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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 01 de Marzo de 2007

Cómo sobreviví a la matanza de Nangpa-La

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Una de las jóvenes tibetanas que iba en la caravana tiroteada en el paso de Nangpa-La, delante de todos los habitantes del campo base del Cho Oyu, el pasado 30 de Septiembre, cuenta su versión de los hechos, en un informe que recoge todos los testimonios gráficos y orales de la matanza. También incluye testimonios de alpinistas, testigos de los hechos, que fueron grabados por los chinos e intimidados posteriormente, y añade datos sobre la delicada situación de los detenidos

Foto: Jonathan Green 
3 niños que sobrevivieron a la matanza, en una escuela del Norte de India, en la actualidad 

Parece ser que lo ocurrido, según muestran los informes internacionales, es “normal border management” para la Policía china en Tíbet. En esta ocasión, sin embargo, la presencia de numerosos testigos internacionales, ya que tuvo lugar enfrente del masificado campo base del Cho Oyu, así como las múltiples grabaciones y fotografías de los himalayistas que intentaban ese pico, no dejan lugar a la duda y le han dado repercusión internacional. A fecha de hoy, el gobierno chino sigue admitiendo la matanza, pero aduce que fue en defensa propia. Algo que no se sostiene en vista de las pruebas, imágenes, y de los múltiples testigos. También se han denunciado torturas e internamientos de los detenidos, incluidos varios niños, ya que un detenido consiguió escapar. El parlamento holandés, por medio de su Ministro de Asuntos Exteriores, elevó una petición al gobierno chino acerca de la suerte de los niños detenidos. También exigió que los responsables de la matanza fueran detenidos, pero no obtuvo respuesta. Los gobiernos finlandés (en calidad de su presidencia de la UE) y canadiense también han condenado los asesinatos, y han interpelado al gobierno chino, con idéntica respuesta.

ICT (Internacional Campaign for Tibet) publica un completo informe que puede ser descargado en inglés aquí, acerca de estos asesinatos. Dentro de ellos, está el testimonio de una de las integrantes de la caravana, que sobrevivió a los disparos y no fue detenida. Una monja tibetana que cruzaba el Himalaya para ir a visitar al Dalai Lama, e intentar tener en India la educación que no tuvo en Tíbet:

“Decidí abandonar el Tíbet porque quería ver a Su Santidad el Dalai Lama.

Cuando era pequeña nunca pude ir a la escuela, porque no teníamos una donde vivíamos. Mi familia son granjeros. Así que ahora intentaba conseguir una educación en India. No intenté conseguir un pasaporte chino antes de abandonar el país porque aunque lo hubiera hecho no me habría sido concedido. En mi zona ha habido algunos tibetanos que han viajado a India, pero ninguno de ellos consiguió un pasaporte.

Conocí a nuestro guía justo antes de abandonar Lhasa, cuando montamos en el camión. Me dijeron que éramos 45 personas en la caravana a India, aunque no conté cuantos éramos en el camión. Pero posteriormente supe que el grupo lo componíamos 75 personas. Yo viajaba con Tenzin, la hermana de mi vecino, ya que su madre me pidió que la llevara conmigo. Posteriormente, conocí a otros miembros del grupo. Algunos de ellos habían pagado 5000 yuan (unos 650 dólares) al guía, otros 4500, y otros 3500. Yo pagué 4000 yuans (unos 515 dólares). Se comentaba que el guía cobraba más a los padres de los niños que iban en la caravana, ya que además de guiarles tenía que cuidar de ellos.

Cuando abandonamos Lhasa hacia la frontera, ya era de noche. Después de dos horas, nos bajamos del camión y empezamos a caminar. El guía nos dijo que nos llevaría 4 ó 5 días llegar a Nepal andando. Esto no era verdad. Algunas veces nos deteníamos durante la noche y andábamos durante el día, pero otras veces sólo podíamos andar de noche porque había campamentos militares cerca. A menudo estábamos sedientos y no teníamos ni una gota de agua para beber. Habíamos salido de Lhasa el día 18 de Septiembre, y no llegamos al Nangpa-La Pass hasta el 30 de Septiembre. Por aquel entonces, ya casi habíamos terminado nuestra comida, y tan solo nos quedaba algo de Tsampa. Nos tuvimos que esconder durante el día anterior al paso del collado, así que hervimos algo de agua y le añadimos la poca Tsampa que nos quedaba, y la compartimos todos.

