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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 09 de Abril de 2003

Simone Moro sigue acumulando medallas

Por Angela Benavides  | 

El alpinista italiano sigue recibiendo menciones y medallas por su caballerosa acción en 2001 cuando realizaba la travesía Lhotse-Everest, y renunció a completarla por ayudar a un alpinista perdido; las últimas provienen del gobierno de su país y del Comité Olímpico Internacional

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En su vuelta al Everet, Simone posa ante la Pared del Lhotse, cuya travesía casi terminó 

La republica de Italia ha concedido la Medalla de Oro al Mérito Cívico al alpinista Simone Moro, por su “noble ejemplo de virtudes cívicas y espíritu de solidaridad ejemplar”. La medalla fue entregada por el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, según informa la web de the North Face.

Dos meses antes, el 9 de enero de este año, Simone recibió el reconocimiento de la Comisión para el Juego Limpio (Committee for Fair Play), un estamento reconocido por el COI, en forma del Trofeo internacional al Juego Limpio Pierre de Cubertin, que le fue entregado en una ceremonia celebrada en la sede de la UNESCO en Paris. Allí estuvieron presentes el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, el presidente del COI, Michael Rogge y más de 160 ministros del ramo de Deportes. Estas medallas y trofeos se suman al David A. Sowles Memorial Award, que Moro obtuvo del American Alpine Club en 2002, uniéndose a un elenco del que ya forman parte Anatoli Boukreev, Pete Athans o Ed viesturs., también galardonados por haber puesto en peligro sus vidas y sus objetivos a favor de ayudar a otras personas en la montaña.

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Simone Moro, siempre que puede, enlaza una expedición con otra 

En el momento en que Simone Moro decidió salir de su tienda para ayudar al Moribundo Tom Moores que, presa del agotamiento, había quedado fuera de la ruta e incapaz de moverse por encima del collado sur del Everest, estaba renunciando a conseguir una de las granes gestas del himalayismo, un ‘problema pendiente’ en la mente de los mejores, y del que el Italiano, junto al Kazajo Denis Urubko, había conseguido lo más difícil. Ayudar a Moores, pasar una noche con el a más de ocho mil y dejándole su saco, casi acaban con su propia vida; y sólo faltaba ‘rematar la faena’ de la Lhotse-Everest para empezar a , poniendo en peligro su propia vida. Así, dejó incompleto una actividad que le hubiera valido el reconocimiento deportivo al más alto nivel. Sin embargo, le ha convertido en una especie de figura ejemplar, que representa todos los valores del alpinismo (tal como todos desearíamos que fuese) y, por extensión , del deporte en general. No obtuvo el piolet de oro, pero en cambio, desde entonces, el eco de su actitud en la zona de la muerte ha llegado a organismos mucho más amplio, dando a conocer su nombre y figura, y recibiendo el reconocimiento de sectores e la sociedad y entidades que, por muy buen alpinista que fuese, nunca hubieran sabido de él sólo por méritos deportivos.

Y qué fue de…

Dos años después de aquellos acontecimientos, Simone Moro ha vuelto al Everest, acompañando a su amigo y muy veterano Mario Curnis, después de enlazar con el Cho Oyu. Sin previo aviso (algo muy común en Simone, que tiende a unirse a expediciones ya formadas cuando tiene tiempo y decidiendo más o menos sobre la marcha), el pasado verano se unió a la expedición internacional, una de tantas, que intentaban el K2 (ninguna de ellas pudo ni acercarse a la cumbre en un periodo de mal tiempo como se recuerdan pocos en el Karakorum).

Denis Urubko, el compañero de cordada de Simone en aquella Lhotse-Everest, renunció a terminar la travesía solo. No quería acabar sin Simone lo que habían empezado Juntos. Tampoco se sabe que el equipo haya vuelto a reunirse para hacer un nuevo intento. Desde Entonces, ha participado en varias expediciones aquí y allá, siendo la última de ellas el serio intento al K2 en pleno invierno, intento frustrado por el intensísimo temporal y la enfermedad de varios componentes del equipo, que lideraba el catorceochomilista polaco Krisztof Wielicki.

El británico Tom Moores, que cuando fue al Everest, formando parte de una expedición comercial, tenía sólo 19 años... y casi ninguna experiencia, aunque iba animado con la idea de ser el alpinista más joven sobre el techo del mundo, escapó milagrosamente entero de la experiencia. Un añl más tarde, anunciaba a los cuatro vientos que, en esa ocasión, intentaría ser el alpinista más joven en la cima del K2. Lo cierto es que no tenemos informes que confirmen que realmente viajó al Karakorum o que renunciase a sus proyectos.

Fotos: www.freeridespirit.com


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