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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 21 de Septiembre de 1999

Los más viejos de Europa, los tresmiles del Pirineo

Por Arancha Vega Rubio  | 

Doscientos doce picos de más de tres mil metros se elevan en la cordillera que une Francia y España. El pirineismo no es tanto la ascensión de los "más altos", como el conocimiento de la flora, la fauna, los pueblo y las costumbres de los habitantes de sus valles y montañas.

 

Hipólito Maeso es un montañero que desde hace más de veinte años dedica parte de sus vacaciones a realizar alguna ascensión en esta vieja cordillera. Este año se planteó un reto más ambicioso, conseguir las cimas de los 212 picos que superan la barrera de los tres mil metros, en un mes.

La cordillera ejerce de barrera entre dos países, pero a la vez entre un mar y un océano. Esta situación influye tanto en su clima, como en las especies naturales que la pueblan. En las frías aguas de los torrentes de los Pirineos se bañan desde nutrias y tritones hasta jabalíes. Y para ver estos animales empezaremos una travesía en la que nos acompañarán fresnos y abedules, arbusto y boj. Enseguida empezaremos a ascender y constataremos cómo la influencia del clima de alta montaña aúna las peculiares características del Mediterráneo y el Atlántico. Robles, hayas y chopos serán escondite de ardillas y salamandras. Aún más arriba abetos y pinos negros mezclados entre arbustos de bayas enmarcarán el sonido de las truchas y las ranas de los ibones. Siguiendo al ganado -vacas y ovejas- llegaremos a los puertos de montaña, extensos pastizales desde donde se puede ver dibujada, a lo lejos, la silueta de los sarrios en las crestas de las montañas vecinas. Así se presentará ante nosotros la frontera de los tresmiles, donde sólo existe el musgo y la roca, la nieve y los buitres, más altos que nadie, vigilando nuestras montañas. Hipólito ha podido ir disfrutando de toda una lección de naturaleza durante 35 días. Los colores difuminados del amanecer daban paso a los verdes brillantes de la mañana y, a veces, a los grises de las tormentas que le han acompañado la mayoría de los días.

Foto: Colección Hipólito Maeso 
Aneto desde la aguja de Franquevillé. 

Su primer objetivo fue la zona de Balaitus donde se encuentran los 18 tresmiles más viejos del Pirineo. La Torre de Costerillou, una de las crestas graníticas del Balaitous, es considerada como la más aérea y difícil de los tresmiles del Pirineo. Las tres noches que tardó en hollar sus cimas, las pasó en el refugio Respomuso y la última en el de Casa de Piedra. Un día de marcha le llevó hasta la zona del Vignemale y sus 16 tresmiles que forman un circo en torno al Glaciar de Ossoue y que, Henry Russell, convirtió en residencia veraniega después de obtener una concesión de propiedad por 99 años en 1.887.

Desde allí Hipólito anduvo, después de pasar la noche en Gavarnie, hasta Monte Perdido y, al día siguiente se dedicó al Marboré y a otros picos menores. El mal tiempo le propició un descanso obligado en el refugio de la Brecha antes de poder afrontar el Monte Perdido y el resto de los tresmiles de la zona que, en total, suman 22. El Monte Perdido es la tercera montaña más alta del Pirineo; a finales del siglo XIX se creía que su cima era el punto más alto, de ahí que hubiera tantos intentos por conquistarla, cosa que marcó los orígenes del pirineismo.

Foto: Colección Hipólito Maeso 
Torre y casco desde la cumbre de Marboré. 

Tras nueve días de montañismo se imponía un descanso. No es bueno forzar los músculos porque al final acaban pasando factura, por eso, antes de afrontar los 6 tresmiles de la Munia y el alejado sector del Pic Long, realizó un descanso en el refugio de Pineta, en Ordesa.

La ascensión de estos 212 picos no tiene gran dificultad, la mayoría de los pasos están entre el Fácil y el Poco Difícil (I y II+ según la UIAA). Son muy pocos los picos que tienen algún paso más complicado y, entre ellos, la Torre de Costerillou o la Aguja de Salenques. La máxima dificultad en una travesía como esta llega por parte de la meteorología y de la condición física de la propia persona. De hecho, Hipólito nos cuenta como a causa de la lluvia, la niebla, e incluso el viento algunas veces se perdió o tomó el camino equivocado para llegar a un pico.

Al descender del Pico de Neuville y comenzar la aproximación hasta el sector del Gran Bachimala una intensa tormenta obligó a Hipólito a vivaquear en una cabaña de pastores en Frédançon. Esta zona tiene un relieve bastante suave, lo que facilitó que en otra época fuera uno de los puntos de comunicación más importantes. Prueba de ello es la lengua del Valle de Gistaín, con expresiones de origen catalán, castellano, gascón y francés. Nueve picos principales y cuatro secundarios acercaron a nuestro protagonista al Valle de Benasque. Primero la zona de Posets cuyo pico principal constituye la segunda elevación de la cordillera y, de ahí, al Perdiguero, donde se concentra el mayor número de tresmiles, 27 en total. Ese esfuerzo se merecía un segundo descanso.

Foto: Colección Hipólito Maeso 
Picos del Infierno. 

Éstos fueron días de buen tiempo, lo que le permitió recordar a Hipólito que era verano y que no es el único que adora los Pirineos. La ascensión al Aneto estuvo acompañada por bastante gente, pero de nuevo recuperó la soledad en el vivac que realizó en la cumbre, donde previamente había dejado preparado un avituallamiento. En un vagabundeo, antes de meterse dentro del saco, encontró la reproducción de la imagen de la Virgen del Pilar -por aquel entonces desaparecida-. Como pudo la situó sobre un promontorio, unos veinte metros por debajo de la cumbre de la cresta sur, donde fue hallada días más tarde. Cinco días tardó para terminar la ascensión en la zona del Aneto, coronando 20 cimas principales y 26 secundarias.

Ya sólo quedaban 13 picos para acabar el proyecto, siete en el sector de Comaloforno y seis en la Pica d"Estats de donde la montaña más alta de Cataluña toma su nombre.

Treinta y cinco días en total le llevó a Hipólito Maeso realizar este bello proyecto. Como él dice, lo importante no es la velocidad, ya que se puede realizar en menos tiempo, sino la satisfacción de estar un mes en la montaña observando los Pirineos desde todas las cumbres más altas.


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