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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 26 de Agosto de 2002

Everest: La hoguera de las vanidades

Por Angela Benavides  | 
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Precios rebajados, promesas excitantes, aventura garantizada, aspiraciones... las más altas del planeta: a 8.848 metros. La temporada 2003 en Everest promete ser fructífera en cuanto a número de expediciones cuyos miembros... ¿Saben realmente donde se meten?

 
La cumbre del Everest, el sueño de miles de alpinistas 

Ya este mismo otoño se prevé movidito en el Himalaya, si bien el postmonzón no es la temporada alta en las cumbres más altas del planeta. Éste del 2002, en concreto, viene acompañado de las consecuencias de un monzón especialmente virulento en Asia. En Nepal, los muertos por riadas, corrimientos de tierras e inundaciones se cuentan por cientos. Las montañas se han cubierto muchísimo de nieve y los alpinistas que se dirigen a los grandes picos no las tienen todas consigo. El verano, en los meses aptos para expediciones en Karakorum, tampoco ha sido precisamente un éxito. Sólo se ha hecho cumbre en un ochomil: una expedición japonesa holló la cumbre del Hidden Peak el 5 de agosto (según recoge www.k2climb.net), pero pagaron un alto peaje: uno de los miembros de la expedición cayo inconsciente durante el descenso y, semanas más tarde, aún no se ha recuperado del coma. Esto, más la delicada situación de Nepal, han frenado considerablemente a las expediciones comerciales que cada año aceptan con más alegría el reto de ‘subir clientes’ al Everest (evidentemente, la cosa no es tan sencilla); sin embargo, muchos están haciendo planes como locos para el año que viene.

Liz Hawley, la veterana cronista de las actividades himaláyicas, tiene un comentario demoledor para quien le pregunta si es una buena idea acercarse al Everest la próxima primavera: “Ni lo intente; no hay sitio para aparcar” (comentario hecho a la revista Outside).

El 2003, aniversario de la histórica ‘Conquista del techo del mundo’ por parte de Edmund Hillary y Tenzing Norgay, se prevé pues como un ‘boom’ turístico. El gobierno de nepal ha preparado varios actos, desde conferencias y exposiciones, hasta eventos deportivos y maratones de ‘gran altura’. Por otra parte, los aniversarios y las conmemoraciones siempre han sido una buena razón (o una buena excusa, según el caso) para los aspectos promocionales de las grandes expediciones. Pero, además, se dan cita varios factores, como si fuera una conjunción planetaria, para poder augurar sin demasiado margen de error que el Campo base nepalí del Chomolungma parecerá el próximo mes de abril un camping de playa en pleno agosto. Por ejemplo:

  • La temporada premonzónica 2002 ha dejado un record de ascensiones exitosas (54 en un solo día), y sólo dos muertos.
  •  
    Masificación en el collado sur 

  • Desesperados por atraer turismo, las autoridades nepalís han rebajado mucho los precios de todas sus montañas y, aunque el Everest no ha sido tan ‘promocionado’, sí se ha simplificado mucho la obtención de permisos, la posibilidad de aclimatar gratis en picos de trekking, los precios en viajes y traslados, etc.


  • Seamos francos: el montañismo está de moda, y el Everest mas que ningún otro pico, sobre todo por su capacidad de convertirse en un símbolo. “Supera tus límites, tu puedes hacerlo, vive la aventura extrema” y memeces por el estilo han convencido a muchos buscadores de adrenalina y autoestima de que, en el techo del mundo, seguramente, encontrarán algo, no se sabe que, que llenará el vacío que agobia sus vidas.
  • Fauna de altura:

    Esta circunstancia, la del Everest como símbolo, viene propiciada por muchos factores, y a su vez, ha dado lugar a nuevas tipologías de ochomilistas, que describiremos más adelante. Sobre todo porque algo no ha cambiado: pese a todo, subir al Everest es muy, muy caro, sobre todo si se va con una expedición comercial. Por ello, hay que obtener patrocinio o, al menos, fama y reconocimiento. Como alguno pensaría: “¿De qué me sirve sufrir lo indecible, gastar hasta el último euro y jugarme la vida, si luego nadie se va a enterar?” Sea para sufragar gastos, o para ser aclamado al regreso a casa, el esfuerzo por aparecer en los medios de comunicación se ha convertido, en muchas ocasiones, en un aspecto tan importante en la fase preparatoria de la expedición, como la de comprar el material o reservar los billetes de avión. Este afán es comprensible en el caso de los alpinistas profesionales, que generalmente tratan de aumentar su propio nivel (cada uno según su tabla de medir) en cada expedición, y todo lo que hacen parece convertirse en noticia en medios especializaos. También en los que sueñan con escalar grandes montaña, pero ni en sueños pueden pagarlo, si no consiguen esponsorización. No se trata de buscar culpables ni malas intenciones por parte de nadie; tan solo de constatar un hecho: las motivaciones y la manera de transmitir al público en general los pormenores de una expedición a un ochomil están cambiando; ya no es lo mismo. En gran medida, debido a sus protagonistas:

     
    El campo base de la vertiente nepalí estará al completo la próxima primavera 

    El periodista-alpinista: La transmisión de datos en directo, hasta hace poco imposible, ahora es tan sencilla que alpinistas y periodistas (algunos especializados y competentes, otros dando fehacientes muestras de su ineptitud en el mundo del montañismo) sencillamente, tienen que estrujarse los sesos para encontrar noticias diarias cuando no las hay. Carlos Soria comentaba con sorna como, en el campo base del k2, cada tarde, no se oían las charlas de los alpinistas dentro de las tiendas, sino el incesante tecleo de los ordenadores portátiles. Y la vida del Campo Base es a menudo muy aburrida. Antes uno se iba de expedición, lo cual era algo totalmente inusitado; se tiraba dos meses en paradero desconocido, sin que nadie en su tierra supiese si estaba vivo o muerto; luego regresaba y era recibido con lágrimas de alegría; entonces escribía un libro. Ahora todo es inmediato, pero también efímero y, sometido a la prisa y a las limitaciones técnicas, superficial. Lo cierto es que en el caso de los alpinistas-periodistas suelen darse híbridos problemáticos.

    Lo deseable es encontrar un verdadero alpinista, que además entienda el oficio del periodismo y lo desempeñe con eficacia y sobre una base ética firme. De esos, por desgracia, hay pocos. Al contrario, el ‘enviado especial’ de un periódico, suele tomarse la ascensión como un reto profesional, como un importante sobresueldo, una forma de aumentar su prestigio... y una corresponsalía en ‘primera linea de fuego’ que de concederá una conveniente aureola heroica a su vuelta; sin embargo, malamente podrá transmitir una serie de sentimientos y de acciones con respecto a las montañas, que no comprende. El alpinista que debe escribir crónicas periódicas, por el contrario, se sentirá tan subyugado por el ambiente, que su forma de ver las cosas será váliosa para los que comparten su afición, pero tal vez resulte un tanto oscura, o sin interés para el común de los mortales, acostumbrados a otros deportes más competitivos y con otros parámetros.


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