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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 20 de Abril de 2002

Eli Azurmendi: Apuntes del natural

Por Angela Benavides  | 

En estos tiempos donde la locura montañera se basa en la tecnología, la inmediatez y el acumulo de vías (más en menos tiempo)... todavía hay quien se para a mirar. Hubo un tiempo en que era un bonito pasatiempo dibujar montañas y valles.

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En homenaje a aquellos que describieron la fuerza del paisaje a base de trazos de pincel, sombras a lápiz o finas líneas de plumilla, hemos buscado alguien que, en plena vorágine tecnológica de cumbres en directo y fotografías digitales de alta definición, aún conserve la vieja afición de contemplar el horizonte, papel y lápiz en mano.

No ha sido fácil. Los pintores de montaña parecen cosa del pasado, como los alpenstock de madera y los pantalones bávaros. Sin embargo, alguno queda. O alguna. Eli Azurmendi, donostiarra, reconoce que , con excepción de su hermano, no conoce a nadie que pinte montañas. Pintora y caminante al mismo tiempo, las dos cosas le fueron mostradas unidas, cuando aún era una niña.

Mi abuelo me llevaba al monte desde que era muy pequeña. El pintaba los valles y las cumbres, con plumilla. Y yo le acompañaba. La pintura siempre me gustó y por eso estudié la técnica, pero no me resulta extraño pintar paisajes.,. Aunque ahora resulte que es algo casi inusitado

Eli aprendió del natural. No conoce las acuarelas de Samivel ni los grabados del XIX. Vive rodeada de escaladores que entienden la montaña como los lugares donde se encuentran las vías que desean escalar, los corredores, las aristas, las cimas. Eli, en cambio, siguiendo la mirada de su abuelo, aprendió a ver la montaña de otra forma. El secreto esta en cómo ves las cosas. Lo cual es un dato importante viniendo de una pintora que ha recorrido el mundo enfrentándose a las miradas de sus distintas gentes. Precisamente, uno de los motivos más recurrentes de su pintura son las miradas, franjas de color en las que recoge los ojos de las gentes. Ojos que trasmiten la fuerza de las gentes de la India, del Sudeste asiático, de África.

Eli pinta ojos, y luego usa los suyos para pintar montañas. No es simplemente composiciones paisajísticas.; Eli pinta solamente la montaña, y los dos trazos de la plumilla recogen la rigidez del granito, las aristas de las lajas, los relieves cortantes. Luego, la acuarela da color y calor a la montaña de papel.

 

Es curioso. Hay una especie de dicotomía entre mi manera de apreciar el monte. Que expreso pintándolo, y la de los montañeros y escaladores. Fíjate, hubo un tiempo en que traté de vender mis dibujos de montañas en tiendas de deporte, y fue un desastre. Luego me ha ido mucho mejor en galerías y exposiciones de arte. Al montañero no le interesa comprar un dibujo de una montaña. Para el , la riqueza de esa montaña la lleva en la memoria , recordando cuando la escaló. Y su objetivo, supongo, es escalar más montañas, por lo que preferirán, digo yo, gastarse su dinero en comprar material técnico, más que en coleccionar dibujos. Otra cosa son los encargos. Hay gente que me pide un dibujo de una montaña específica, que para ellos suele tener un significado especial: se trata de montañas cercanas al lugar en el que viven (El Collarada para la gente de Jaca, el Txindoki en el país vasco,etc.) o cuya escalada fue importante para ellos (El Midi, el Vignemale, las paredes de Ordesa,etc.). Estas montañas de encargo no me disgustan, porque todas son bonitas. Lo que ocurre es que hay montañas ‘favoritas’ para muchos, y ya hay unas cuantas que he pintado varias veces”.

"Es cierto, por otra parte, que también hago dibujos a partir de fotografías. Desde luego, lo bonito es salir al campo y pintar del natural, pero a veces eso no es posible, porque requiere llevar los trastos de pintura, y a veces el futuro dibujo aparece cuando no llevo el cuaderno, o cuando no tengo tiempo de pararme a pintar. En los trekkings y en los viajes, por ejemplo, he sacado muchas fotos, haciendo parte de ellas con el objeto de que sigan en formato fotográfico, y haciendo otras a propósito para luego, con calma y de vuelta en casa, dibujar la imagen”.

 

La figura de Eli, dibujando en el monte, debe resultar extraña para quien la contemple. No abundan, precisamente, quienes guardan paisajes pintándolos, en vez de fotografiarlos o, simplemente , recordarlos. La propia Eli se reconoce como una especie de ‘bicho raro’. “La verdad es que no conozco a nadie, con excepción de mi hermano, que pinte en la montaña. Parece, no sé , como cosa de viejos, verdad?”. Se ríe. “Supongo que el que quiere subir montañas quiere, eso, subir montañas y no parar mientras pueda: Todo depende de las prioridades de cada uno, de sus objetivos”. Ni siquiera, al parecer, a aquel escalador que hace una gran vía durante una jornada y, al caer, la tarde, se sienta en la puerta del refugio, o junto al lugar donde va a vivaquear. “Esa persona, seguramente, no piensa en pintar, sino en hacer otra vía al día siguiente, y está estudiando las líneas de la roca”.

No obstante, objetivamente, tampoco tendría por que ser así. La pintura parece un buen pasatiempo, y un dibujo, sin que tenga que tener una calidad excepcional, constituye un bonito recuerdo. La opinión de Eli, a ese respecto, es que los obstáculos se refieren más a motivación personal que a las dificultades técnicas. “No es que se necesite gran cosa para ponerse a pintar. Lo más cómodo es llevar un cuaderno, no muy grande, y un lápiz. Con eso basta y sobra. Pero, claro, antes que eso, lo que hacen falta de verdad son ganas. Si de verdad apetece, luego es cuestión de ir probando. Siempre hay hueco en la mochila para un lápiz y un cuaderno, que es lo que yo llevo siempre. Solo si voy a propósito a pintar, me llevo la plumilla y la tinta”.

Casi nadie acostumbra a recoger en forma de pintura sus impresiones de las montañas. Es más común hacer fotos o escribir sobre ello. Pero nunca es tarde para empezar. Paradójicamente, luego los dibujos se disfrutan tanto como los recuerdos de escaladas, las viejas fotos o los amigos. Y no son incompatibles. Así que, quien sabe, quizá este texto haya dado nuevas ideas a alguien.


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