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ACTUALIDAD | ENTREVISTAS | 05 de Septiembre de 2003

Chus Lago recuerda su odisea en el Pobeda

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Mientras se recupera de las congelaciones sufridas y del agotamiento fisico y mental que supuso una escalada r√°pida, pura, pero tambi√©n dram√°tica y con un descenso que puso a prueba todas las fuerzas de la alpinista gallega y de su compa√Īero Merab Kabhazi

Foto: Col. Chus Lago 
Chus Lago, llegando a la Arista Este del Pobeda 

Ante todo, y pese a todo tengo que decir que el Pobeda es una monta√Īa preciosa, una ascensi√≥n magnifica ‚Äú nos cuenta Chus desde su residencia en Vigo, donde descansa y atiende las congelaciones sufridas que, por suerte, evolucionan favorablemente. ‚ÄúPero tambi√©n tengo que decir que ha sido ingrata conmigo, que me ha costado tres ascensiones y el mayor esfuerzo que he realizado en toda mi vida de monta√Īera. Las congelaciones van bien, aunque mi dedo me√Īique y el pulgar del pie tengan un aspecto asqueroso. Me recuperar√©, pero ya he quedado tocada‚ÄĚ.

Tambi√©n, cuando todo ha pasado, es m√°s f√°cil recordar las cosas. ‚ÄúFue una expedici√≥n super r√°pida; en 15 d√≠as hab√≠amos aclimatado en el Khan tengri y alcanzado la cumbre del Pobeda. Y, francamente, yo comprob√© que he ido muy fuerte, muy bien entrenada, y haciendo tiempo fant√°sticos. Talvez eso me ha ayudado cuando llegaron los problemas el d√≠a de cumbre‚ÄĚ.

‚ÄúNo ten√≠amos pensado volver al Khan Tengri, no me apetec√≠a atravesar una zona que tiene demasiado expuesta a las avalanchas. Pero lo hicimos. Y de vuelta, en vez de descansar tres d√≠as, como estaba previsto, a los dos d√≠as nos pudo la impaciencia y nos lanzamos a por el Pobeda. Me di cuenta de que, pese a ir muy cargada, iba muy bien de fuerzas, y eso me anim√≥. Cargada con 20 kilos (y 25 que llevaba Merab), fui abriendo huella mucho tramo; aquello pintaba bien. Y eso que hab√≠amos cambiado en parte la ruta de subida. Para no seguir cargando, montamos nuestro √ļltimo campo a 6.800 metros Fue el Campo V a una hora y media o dos de la arista.

Pero hubo un accidente entre el campo III (a 5800) y el Campo IV (6400). Pr√°cticamente, muri√≥ delante de m√≠ un expedicionario brit√°nico. Ese d√≠a nos hicimos ochocientos metros de desnivel, 11 horas de marcha . Estos chicos bajaban de montar su campo IV, a 6100, y se dirig√≠an en aquel momento a descansar en el III Los detalles a√ļn son muy dolorosos de recordar. Simplemente se cay√≥, mientras descend√≠a por la cuerda fija, de vuelta de la cumbre, porque no se sujet√≥ a ella. No pude hacer nada, aunque pas√≥ deslizando cerca de donde yo estaba, pero ya muerto, a lo largo de 1500 metros. Que impotencia. Yo no pod√≠a evitar... la rabia; la rabia de ver morir a alguien que el d√≠a antes te saludaba sonriente, de no poder hacer nada y encima de tener que estar all√≠ y verlo todo.

Foto: Col. Chus Lago 
Chus, durante su aclimataci√≥n en el Khan Tengri 

Cuando lleg√≥ Merab a mi lado contact√≥ con el Campo base ‚Äďel llevaba la radio- para dar aviso, para subir a buscar al accidentado. Por si acaso, Merab se acerco a un precipicio para ver si por un casual se hab√≠a quedado en un resalte rocoso, no fue as√≠. Conjuntamente, fue m√°s f√°cil tomar la decisi√≥n de seguir adelante. Tambi√©n tuvimos que dar la triste noticia a su compa√Īero, que baj√≥ m√°s tarde sin saber nada de lo que hab√≠a ocurrido. Fue terrible. Sigues adelante y te empe√Īas en no pensar. Pero siempre queda...

Continuamos, aunque mi motivación noi etaba en su mejor momento. Merab estaba seguro de que debíamos proseguir, y yo me di cuenta de que llevaba razón, así que continuamos; cuando Merab se pone a subir, no para; de ahí la jornada maratoniana. Ahora, viendo todo en frío y de vuelta, pienso que tal vez deberíamos haber montado otro campo por encima del V, que nos hubiera sido fundamental en la bajada, pero entonces hicimos lo que creíamos correcto.

La idea fija era la cumbre, y cuanto antes. Pero para llegar allí hay que pasar una arista de tres kilómetros. El día de ataque, nos llevó cinco horas pasarla, que se sumaron a una jornada, en total, de 18 horas. Al llegar a la cima, yo estaba cansada, y se estaba levantando la ventisca, así que no perdimos tiempo. Tomamos las fotos de rigor, y emprendimos el regreso rápidamente. Tenía la mano insensible, por lo que sabía que no podía quedarme allí, sino bajar lo más deprisa posible. Pero en aquella arista no cabían las prisas; casi todo el rato íbamos asegurándonos a largos; creedme que no es un lugar para ir relajado. Y, de pronto, me agoté. Algo sin previo aviso, me quede sin fuerzas, se me agotaron las pilas, sin más. Y vi que no podía apenas caminar. Luego me han dicho que sufrí una fuerte deshidratación.

La situaci√≥n , en aquellos momentos, era clara. En mitad de la arista le dije a Merab que, si alguno de los dos ca√≠amos, no podr√≠amos parar la ca√≠da del otro,. Y que yo, sencillamente, no pod√≠a seguir bajando. As√≠ que, con esfuerzo, consegu√≠ convencer a mi compa√Īero para que me dejase all√≠, en la arista, a unos 7.000 metros, dispuesta a forzar un vivac en donde hab√≠amos dejado un hornillo. Al menos, el viento era menos fuerte. Merab me dijo que iba a nuestro √ļltimo campo y que volver√≠a con la tienda o un saco. Yo me qued√© all√≠, met√≠ los pies en la mochila, con la mano insensible, y me dispuse a pasar una de las noches m√°s largas de mi vida. No sab√≠a qu√© hacer para no dormirme; deb√≠ hacer unas doce mil abdominales.


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