Foto: expedición inglesa al Cho Oyu 
detenidos trasladados al campo base, entre ellos niños que son llevados a la espalda por otros detenidos 

El día 30 de Septiembre, temprano por la mañana, estábamos cerca del campamento de los escaladores. Nuestro guía nos advirtió de que había soldados chinos por los alrededores, y que debíamos tomar otra ruta, que era realmente peligrosa porque era roca muy pendiente. Así que el grupo se fue dividiendo. Podíamos oír a otros gritando por encima de nosotros que estaban perdidos, y el guía intentó localizarles para reunirnos todos otra vez. Unos 20 del grupo estaban perdidos. Después de un rato, el guía volvió y dijo que había buscado por todas partes, pero que no les encontraba, así que pensaba que los habían capturado. Dijo que teníamos que ir todo lo rápido que pudiéramos, porque sino los soldados nos seguirían, ahora que sabían positivamente que estábamos en la zona.

Así que empezamos a subir todo lo rápido posible hacia el collado, y entonces fue cuando vimos la nieve y el campamento de los alpinistas occidentales. Algunos del grupo se acercaron a las tiendas a pedir comida, y los extranjeros les dieron galletas y dulces. Mientras nos los comíamos, vino el guía y gritó: “rápido, corred, vienen los soldados”. Y entonces vi algunos militares. Así que corrimos. Estaba en el medio de la fila, y Tenzin venía detrás de mío. Le dije a ella que corriera tanto como pudiera, que se quitara la bolsa de la espalda y la tirara. Al principio no quería, porque me dijo que no tendría ropa extra para cambiarse, pero al final lo hizo. Entonces nos quedamos al final de la fila con otra chica, y los soldados parecían acercarse, y entonces pude oír como las balas silbaban en mis oídos. Me asusté mucho. Salimos corriendo en todas direcciones, algunos gateando. Tuve que ayudar a las dos chicas que venían conmigo, tirar de ellas, hacerlas correr.

Foto: expedición inglesa Cho Oyu 
Soldados chinos rodean el cadáver de una monja el día después de los disparos 

Vi a un hombre, que posteriormente fue capturado, y le grité que corriera, pero me dijo que no podía. Nos dijo que siguiéramos, que no le esperáramos. Después, miré hacía atrás y vi que esperaba a los soldados sentado en una piedra.

Nos escapamos del grupo, hacia una pequeña colina redondeada nevada, que estaba algo apartada del camino hacia el paso, y nos escondimos allí, cubiertas por la nieve, hasta que llegó la tarde, durante unas 5 horas. Sólo entonces me di cuenta de que una bala había atravesado mis pantalones, aún se puede ver el agujero. Pero no tenía ni un rasguño.

Después de eso, cuando nos pareció que ya no había soldados disparando, volvimos a la huella y nos encontramos con una monja muerta. Comprobamos si vivía o no, pero estaba muerta. Tan sólo con que hubiera podido andar 15 minutos más, habría podido cruzar el collado, pero un disparo la alcanzó. Intenté levantarle el brazo derecho, y vi que su pecho estaba lleno de sangre. La sangre podía verse muy bien en la nieve, porque ésta es tan blanca.

Conseguimos cruzar la frontera. Seguimos las huellas del grupo por la nieve profunda. Teníamos miedo de morir congeladas durante la noche. Llevaba una pequeña bolsa con Chakné conmigo (semillas bendecidas por lamas de diferentes monasterios). Era lo único comestible que llevábamos, porque habíamos perdido nuestras bolsas al huir. Nos las comimos, y eso nos ayudó y nos dio energía y fuerza. Pero a los pocos pasos, otra vez sentimos mareos y vértigos y casi nos caíamos. Incluso tratamos de comernos la nieve. Queríamos parar, pero sabíamos que si lo hacíamos moriríamos de frío.

Continuamos andando, pero no sabíamos donde estábamos. No notábamos los pies. Finalmente, alcanzamos un lugar sin nieve. Y después, llegamos a un pequeño puesto de té, en donde estaba el resto del grupo. Algunos tenían ceguera de nieve y no podían andar, y habían sido guiados por otros que llevaban gafas de sol. Tan solo 2 de los niños del grupo habían conseguido pasar, una de ellas de 7 años. Nuestro guía los contó antes de los disparos, y dijo que había 15 niños. No sé que les ocurrió.”

Más información: www.savetibet.org


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