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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 28 de Julio de 2006

La expedición de Mayencos-GMAM al GII nos cuenta en primera persona su odisea en el descenso

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Kiko Borja sufrió una caída de 100 metros a 7.800 metros de altura que le provocó un esguince y una lesión de cervicales. Tras un vivac a esa altura, se consigue evacuarle en dos días al CB

Foto: Mayencos/GMAM 
En la cima 

Había rumores de que la expedición aragonesa al G-II había tenido problemas en el descenso tras la consecución de la cima. Hoy, el grupo polaco que providencialmente socorrió a Kiko en los primeros momentos, y que cedió parte de su material del C-IV para que los aragoneses pudieran vivaquear en mínimas condiciones a 8.000 metros, informaba a explorersweb de las circunstancias de la caída y del posterior operativo de rescate. Recibimos ahora la crónica en primera persona de Alberto Ayora, jefe de expedición, en la que nos narra los terribles momentos vividos en la montaña:

"Los acontecimientos se han precipitado. Jamás pensé, tras muchos años dedicados en cuerpo y alma a la montaña, que lloraría tanto al llegar al Campo Base. Nos cuesta confesarlo y creo que a todos nos ha pasado lo mismo: hemos vivido momentos amargos y muy duros, en los que hemos caminado en el verdadero filo de la sutil línea que separa la vida a uno u otro lado. No queremos ser trágicos, ni morbosos, pero hemos decidido contar la verdad de lo acontecido en estos días de finales de julio del 2006.

Es la hora de la verdad. Así pensaba comenzar la crónica con la que contaros que nos íbamos de nuevo para arriba tras un breve periodo de descanso. El buen tiempo y sobre todo una mentalización extraordinaria nos lanzan a todos de nuevo a la montaña sin apenas periodo de recuperación y sin tiempo de poder escribir una breve crónica donde reflejar nuestros sentimientos y estado de ánimo.

Con este cúmulo de sensaciones, que amparan la oscuridad de la noche y la soledad de la tienda de todo ochomilista antes del día del ataque a cima, partimos a las once de la noche del día 24 de julio los cuatro primeros miembros del grupo que vamos a intentarlo. Para no alarmar a las familias, ni siquiera hemos avisado de que éste es el día señalado. Conscientes de lo que nos jugamos, hemos comentado que sigue el buen tiempo y que volvemos a los campos de altura, a mejorar nuestra aclimatación, y que a lo mejor si nos encontramos fuertes podríamos intentar la cima…

Foto: Mayencos/GMAM 
En la arista cimera 

Día 25 de julio, día de Santiago, día de fiesta. A las 08:00 hora local, sé que lo hemos conseguido, contemplo extasiado a mi lado las cimas del GI, del Broad Peak, del K2. No hay viento, ni una nube en el horizonte, a mis pies todo el Karakorum. Son momentos mágicos, inenarrables, de alegría, de paz interior; son los instantes del objetivo cumplido. Poco a poco la cima va recibiendo más gente. A las 09:30 horas estamos todos, uno a uno, cada uno a su ritmo ha ido cumpliendo su sueño. Compartimos estos minutos con los miembros de una expedición polaca y con tranquilidad vamos haciendo las fotos de rigor.

Aunque la hora es magnífica y el tiempo excelente, sabemos que es el momento de iniciar el descenso. Son las 10.00 de la mañana. Rápidamente me lanzo hacia abajo, con cuidado; la pala de acceso a la arista cimera es delicada, es de una inclinación similar a la de nuestro conocido Tubo de la Zapatilla y son muchos los que se han caído en ella fruto del cansancio y de la hipoxia. Desciendo con facilidad; el calor comienza a notarse y me quito el mono de plumas. Continúo bajando y a las 11.30 h estoy en el Campo IV a 7.400 m comenzando a disfrutar de lo conseguido.

El sonido del walkie rompe el breve periodo de relajación: mi comandante, Kiko se ha caído y parece que no se puede mover. La voz de Fernando suena tranquila, pero el mensaje que acaba de lanzar al espacio etéreo recorre como un rayo toda la montaña, del Campo IV al Campo Base. En un instante todo ha cambiado. A 7850 metros, nuestro compañero ha caído 150 m. rodando por la pendiente helada, hasta que su caída es detenida al suavizarse la pendiente. Dos de los alpinistas polacos con los que compartíamos la cima se encuentran con Fernando e intentan incorporar al herido, sin embargo, parece que en la caída se ha lesionado las cervicales y sufre mareos que le impiden mantenerse en pie


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