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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 11 de Abril de 2007

50 años de la Ravier al Tozal del Mallo, primera gran escalada de Ordesa

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En la Pascua de 1.957, un grupo de 5 escaladores franceses, encabezados por Jean Ravier, cruzaba con sus esquís la frontera con la intención de ser los primeros en vencer la cara Sur del Tozal del Mallo. Tras 17 horas de escalada y 1 vivac, consiguen llegar a la cima, para desesperación de los aragoneses, que ansiaban ser los primeros en ascender las grandes paredes del valle. Comienza la gran historia de la escalada en Ordesa y el despertar del alpinismo de vanguardia en el Pirineo. Un antes y un después

Foto: Colección Ravier 
Jean Ravier, en la cima del Tozal tras acabar la escalada 

El 24 de Abril de 1.957, el Heraldo de Aragón publicaba lo siguiente:

“El airoso y arrogante paredón vertical del Tozal del Mallo, que se levanta sobre los bosques del valle de Ordesa, ha sido escalado por primera vez hace tres días”.

La lectura de la noticia provocó la desesperación de Rabadá, Montaner, Diaz, y de los demás miembros del grupo de escalada de Montañeros de Aragón, que tenían preparado un intento para Mayo a la Sur del Tozal. Eran años de conquista y descubrimiento de los territorios que hoy transitamos los demás, años pioneros y legendarios en donde se abrieron las primeras grandes vías en Riglos, la Oeste del Naranjo, Ordesa, y tantos otros lugares; como es lógico, esto provocaba ciertas rivalidades por ser los primeros, que en el caso de Ordesa y Riglos, se centraban entre aragoneses, catalanes y franceses.

Días más tarde, el presidente de Montañeros de Aragón recibía un comunicado de su homónimo del Club Alpino Francés, en el que se informaba del itinerario de la vía, la duración de la escalada y el material empleado.

Aprovechando las vacaciones de Pascua, Noël Blotti, Claude Dufourmantelle, Claude Jaccoux, Marcel Kahn y Jean Ravier, esta vez sin su inseparable gemelo Pierre, habían cruzado a Ordesa con sus esquís desde Gavarnie, con la intención de ser los primeros en abrir una ruta en la Sur del Tozal del Mallo, y por añadidura, la primera gran ruta en las inmensas y todavía vírgenes paredes del valle. No podemos dejar de sentir envidia y nostalgia de unos tiempos en los que el territorio escondía secretos, estaba inexplorado y todo estaba por hacer y por escalar. ¡Qué diferencia con nuestra época!.

Foto: Colección Ravier/Revista Altitude 
Los 5 en la cima, fotografiados por los turistas españoles 

Estos 5 escaladores consiguieron, tras 17 horas de escalada y 1 vivac, alcanzar la cima del Tozal el día 21 de Abril. Por aquel entonces, esta ruta se llamó “Vía de los franceses”, pero hoy en día, la conocemos por la Ravier al Tozal del Mallo. Sigue siendo una vía excepcional, llena de ambiente y compromiso, en uno de los territorios más comprometidos y éticos para la escalada del Sur de Europa, el paraíso de la escalada limpia y alpina.

Al llegar a la cima, unos turistas españoles que pasaban sus vacaciones en Casa Viu les esperaban asombrados, tras ver la noche anterior la luz de sus frontales en el vivac. Suponemos que son los mismos que avisaron a Heraldo de Aragón. Les tomaron la foto de cima que publicamos, en la que de izquierda a derecha vemos a Jean Ravier, Marcel Kahn, Noël Blotti, Claude Dufourmantelle y Claude Jaccoux.

Gracias a Jesús Vallés, que también se ha encargado de la traducción, recuperamos la crónica escrita por Jean Ravier que la Revue Pyrénéenne publicó en su número 99, de 1.957, narrando la ascensión. Nos llama mucho la atención el párrafo final, en el que descubrimos que alguien había intentado el ascenso por una ruta similar, ya que los escaladores encontraron las iniciales C.I. grabadas en la roca a 100 metros del suelo. ¿Quizás algún punto de la travesía Santacana, un intento del año 1.954 a la pared que terminó 35 metros a la izquierda de la Plaza Cataluña?

