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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 02 de Agosto de 2000

Waldemar Niclevicz hace cumbre en el K-2

Por Arancha Vega Rubio  | 

El pasado día 29 de julio, Waldemar Niclevicz y sus compañeros Marco Camandona y Abele Blanc, todos ellos miembros de la expedición brasileña, consiguieron hollar la cumbre del K-2.

Foto: Waldemar Niclevicz 
Camino del CBA desde el CB del K2 

El propio Waldemar nos ha enviado hoy este correo, después de culminar el descenso, desde el campo base.

“Estoy aquí, nuevamente en mi tienda en el campo base, a 5.100 metros de altitud, feliz, escribiendo apenas con una mano, mientras afuera continúa nevando. Nieva fuerte ahora, más de 20 cm. aquí en el campo base.

¿Por qué escribo con una mano?. Porque tengo los dedos de la otra congelados. Fue una noche fría después de la cumbre, que pasé dentro de una grieta, a 8.400 metros de altitud. Y cosas que sólo había visto en películas y leido en libros han acontecido conmigo. Pero no fue eso mucho más importante que nuestra conquista del K-2.

Partimos del campo base el día 26 con nuestros cuatro porteadores de altura.

Mi amigo meteorólogo Dani Ramírez (meteorólogo de barrabes.com) decía:
“cuatro días de ligera mejoría en el tiempo, tal vez una buena oportunidad para intentar llegar a la cumbre”. ¡Y se cumplió!.

¡Dani, muchas gracias!. Así, con cuatro días por delante, el primero salí del campo 1 y fui directo al campo 2 (6.700 metros).

El segundo día, 27 de julio, Abele Blanc y Marco Camandona, partieron de madrugada, directos desde el campo base para encontrarse conmigo en el campo 3 (7.450 metros).

Día difícil este, muchas cosas salieron mal. Poco después de salir del campo 2 ocurrió un accidente con nuestros porteadores. Uno de los cuales fue alcanzado por una piedra en la cabeza. ¡Dios mío, pensé!, el tiempo mejoraba y yo no quería descender. Al final dos de los porteadores acabaron descendiendo hasta los 7.100 metros llevando al compañero herido.

Seguimos, apenas con otro porteador, mas con poquísimos alimentos. Nosotros seguíamos, contentos, Iván y Fabrizio, de la expedición americana, nos dijeron que si queríamos podíamos usar una de las tres tiendas que días antes habían montado a 7.300 metros. Cuando llegamos allí, no había ninguna tienda, todas habían desaparecido abismo abajo, arrastradas por una avalancha.

Nuestros amigos estaban desconsolados, subimos un poco más hasta los 7.450 metros, dónde estaba situado el campo 3.

Foto: Waldemar Niclevicz 
Marco Camandona, Waldemar Niclevicz y Abele Blanc, recibiendo el parte metereológico de barrabes.com. 

El tiempo mejoraba cada vez más. El día 28 de julio seguimos entusiasmados, Abele, Marco y yo, rumbo a los ochomil metros. Terreno virgen por delante de nuestro, sin cuerdas fijas, sin una única huella. A 7.700 metros intentamos encontrar seis botellas de oxígeno que abandonamos en 1998 dentro de una tienda.

Búsqueda en vano. Eso significaba que íbamos a acometer la escalada sin el uso de oxígeno artificial. Algo muy difícil.

A 7.950 metros de altitud montamos nuestro campo 4. A las 23 horas del día 28 de julio se iniciaba el ataque final junto con el porteador Meherban Shah, uno de los cuatro paquistaníes que ya habían escalado el K-2.

Al final del “Cuello de botella”, 8.300 metros, era ya la décima vez que él se quejaba de frío, así que acabó regresando al campo 4. Más tarde, a las 4 horas y 30 minutos, Abele y Marco se juntaban conmigo cerca de los 8.400 metros. El sol nos enseñaba la “Travesía del japonés”, en cuanto un serac de casi 80 metros de altura amenazaba con caer sobre nuestra cabeza.

Por fin, lo verdadero la cumbre del K-2, eran las 15 horas 30 minutos, muy tarde. La nieve, siempre a la altura de las rodillas, atrasaba nuestra progresión, y además, estábamos sin el uso de oxígeno artificial. Pero por lo menos el tiempo estaba óptimo, sol y un cielo azul, sin viento. ¡Qué maravilla, teníamos que continuar! Y continuamos para llegar, Abele Blanc, Marco Camandona y yo, uno tras otro, a las 18 horas y 30 minutos del día 29 de julio, a lo alto del los 8.611 metros de altitud. ¡Abrazos emocionados!, ¡lo conseguimos, Dios mío, lo conseguimos!

A las 19 horas iniciamos el largo descenso, sobre un lindo atardecer.

¡Largo y terrible descenso!, Marco y yo perdemos la linterna. Abele iluminaba nuestro descenso con mucho cuidado, mas una linterna para tres era poco.

Abele y Marco se adelantan. Y a mi me entra sueño, a 8.400 metros de altitud, y busco abrigo en una grieta. Paso una noche de mucho frío, a 30 grados bajo cero.

Marco y Abele llegan a nuestra tienda a las 4 de la madrugada. A las 7 Abele se se asusta y grita “un fantasma”, era yo que también conseguía llegar al campo 4, vivo.

Nosotros tres descendemos y llegamos muy cansados al campo base. Estamos todos bien. Tengo principio de congelación en tres dedos de la mano izquierda, nada grave. La situación de Marco Camandona es más complicada, probablemente sufrirá la amputación de la punta de tres dedos de las manos. Abele, como siempre, está perfecto.

¡El K-2 continua imponente, casi imbatible!”


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