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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 20 de Agosto de 2004

El amargo éxito de la Magic Line

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Hacía casi 20 años que el espolón sudoeste al K2 esperaba una repetición. El lunes, el catalán Jordi Corominas ponía fin a esa espera. Cinco hombres habían trabajado durante dos meses en la Magic Line y la habían vencido. Un éxito digno de todos los honores. Sin embargo, como tantas otras veces, la muerte esperaba en el descenso.

 
Manel de la Matta murió en el descenso, en el C1 

Toda parecía marchar sobre ruedas. Tras la cima, Corominas descendió por la ruta normal, la de los Abruzzo, hasta el Campo 3. Allí recuperó fuerzas y siguió bajando sin paradas hasta el Campo Base, a donde llegó el miércoles. Mientras tanto, por la Magic Line, Oscar Cadiach y Manel de la Matta deshacían el camino después de renunciar a la cima poco después de salir del Campo 4, el día del ataque final.

Entonces, De la Matta ya se había quejado de dolores en el abdomen y el pecho. Estaba cansado. Junto a Cadiach descendió del Campo 4 al 2. Iban lentos, pero los horarios eran los normales para dos alpinistas que bajan de un 8.000 después de varios días en la montaña. Sin embargo, del 2 al 1 se desató la crisis.

Los dolores abdominales de De la Matta se hacieron insoportables. Son alrededor de 15 horas las que invirtieron los dos montañeros en recorrer los 600 metros de desnivel que separan ambos campos. En el 1, De la Matta, agotado por el esfuerzo, no pudo soportar más el sufrimiento y murió en los brazos de Cadiach.

No es un accidente de montaña, ni siquiera el extenuamiento, lo que parece que terminó con la vida del alpinista catalán, sino la fatalidad de sufrir un cuadro de apendicitis, que el cansancio pudo agravar y acelerar hasta la peritonitis, a más de 7.000 metros de altura. “Cadiach no es médico, pero su descripción de los síntomas que tenía Manel nos hace creer que pudo ser eso lo que pasó”, señalaron fuentes cercanas a los montañeros.

 
La Magic Line recorre el espolón sudoeste 

Corminas todavía estaba en el Campo 3 cuando las señales de ayuda emitidas por el walkie de Cadiach, líder de la expedición, empezaron a llegar al Campo Base. Allí esperaba Valentí Giró, que enseguida se puso en marcha para salir en busca de sus compañeros. Tenía que subir hasta el Campo 1, ubicado en el Collado Negrotto, en pésimas condiciones meteorológicas y con un elevado riesgo de aludes, así que los dos porteadores de altura con los que pensaba iniciar el rescate se negaron en redondo a ascender.

Desde Benasque, Jordi Tosas, el quinto miembro de la expedición, que tuvo que abandonar Pakistán por motivos laborales, intentó convencer a Giró de que subir en esas circunstancias era un suicidio. Nada de ir para arriba sin hablar antes con él, advirtió a su compañero. Pero Giró no hizo caso, el miércoles a primera hora emprendió el camino por el glaciar Filippo hacia el Collado Negrotto, hasta que encontró a Cadiach.

Ahora, los dos alpinistas y Corominas se encuentran en perfectas condiciones en el Campo Base, después de llevar a cabo una de las actividades más relevantes de la temporada, si no la mejor. Sin embargo, el K2 se cobró el tributo que ningún montañero quiere pagar.

 
Es la primera repetición de la Magic Line 

El tesón de Corominas

La ascensión de Corominas tampoco estuvo exenta de sobresaltos. El día del ataque a cumbre, los tres alpinistas iniciaron su ascensión en torno a las cuatro de la mañana, ya que para superar ciertos tramos de la parte final del espolón, de gran dificultad técnica, es necesario tener luz.

Tras el abandono de Cadiach y De la Matta, Corominas se lanzó hacia arriba con absoluta decisión. Superó uno a uno todos los tramos complicados, hasta que en el último se encalló. Le costó más de lo que hubiera deseado desbloquear su mente, pero a las cuatro de la tarde contactó con sus compañeros para comunicarles que se encontraba a 100 metros de la cima, bajo las últimas rampas de nieve.

“Llamaré otra vez dentro de dos horas”, aseguró en aquel momento. Sin embargo, el tiempo acordado pasó y Corominas no llamó. Tres, cuatro horas. En el Base empezaron a asustarse. Finalmente, el alpinista volvió a ponerse en contacto con sus compañeros, pero sus noticias no eran tranquilizadoras. ¡Había recorrido 20 metros!

La nieve era muy profunda y le costaba mucho progresar, pero asegura que está bien y que continúa. El tiempo era bueno y el mismo K2 le protegía del viento. Eran las 12 de la noche cuando Corominas alcanzó la cima. Desde 1986, cuando el checo P. Bozik y los polacos P. Piasecki y W. Wrózi abrieron la vía, nadie había logrado subir al K2 por donde acababa de hacerlo el catalán.

Pese a que los temores por su estado físico eran cada vez mayores, Corominas no dio signos de fatiga. Más bien al contrario. Como estaba previsto, tras hacer cumbre inicia el descenso por la ruta de los Abruzzo. Pronto llego al C4, donde le acogió una expedición japonesa que había hecho cima por la Cesen. Todos le pidieron que se quedara allí a descansar, pero Corominas prefirió seguir bajando. Llegó hasta el 3 y todavía intentó continuar hasta el 2. Sin embargo, en ese momento se dio cuenta de que sus piernas empezaban a flaquear y decidió quedarse en el C3, donde durmió durante bastantes horas.

Tras el sueño reparador, Corominas no hizo paradas hasta el Base, a donde llegó el miércoles. Allí, en lugar de alegría y parabienes, sólo encontró amargura.

Fuente: Expedición K2 Magic Line 2004


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