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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 20 de Enero de 2003

Por Fernando Caballero  | 

Mientras aguardan los deseos de escalada a la sombra de paredes tremendas y la mala fama de sus vientos, las Torres del macizo del Paine roban la imaginación y los sueños. Sólo queda la paciencia y la brisa de sus lagos, el escándalo de la lucha por no caer de aquellas tercas hojas de los árboles ya casi desnudos.

Fernando Caballero
Llegando al macizo de Torres del Paine

En el corazón de la Patagonia Chilena, ahí, donde acaba el encanto incomparable de los lagos del sur para dar paso a la magia de la Patagonia profunda, a donde van a morir los fiordos de los canales patagónicos, en ese lugar del mundo donde empieza a divisarse el estrecho de Magallanes y la triste historia de aquellos pueblos perdidos entre el humo de la cada vez más cercana, enigmática y lejana Tierra del Fuego. En ese rincón del fin del mundo austral, aparecen para no borrarse de la memoria, las Torres del Paine.

Exactamente, allí, en la tierra del legendario Milodon, y entre las frías callecillas de Puerto Natales empieza la aventura para caminantes y escaladores, para los amantes eternos de los destinos únicos y especiales. El Paine sin duda es uno de esos paraísos verticales que dejan sin palabras, que obligan a regresar. Un entorno donde la palabra mas inspirada se vuelve censura, donde no nos queda mas que ir, porque solo nuestros propios ojos y sentimientos podrán contarnos y creer tanta belleza y posibilidades; aquí, entre entumecidas manos, en el reflejo inspirado de nuestra mirada.

Fernando Caballero
Frente Glaciar Grey

Torres es sin duda uno de los destinos verticales más bellos del mundo, uno de los circuitos de caminata de montaña más espectaculares y en definitiva uno de los rumbos preferidos de todo aventurero. Si lo nuestro son las corrientes de los ríos, sus rápidos o el navegar en balsa o kayac en un entorno especial, como pocos, lo encontraremos en el lago Pehoe o el Dickson que aguardan para sorprendernos.

Lagos y corrientes que esperan a la sombra de las tapias de los impresionantes Cuernos que vigilan la entrada al valle del Francés, donde nos esperan prácticamente 360 grados del mejor granito, y algunas de las mejores paredes para la practica del Big Wall, entre ellas la Aleta de Tiburón, La Espada, la Hoja, la Mascara y el Cuerno Norte. Por si fuera poco, en el valle de a lado solo el viento quiebra el silencio que impone el espectáculo de las tres míticas torres, la Norte (2600 m.s.n.m.), la Central (2800 m.s.n.m.) y la Sur, con su variedad de dificultades y sus rutas de 10 a 25 largos que alcanzan los 2850 metros sobre el nivel del mar.

Fernando Caballero
Anochecer en el fiordo

La vía Monzino del año 1956 fue la primera vía que se aperturó en la Torre Norte (Torre Monzino) y a su vez la primera en las tres torres, actualmente sus largos de máxima dificultad están graduados en V+; la Torre Central espero hasta el año 1963 para que Chris Bonington y Don William delinearan los 17 largos de su vía de VI y A1. El mismo año la vía Asti o de los Italianos de 25 largos de cuerda alcanzaba la cima de la Torre Sur (Torre De Agostini), actualmente la vía esta graduada en VI y A2. Hoy el valle de las Torres y el valle Francés reciben todos los años expediciones que tienen como propósito escalar un nuevo itinerario o alguna de las varias rutas que recorren sus paredes.

Para los amantes de la tierra firme y la naturaleza, el Paine los invita a disfrutar de todas estas formaciones geológicas desde abajo, en compañía de sus bosques, las vistas del cerro Paine Grande y los parajes espectaculares que abundan en el Parque Nacional. El manto de hielo milenario del glaciar Grey es uno de sus mayores atractivos, lo son también las travesías que lo atraviesan y la navegación de sus costas.

Acomodar la tienda a la sombra de estas paredes o acurrucarse al cobijo de los refugios siempre será un viaje de lujo para cualquiera, para aquel que disfruta de una vida plena con lo mínimo como para el que encuentra en las comodidades gran parte del encanto de un viaje.

Torres del Paine es un lugar único y especial al alcance de todos, caminantes y escaladores de toda filosofía, y sin duda, el mirador más esbelto y bello de Chile desde donde uno puede acariciar la arrugada belleza de la Patagonia y ese mar blanco de los hielos continentales que se proyecta sin descanso en la tierra de los fiordos y en el hogar de todo viento furioso.

Talladas en vértigo y roca, las Torres, los Cuernos y cada metro que suma hacia arriba en el Paine se eleva erguido, como si pudiera retar al viento de la Patagonia, como si fuera posible retar al destino de esta tierra de ensueño y belleza, al destino de las olas de sus aguas, al del vuelo de los cóndores de la Chile austral, o ¿porque no? a los anhelos de cientos de caminantes y de una elite de escaladores que sabe en definitiva donde ir a escalar.

La temporada en Chile recién comienza, sus mejores meses van de noviembre a marzo, y el Paine aguarda lleno de abundante belleza y un horizonte de extremo blanco, salpicado de vértigo y un lujo de esculturas de roca.

Texto y fotos: Fernando Caballero


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