚Äėcaballero ingl√©s‚Äô, al modo de Mallory y Scott, de los grandes exploradores y aventureros que escrib√≠an novelas, daban conferencias en las sociedades geogr√°ficas y despertaban susurros admirativos cada vez que entraban en un club. S√≥lo es una hip√≥tesis, pero es suficiente para empezar a entender los engranajes de su psique exaltada, y para reconocer que todos tenemos algo de Wilson, aunque carezcamos de la locura (o del valor) necesarios para llevar a cabo nuestros sue√Īos de grandeza.

Fuera cual fuese su motivo primero y su desorden mental, lo cierto es que el ingl√©s ide√≥ un plan muy a tono con su discurso mental. La idea era tan delirante, que casi funciona: Maurice pretend√≠a volar con una avioneta todo lo alto que pudiera, aterrizar (o m√°s bien estrellarse) contra las laderas del Everest y desde all√≠ hacer el resto del camino andando. Hab√≠a un peque√Ī√≠simo problema, claro. Wilson no sab√≠a pilotar una avioneta, no lo hab√≠a intentado nunca.

 
Maurice Wilson 

Pero lo solucion√≥ r√°pidamente tomando un par de lecciones de vuelo, comprando una Gipsy Month de segunda mano, a la que bautiz√≥ ‚ÄúEver-wrest‚ÄĚ (ante el escepticismo generalizado de sus compatriotas, que no le creyeron). En su vuelo de prueba con el biplano, no se estrell√≥ contra las pendientes del Everest, sino contra las colinas de Cleagheaton, Yorkshire. Todo el mundo se ri√≥ mucho. Y √©l, sonriendo a su vez, volvi√≥ a intentarlo, y la silueta del Ever-wrest se perdi√≥ en el cielo, rumbo a la India. Una de las grandes iron√≠as de la vida de Wilson, es que su vuelo de dos semanas, sin permisos ni autorizaci√≥n de ning√ļn pa√≠s, fue una gesta a√ļn mayor que la de aventurarse en la monta√Īa m√°s alta del mundo. Si lo que quer√≠a era pasar a la Historia, con ese periplo a√©reo en un biplano de alas de tela, desde Inglaterra hasta karachi (actualmente Pakist√°n), ya le habr√≠a valido un sitio en la historia... de la aviaci√≥n.

Sin embargo no lleg√≥ a las faldas del Everest volando (O su aventura habr√≠a acabado antes). Cuando lleg√≥ a la India, las autoridades brit√°nicas de la colonia le prohibieron tajantemente sobrevolar territorio tibetano. Y Wilson vendi√≥ la avioneta, de alguna manera lleg√≥ a la regi√≥n de Darjeeling, y se dispuso a cruzar la frontera andando, disfrazado de indio y acompa√Īado por tres sherpas.

Convencido de que, por alguna razón, Dios le ayudaría, y asegurado por unas pocas salidas al monte en Lake District, pasó meses hasta conseguir cruzar la frontera y adentrarse en el Tibet. Si no a Dios, al menos consiguió conmover al Dalai Lama, que le dio su bendición para intentar la ascensión.


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