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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 24 de Junio de 2002

La expedición en catamarán polar de Larramendi llega a Thule

Por Angela Benavides  | 

“Lo hemos conseguido, nuestro viaje está a punto de terminar y hemos demostrado no solo la validez sino la superioridad del catamarán polar como medio de transporte pese a todos los problemas que hemos tenido”, comenta Roberto García Lerma, ya descansando en Thule.

Foto: R.Larramendi/JM.Naranjo 
Ramón Larramendi ha terminado, con ésta, su tercera travesía de Groenlandia en catamarán polar 

Los miembros de la Expedición Polar Transgroenlandia 2002 llegaron finalmente a la base de Thule, en el Noroeste de Groenlandia, tras un mes y medio de aventura, desde que llegaron a la Enorme isla helada y prepararon vías comentas de tracción y un catamarán especialmente diseñado para surcar las planicies heladas de los glaciares que cubren todo el interior de la isla.

A pesar de los problemas surgidos durante la travesía, como los temporales que les obligaron a permanecer parados algunas jornadas, los vientos poco favorables para navegar con las cometas y, finalmente, la caída del trineo en una gran grieta, no han conseguido parar a Carlos Mengíbar, Roberto García-Lerma y Larramendi. También hubo días de navegación optima, en la que recorrieron distancias que rondaban los 300 kilómetros, a velocidades superiores a lsos100 kilómetros por hora. Finalmente, no pudieron batir su propio récord (en esta edición querían llegar a recorrer 500 kilómetros de una tacada, y superar la media de 100 por hora).

Foto: R.Larramendi/JM.Naranjo 
Si el viento era favorable, los expedicionarios navegaban más de 24 horas seguidas 

Además de intentar batir récords establecidos, sobre todo, en la travesía de 2001, considerada al más rápida de la historia, Larramendi pretendía, asimismo, comprobar el funcionamiento del trineo y de las velas (cometas de tracción del tipo Nasa Wing y diversos tamaños, adaptadas a un sistema de conducción especial la frente del trineo). De esta manera, sometiendo el material a pruebas tan duras y durante tanto tiempo, podrán hacerse una idea de su comportamiento en la futura expedición que Larramendi lleva años planeando: la travesía del Continente Antártico, para la que pretende , precisamente, usar este tipo de trineos-velero.

En la travesía ha habido de todo, como han reflejado las crónicas de Roberto a través de internet. Una de las más apasionantes fue tal vez esta que reproducimos a continuación y en la que narra, cuando ya parecía quedar poco para el final, como decidieron bajar del glaciar interior de la isla hacia la costa, y el accidente sufrido con el trineo.

La pérdida del catamarán (13/6/2002)

Posición : N 77º 51" 57"" W68º 12" 29"". Ligero catabático. Tras una breve siesta para engañar al cuerpo, cansado tras horas continuadas de navegaciòn, comenzamos la bajada del Tugto Gletscher, o glaciar del caribu. La panoràmica sencillamente es abrumadora por indòmita ; amenaza y quietud de la mano en silencio callado. Llevamos demasiado trapo para controlar al catamaràn en la bajada y cambiamos la vela por otra màs pequeña pero… las intenciones del viento no corren parejas a las nuestras y tras las primeras rampas, nos abandona. Decidimos entonces arrastrar hasta la pendiente de màxima inclinaciòn y lanzarnos por ese tobogan gigante a donde la gravedad disponga. A partir de aquí es imposible clasificar o recordar los dias siguientes como tales pues todo se funde en una amalgama sin noche ni horas, de casi sueños y medio comidas, dificultades de todo tipo a las que salimos al paso con trabajo, tesòn y esfuerzo continuado hasta convertirnos en exiliados del tiempo. Conforme descendemos el viento nos da su aprobaciòn y empieza a soplar de nuevo.

Hizamos la vela y a todo trapo atravesamos los primeros campos de grietas y sastruguis, sometiendo al trineo a un test de resistencia, flexibilidad y dureza que pocos otros superarian. La velocidad, superficie y longitud del "Bustar ", asi bautizamos a nuestro bajel de los hielos, nos da la confianza necesaria para afrontar las trampas tìpicas de todo glaciar con suficiente holgura, con la contrapartida eso si, de no ver hasta el ùltimo instante si alguna de las muchas grietas abiertas que atravesamos es franqueable o no. En ese momento ya no hay vuelta atrás, demasiado tarde para detenerse solo queda tratar de ganar la màxima velocidad para llegar al otro lado y apretar los dientes.

Y la gran grieta llegó, abriendo su bocaza contra nosotros tras superar un grupo de sastrugis ni el buen Bustar fue quien de escapar a las fauces que rieron su triunfo con espectral tintineo desafinado de cristales de hielo. Mitad por el encontronazo, mitad por un formidable instinto de conservación, apenas nos sobraron décimas de segundo para saltar del malherido trineo en precario equilibrio a terreno más o menos firme. Una rápida inspección de los fondos del catamarán asomados a las paredes de la grieta, confirmó la sentencia de muerte del ajado navio. La siguiente operación delicada era sacarlo de la trampa y optamos por intentarlo con la cometa consiguiendo nulos resultados. Barajamos otras posibilidades como el de montar un sistema de poleas para arrastrarlo hacia delante o el de hacerlo retroceder.

Finalmente vaciamos y desmontamos la tienda Altus, superviviente nata de cualquier expedición y descargamos la cubierta. Ya en vacío, pudimos poco a poco y a pura fuerza colocarlo totalmente perpendicular sobre la grieta y tomando carrerilla sacarlo de alli arrastrándolo a mano. Para navegar quedó totalmente inutilizado, con los patines centrales destrozados por el tremendo impacto ; habia que tomar una decisión y fue la de cortarlo en cuatro trineos menores, rebautizados como "los bustarditos " y de los que tirariamos nosotros mismos como si de pulkas se tratase, una vez encordados. Nuestra posición en ese momento: N 77º 47" 45"" W68º 39" 17"" Las siguientes horas fueron un laberíntico muestrario de grietas de todos los tamaños, formas, colores y profundidades, de las que intentamos librarnos siguiendo un pequeña morrena lateral. Lo logramos durante unos centenares de metros. Cuanto aparecieron nuevamente acampamos entre dos de ellas y nos concedimos una sueño a carta cabal, tras casi 50 horas continuadas de marcha.

Roberto García Lerma
(miembro de la Expedición Polar Transgroenlandia 2002)

Más información: http://www.greenland-adventure.com/transgroenlandia2002.htm


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