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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 25 de Septiembre de 2002

Móviles en el monte: el arma de doble filo

Por Angela Benavides  | 
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Está claro; pueden ser tremendamente útiles en caso de apuro. Y tremendamente molestos cuando se busca silencio y conexión con la naturaleza. O tremendamente frustrantes cuando no hay cobertura. Es una elección personal, en la que hay que sopesar ventajas e inconvenientes, capacidades y limitaciones.

www.freeridespirit.com 
Simone Moro, desde el Everest. 

- ¿Sabes dónde estooooyyyy? ¡¡¡EN LA CIMA DEL ANEEETOOOOO!!! ¡¡¡¡CÓOOMO MOOOOLA, SOY EL REY DEL MUUUUNDOOOOOO!!!!

- Si gritas un poco más, payaso, no te hará falta el móvil; probablemente te escucharán desde tu casa.

Ya está. En un momento, se monta la escena, cunde el mal rollo, y la ascensión al ‘techo del Pirineo’ queda arruinada, tanto para el que aspiraba a la soledad (por otra parte un poco difícil en esta montaña en particular) como para el que no podía esperar para contar su hazaña, a grito pelado.

No podemos cerrar los ojos a la tecnología y sus aplicaciones; el teléfono móvil ha pasado a formar parte de la vida cotidiana de casi el 70 por ciento de los españoles. Habiéndose convertido en algo tan usual como la cartera o las llaves de casa, era inevitable que la gran mayoría de las personas que lo usan lo lleven consigo en sus excursiones. La polémica sobre su uso, por tanto, no es diferente a la que generalmente pueda crearse entre diferentes tipos de personas que, a todos los nieves, practican deportes de montaña. Cada uno entiende la naturaleza y los deportes de aire libre de una manera, y actúa en consecuencia. Sea usando el móvil, llevando un radio-casette, chapoteando en los ibones de montaña o simplemente llamando a gritos a los compañeros de marcha. También recuerdo la crónica de un alpinista inglés que tuvo que escuchar con horror un concierto de cantos tiroleses en el collado sur del Everest (y admirar, por otra parte, la envidiable capacidad pulmonar de los artistas, dada la altitud).

 
Valeri Babanov pudo informar de su apertura del Meru gracias a la tecnología satelital. 

Por ejemplo; dos lugares y dos momentos en los que he oído a más gente hablando por el móvil al mismo tiempo son, por un lado, el puente aéreo Madrid-Barcelona, a la salida del ‘finger’. El otro, el telesilla de Borreguiles en la estación de esquí de Sierra Nevada. Al parecer, el hecho de que una persona reciba una llamada mientras espera una interminable cola en la estación granadina ejerce una especie de efecto de contagio entre sus semejantes, que de pronto se dan cuenta de que ese es un gran momento para comunicar a parientes, amigos y conocidos que “se encuentran” allí. Cualquier nostálgico de los gigantes penibéticos está fuera de lugar en ese paisaje, de todas formas bastante degradado por remontes, laderas ‘arregladas’ y urbanizaciones–una de las sensaciones más extrañas de la zona consiste, por cierto, en doblar el collado de la Carihuela y enfrentarse al súbito silencio de las enormes montañas del otro lado-. Sin embargo, resulta preocupante pensar que ese mismo efecto de contagio pudiera producirse en cualquier otro lugar, más o menos visitado y concurrido, de nuestras montañas. Imaginen una pradera de altura, junto a un lago, sobre los pastos ásperos y bajo los neveros. Imaginen el sobresalto producido por una de esas estúpidas melodías que reproducen la canción del verano de turno, cuando esperaban escuchar susurro del viento, la llamada de las águilas y el silbido de las marmotas. Aún llegaremos a oír a los sarrios tarareando entre balidos el “aserejé” mientras corretean por los cantales.

 
Los teléfonos móviles han revolucionado la vida de los visitantes y habitantes de las montañas. 

Realmente, un móvil sonando puede estropear la escena más bucólica, tanto como un despertador en lo mejor del sueño. Pero ¿y si tenemos problemas? ¿Cuánto puede facilitar un teléfono móvil un rescate en caso de accidente? Según los cuerpos de rescate en montaña, mucho. Incluso, puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, especialmente cuando el problema se da a últimas horas de la tarde, y supone que se pueda evacuar a un herido en helicóptero, en vez de que los socorristas tengan que acudir a pie con una camilla, ya de noche. A través del móvil, una persona en problemas puede dar a los rescatadores información valiosísima, sobre la marcha, acerca de su estado y de su ubicación.

Si esto es así, el acuerdo puede ser total. Bastaría con llevar el móvil en la mochila, desconectado, pero con la batería bien cargada para, en caso de problemas, poder pedir ayuda y mantener el contacto con los cuerpos de rescate. Aún así, también se muestra aquí el móvil como un arma de doble filo; los rescatadores lo saben muy bien.

Otro ejemplo: Una cordada asciende la interminable cresta de Salenques-Tempestades, en el macizo del Aneto. Cuando llevan una hora de escalada, uno de los dos deportistas es alcanzado en la cabeza por una piedra de gran tamaño. Ni siquiera el casco puede parar el golpe. Al verle inconsciente y sangrando, su compañero saca rápidamente el móvil de la mochila... para comprobar que no hay cobertura. Ante esas circunstancias, tiene que destrepar como puede, y luego bajar a la carrera por pedreras y terreno irregular, hasta el primer lugar donde puede pedir auxilio. Cuando el aviso llega al cuartel de la Guardia civil de Benasque, han pasado dos horas; demasiado tiempo.

El primer peligro de llevar un teléfono celular como instrumento de auxilio, es que mucha gente tiende a depositar demasiada confianza en él, como si fuese una lámpara mágica que, en caso de necesitar algo, se lo proporcionará inmediatamente. Esto es malo, porque luego uno se puede encontrar con ciertas decepciones en el peor momento. La más común: que no haya cobertura. Esto ocurre en muchos lugares del Pirineo. Generalmente, las únicas zonas con cobertura asegurada son las estaciones de esquí, pero basta pasar un collado o cambiar de vertiente, para que nos encontremos en zona de sombra total. En los lugares donde sí se disfruta de cobertura, también es posible que una persona pida ayuda, ya que tiene tan fácil acceso, cuando su problema no es realmente grave (agotamiento, pequeñas insolaciones, y otras molestias que se solucionan descansando un poco, bajando despacio y, sencillamente, regresando al coche sin perder la calma). Los equipos de rescate siempre acudirán en su auxilio, pero puede que por ello tengan que dejar para después casos más graves, donde sí hubiera sido totalmente imprescindible su rápida actuación.


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