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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 21 de Mayo de 2002

Alberto y Lafaille, a salvo en el campo base

Por Angela Benavides  | 

Ya todos pueden respirar tranquilos: Alberto Iñurrategi y Jean Christophe Lafaille están de vuelta, sanos y salvos, aunque muy cansados, en el Campo base del Annapurna, un lugar donde ahora reina la alegría y la celebración.

Foto: EiTB 
Algunos miembros de la expedición salieron del CB para ayudar a Iñurrategi y Lafaille a bajar el material de los campos de altura 

El sábado, 18 de mayo, al fin, todos los expedicionarios que se encontraban en el Campo base del Annapurna pudieron respirar tranquilos. Alberto Iñurrategi y Jean Christophe Lafaille regresaban sanos y salvos, aunque muy cansados, al Campo base. Atrás quedaban ocho días de ascensión técnica y expuesta a la máxima altitud (el doble del tiempo necesario para completar un ataque a cumbre en el Everest). Y, sobre todo, atrás quedaba el peligroso descenso, extenuados y con tramos expuestos y muy difíciles, sin equipar.

La jornada en que ambos alpinistas hollaron la Cumbre del Annapurna por su difícil arista Este, iniciaron el penoso descenso por el mismo camino, algo que nadie había intentado antes (Los aperturistas Loretan y Hoos tuvieron que escapar por la cara norte desde la cumbre). Consiguieron llegar a la cota 7.200, donde montaron un pequeño vivac, pero no consiguieron alcanzar el depósito de gas y comida que habían dejado durante el ascenso, y tuvieron que pasar una noche sin dormir, sin comer y, casi, sin hidratarse. A la mañana siguiente, además, les esperaba el peligroso descenso de la Roc Noire, que ya les había impresionado durante a subida.

Sin embargo, las fuerzas que les dio el depósito, al que al fin llegaron, y su indudable experiencia, les ayudó a dejar atrás la pared con menos dificultades de las que preveían. Así, pudieron dormir ya en el Campo III, con saco, tienda y comida, y con la tranquilidad de saber que, desde ese punto, las cuerdas fijas asegurarían su descenso. Además, Jon Lazcano y otros expedicionarios salieron del campo Base para encontrarse con los de cumbre por el camino, y ayudarles a desmontar campos y portear equipo.

Foto: EiTB 
Alberto ya podrá relajarse, después de tanto esfuerzo 

La llegada al Campo base se produjo, exactamente a las 4:30 de la tarde del día 18. Una ducha, muchos abrazos... Y la fiesta. Franceses y vascos decidieron acabar de una vez por todas con su reserva de comida y bebida, y la celebración se prolongaría durante largas horas, ante el sorprendido Ed Viesturs, que participó y disfrutó como el que más de la gastronomía vasco-francesa disponible en aquellas latitudes. El Estadounidense se dio la vuelta junto con Veikka Gustafsson antes de llegar a la Roc Noire, pero también ha participado de la alegría de la cumbre de sus dos compañeros, y ha destacado que su gesta es increíble.

Pese al cansancio, Alberto tuvo unos minutos para Euskadi Irratia, donde analizó la experiencia: “Ha sido una ascensión dura, exigente, comprometida y, físicamente, ha sido mi ascensión más difícil. Los últimos días de ascensión han resultado muy comprometidos porque teníamos muy poca información: a cada paso nos encontrábamos con circunstancias que no esperábamos, y varias veces hemos dudado incluso si llegaríamos a la cumbre o no”.

“El día 16 vimos bastante claro que podíamos llegar a la cumbre y, desde ahí, fue cuestión de ascender a piñón fijo. De hecho, las últimas pendientes no son tan difíciles, pero aún entonces no teníamos claro cómo íbamos a volver al Campo Base”. Por suerte, el tiempo, para variar, se puso de parte de los alpinistas, facilitándoles mucho la tarea: “La vuelta era muy larga, y siempre por encima de los 7.000 metros. En esas circunstancias, cualquier cambio de tiempo nos podía complicar muchísimo la bajada”. Alberto, que no había escalado antes con Lafaille, alabó las facultades de su circunstancial compañero de cordada: “De no ser por él, hubiera sido difícil terminar con éxito la ascensión. Lafaille llevaba diez años intentando esta montaña, que fue su primer intento en Himalaya, por lo que estaba muy motivado. Además, hemos compatibilizado muy bien las diferentes facultades que tenemos los dos”.

Por supuesto, Alberto tuvo un recuerdo para su hermano Félix “Cuya imagen está siempre presente, pero en estas circunstancias, en montañas tan grandes y el situaciones que tantas veces he vivido con mi hermano, esa imagen se agiganta , y más cuando te vas acercando a la cumbre”.


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