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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 27 de Febrero de 2007

El ganador del piolet de Oro renuncia a su premio

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Marko Prezelj, el ganador del Piolet de Oro de este año, envía una carta a los medios para su publicación, en la que renuncia al premio que otorga la revista francesa Montagne Magazine. Considera que el alpinismo debe estar fuera de cualquier tipo de competitividad y juicio, y afirma que el único motivo por el que estuvo en la ceremonia de entrega fue para poder expresar su opinión acerca de este premio

Foto: Marko Prezelj 
Marko y Boris, en la cima del Chomo Lhari, actividad por la que fueron galardonados 

No son muchos los premios que se entregan en el mundo de la montaña. Y nunca han terminado de cuajar entre el colectivo de montañeros, como sí que han cuajado en otros ámbitos, por ejemplo el del cine. Es fácil ver las diferencias entre el mundo de la montaña y las inquietudes que mueven a los que la practican para entender el porqué de esto.

Probablemente, de todos los galardones que se celebran, el de mayor repercusión sea el Piolet de Oro, que entrega la revista francesa Montagnes Magazine. Este año ya se vio envuelto en polémica: la parte más alpinística del premio, el Grupo de Alta Montaña francés, que desde su creación velaba porque la voz de los montañeros estuviera presente, decidió retirarse del mismo un mes antes de su concesión por diferencias irreconciliables con los organizadores económicos del premio, la revista francesa.

Ahora este premio sufre un nuevo traspiés, al renunciar al mismo el ganador de este año, el esloveno Marko Prezelj. En esta lúcida carta que envía a los medios, expone sus opiniones acerca de la introducción de la competitividad en forma de premios en el mundo de la montaña y el alpinismo:

“Algunos me criticaron por participar en la ceremonia del Piolet de Oro este año. Ninguno de ellos estaba en Grenoble.

Participar en este circo me dio la oportunidad de presentar mi opinión acerca del premio. El tiempo dirá si esto fue o no un error.

No creo en los premios para el alpinismo, y mucho menos en los presentados por el público o los media. En la ceremonia pude ver y sentir el espíritu competitivo creado y fomentado por los organizadores del evento. La mayoría de escaladores rápidamente aceptaron este espíritu sin entender que estaban siendo empujados a una arena donde los espectadores desarrollan un drama y donde los ganadores y perdedores son juzgados.

No es posible juzgar la escalada de otra persona objetivamente: cada ascensión contiene muchas historias no contadas, influenciadas por las expectativas e ilusiones que se desarrollan mucho antes de poner un pie en la montaña. En alpinismo, incluso el juicio más personal es extremadamente subjetivo. Cuando volvemos de la montaña, recordamos diferentes momentos que ocurrieron en el momento exacto en el que tuvimos que tomar decisiones bajo la presión de múltiples factores.

Comparar diferentes escaladas no es posible sin algo parecido a un compromiso personal, y aún así es difícil. El año pasado escalé en Alaska, Patagonia y Tíbet. No puedo decidir cual de estas expediciones fue la más…¿la más qué?

Para explicar esto, durante la primera parte de la ceremonia, le pedí a un padre con varios hijos que decidiera cual era el mejor y cual el peor. No pudo contestar.

Puedo escoger el vino que tomo. La comida que como, los libros que leo o las películas que más me gustan, en un momento determinado, pero un jurado no puedo decidir cual es la mejor o peor para todo el mundo durante todo un año. Si un jurado escoge un solo ganador, automáticamente esto implica un perdedor: esto es la esencia de la competición. Y el primer puesto implica un segundo y un tercero. ¿Es el tercer puesto realmente peor, o bien simplemente el ganador se adaptó mejor al juego de la manipulación? ¿Exageraron la belleza de su ascensión de una forma más eficaz, supieron vender su producto mejor al jurado?

La idea de que los alpinistas se reúnan es positiva; sin embargo, no puedo apoyar la absurda idea de estos escaladores compitiendo en alpinismo. En la ceremonia del Piolet de Oro, hablé en contra de esta competición. Dije que el trofeo no es importante para mí, porque la elección de un ganador es subjetiva, como un concurso de belleza, y la influencia comercial en el evento es obvia y definitiva. Mi pobre inglés hizo que no fuera todo lo claro que quería ser.

Pero la historia del Piolet de oro deja claro que comparar escaladas (y los protagonistas de las mismas, con sus ideales) es un sinsentido, mucha más haciendo esto dentro de un calendario de un año. Si la comparación es imposible, ¿qué hacen los media y los espónsors presentando y promocionando este evento, y por qué? ¿Para aumentar las ventas? ¿Por fama?

En Eslovenia, para nombrar la fama usamos un nombre de mujer: Slava. Nuestros mayores suelen decir: “Slava je kurba” (la fama es una zorra): un día duerme con uno, y al siguiente con otro. La fama es una trampa creada por los media en la que el pagado de sí mismo pronto es atrapado y explotado, dándose cuenta demasiado tarde de que la verdad y el honor no viven en la misma casa que la notoriedad. Al público no le importan realmente los escaladores, que son meros eslabones en una incestuosa cadena que es alimentada por los media para promocionar o criticar de acuerdo a sus intereses. Los organizadores del Piolet de Oro saben y cuentan con un cruel hecho: siempre encontrarán gladiadores y payasos desesperados por representar su papel en el circo de la fama. La pregunta más interesante es: ¿es esto un reality show, o un culebrón?

Si la idea romántica del Piolet de Oro sobreviviera en el futuro, debería reconvertirse en una simple reunión de escaladores que intercambien ideas y compartan sus ilusiones, sus sueños y realidades. Quizás incluso puedan escalar juntos, sin ganadores ni perdedores. Si esto no es posible, habría que pedir a los organizadores que dejen de intentar introducir el espíritu competitivo en el alpinismo, y que empiecen a respetar a los alpinistas, sus diferencias humanas y sus ideas creativas que hacen del alpinismo una experiencia complicada y enriquecedora.

Pido disculpas si he ofendido a alguien que es adicto a la “señorita Fama”. Y finalmente, si los alpinistas son balas, y los media son rifles, ¿dónde está la diana?

Marko Prezelj
Kamnik, Eslovenia
Segunda semana de Febrero, 2007

Fuente: www.alpinist.com


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