Según Rodríguez Pozo, en su libro "Ordesa, senderos de piedra", Jorge A. Gavín había reivindicado una ascensión anterior al Tozal, en 1.944, por zona muy cercana a la que emplearon los franceses, pero además de no coincidir las iniciales, nunca fue tomada por muy creible, y la historia la ha olvidado.

"Tozal del Mallo, por Jean Ravier

El Tozal del Mallo, o “Trono del Diablo”, se yergue en el célebre valle del Arazas. Domina, 1.000 metros más alto, el acogedor albergue de Casa Viu, adonde llega la carretera proveniente de Torla.

Todos los visitantes del valle de Arazas no pueden sino maravillarse por el Tozal, que proyecta por encima de los sombríos bosques de abetos su espléndida muralla de roca roja y dorada. Para los que vienen de Francia por la Brecha de Rolando, es a medida de su descenso sobre el valle, por el circo de Salarons, que el Tozal, al principio un promontorio, se individualiza poco a poco y revela su fantástico frontal.

Foto: Alex Puyó 
"Vía de los franceses", al Tozal del Mallo 

La fiesta de Pascua de este año Noël Blotti, Claude Dufourmantelle, Claude Jaccoux, Marcel Kahn y Jean Ravier, en dos cordadas, llegaban a la cima del Tozal por su cara sur. Venidos desde Francia con esquís y después de haber dormido en Casa Viu, comenzaron la escalada el sábado al amanecer. Desde el inicio la progresión se reveló muy difícil, la verticalidad y determinadas zonas extraplomadas de la pared exigían el empleo de muchos pitones. La noche les sorprendió a dos tercios de la muralla, en la base de una profunda chimenea y a la altura de unas pequeñas plataformas, únicas en la pared donde era posible sentarse, lo que permitió a los escaladores pasar una noche bastante confortable. El domingo por la mañana emprendieron la chimenea vertical que en una magnífica escalada libre los depositó en la cumbre a mediodía.

Fueron las luces de las linternas frontales las que alertaron, en la noche del sábado, a los turistas y visitantes que pernoctaban en el albergue de Casa Viu de la presencia de los escaladores en la pared del Tozal, y varios de ellos, que pasaban allí sus vacaciones de Pascua, subieron al día siguiente por el sendero de Salarons para esperar en la cima a los franceses y expresarles su entusiasmo. Por estas anécdotas, esta conquista tuvo una fuerte resonancia en España.

Se trata de una bellísima escalada de unos 300 metros de altura, y dificultad muy sostenida, y que no tiene equivalente en el lado francés de los Pirineos. Casi un centenar de pitones fueron clavados durante las 17 horas de ascensión. La sensación de vacío es extraordinaria.

El Tozal había sido revelado a los escaladores franceses, sobretodo por el dibujo de cubierta de la guía de Robert Ollivier. Hubo sin duda varias tentativas de remontar esta pared, de una de ellas quedan como prueba las iniciales “C.I.” grabadas en la roca a un centenar de metros de la Base

Jean Ravier, Revue Pyrénéenne, nº99"

Dos meses y 7 días después, el 28 de Junio, los aragoneses Rabadá, Montaner, Bescós y Diaz se desplazan a Ordesa con la intención de repetir la vía. Tras 22 horas y un vivac, lo consiguieron. Franceses y españoles catalogan como de 6º la vía, que por aquel entonces era el mayor grado posible, y englobaba el artificial.

La importancia de esta ascensión fue tremenda. No sólo porque fue el primer gran hito de la escalada en Ordesa, y el punto de partida de la escalada moderna en el Pirineo, sino por una consecuencia colateral imprevista. Cuando los aragoneses repitieron la vía, se encontraron con que los franceses habían abandonado en la pared 35 pitones, por supuesto de fábrica, no caseros, como los que ellos usaban. Recién salidos de la dura posguerra española, esto era inimaginable, aquí jamás se abandonaba nada. Pensamos que quizás las 5 horas de más que Rabadá y sus compañeros emplearon en la escalada respecto al grupo francés se debieron al tiempo que perdieron extrayendo estos pitones. Esto hizo que los escaladores del sur de los Pirineos descubrieran que una buena forma de conseguir material era repetir vías en donde los franceses escalaran. Y por esta circunstancia, empezaron a ampliar su territorio, a pasar a Francia más a menudo. Y que duda cabe que esto ayudó a que rompieran su aislamiento y se incorporaran a las nuevas corrientes y técnicas que por aquel entonces surgían en Europa.


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