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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 16 de Junio de 1999

Alaska, donde el hielo del Mackinley se funde en el ártico

Por Arancha Vega Rubio  | 

"Cuando estás día y medio sin poder moverte de la tienda, sólo pensando, es cuando tu estado anímico se viene abajo."

 
Paisaje de Alaska. 

Eduardo Cuber Cabrera acaba de llegar de Alaska y nos ha contado su aventura: un intento al McKinley (6.194 metros) y un paseo por los fiordos. Eduardo, Enrique Llonch Casasanpera y Luis Cobo Quesada se tuvieron que dar la vuelta a 890 metros de la cima. Un dato curioso de este equipo es que Luis se apuntó a la expedición mediante un correo a la sección de expediciones. Salieron el 15 de mayo desde Barcelona. Pasaron por Amsterdam, Seattle y llegaron a la capital de Alaska, Anchorage. Allí compraron la comida que les faltaba, en su mayoría liofilizada, aunque también algunas latas.

El 17 Llegaron a Talkeetna (un pueblo muy pequeño que tiene varias compañías de avionetas), allí acabaron de formalizar los permisos en la oficina de los Rangers y anunciaron el día de regreso. Cogieron la avioneta que tenían alquilada y pusieron rumbo al glaciar, adonde llegaron a las seis de la tarde. Ahí, en el campo base, se proveyeron de combustible, trineos… Y a las once de la noche llegaron al Campo 1, preparado con paredes de hielo para resguardar las tiendas y situado a 2.400 metros. Por esas fechas había más de 1.500 personas en el parque nacional. Hasta entonces el tiempo era excelente.

 
Camino del C4. 

No se despertaron hasta que el sol estaba ya alto en el cielo. Es una época en la que no llega a hacerse de noche, por lo que hay claridad durante las 24 horas. Estaban a unos 11 grados bajo cero y se fueron hacia el C2, a 3.000 metros. Encontraron mucha gente realizando la ascensión de diferentes nacionalidades. Por error se pasaron de largo el C2 y lo montaron a 3.102 metros.

El día siguiente fue el más corto porque como habían adelantado el C2, sólo tuvieron que andar durante una hora y media hasta el C3, a 3.400 metros. La nieve estaba relativamente bien para andar, pero por la huella utilizaban los crampones, porque con el paso de todos los trineos se había helada.

El día 21 Llegaron al C4. La tarde anterior, habían realizado un porteo de comida a 4.200 metros y lo habían enterrado en la nieve, señalizando el sitio. Al C4 llegaron muy cansados porque tuvieron que superar un desnivel de 900 metros arrastrando los trineos. En el C4 enterraron el trineo y se prepararon para el ataque a la cumbre. Una ascensión de 1.800 metros de desnivel que se puede realizar en un día y medio, si todo va bien.

Una vez allí deciden estar dos días antes de atacar para comer y beber en condiciones y así aclimatarse bien. Durante el segundo día en el C4, el tiempo empieza a fallar y la temperatura llega hasta los 24º bajo cero, pero aún así salen a buscar el porteo que habían subido el día 20.

 
Westbuttres, camino del C5. 

El día 24 se plantean aprovisionar el C5, pero llegan días malos. Los rangers dan partes del tiempo poco precisos. "Hay un 50% de probabilidades de buen tiempo", ese fue uno de sus partes. Hay demasiada gente esperando llegar a la cima; con una mala previsión algunos deciden regresar por falta de comida o porque ya llevan demasiados días encerrados en la tienda. Según Eduardo, "había más españoles allí arriba, pero no había ocasión de conocerse", porque sólo salían de la tienda cuando el cuerpo lo exigía. Uno de esos días en los que parecía que podrían ver el sol, subieron el tramo de la Headwall para aclimatarse. Ésta es una pared por la que se sube hasta 5.000 metros de altitud mediante cuerdas fijas instaladas. Es un método de precaución, sobre todo para la bajada. En la cumbre se calculaban 50º bajo cero y vientos huracanados, deciden volver sobre sus pasos.

Cansados de estar encerrados acuerdan subir al C5 al menor indicio de buen tiempo. Ese momento llega durante el día 27. Suben por la Westbuttres (arista oeste) que empieza después de la Headwall. La progresión se detiene a 5.300 metros. Es un lugar inhóspito, muy cerrado y sin opciones. Llegan derrengados. Durante la ascensión llevaban toda la carga encima y les cuesta más de 8 horas superar un desnivel de 1.000 metros. Comienzan a cavar en la nieve para preparar el campamento, pero ya no les quedan fuerzas y además están muertos de frío. Montan rápidamente la tienda para guarecerse, pero tampoco lo consiguen hacer en un tiempo récord; los elásticos de las varillas están congelados y han cedido. Deben repararlas con cinta aislante lo que se traduce en una hora antes de conseguir meterse en la tienda. Se han quedado como pollos. Están tan agotados que ni cenan, ni funden nieve ni nada. El saco es el único lugar donde se está caliente. Dentro de la tienda están a -28º.

Como consecuencia de la falta de hidratación y alimento al día siguiente Luis se despierta un poco tocado. Aprovechan para comer y beber con intención de hacer cumbre durante ese día, el 28 de mayo. Al final resulta imposible.

 
Después de montar las tiendas en el C5. 

Parece que a las 2:00 de la mañana del sábado 29 el tiempo ha mejorado y deciden la ascensión. Esta vez no van a pecar de falta de alimento. Desayunan, se visten (una tarea muy lenta), calientan las botas… Han tardado dos horas y el cielo se ha vuelto a cerrar, no se ve ni el camino. Otra vez para adentro, a esperar. Unas horas más tarde hablan con otros españoles que llevaban acampados en el C5 los mismos días que ellos y con los que todavía no habían cruzado palabra. Éstos les informan de que la previsión sigue siendo mala y de que además, ha aumentado el riesgo de aludes en los C4, donde habían enterrado el trineo. Para evitar males mayores, los rangers estaban pensando en trasladar el C4… Esto significa que la expedición de Cuber, Cobo y Llonch probablemente no encontraría el resto del equipo enterrado. Como se estaba acabando la comida, el tiempo y ya estaban un poco debilitados, a las cuatro de la tarde toman la decisión de bajar. Desmontan todo y descienden hasta el C4, donde se habían dejado notar las nevadas.

El 30 llegan al Campo Base a las 11 de la noche. Al día siguiente la avioneta les recoge con un día espléndido y llegan a la capital, Anchorage.

Aún les quedan cuatro días, así que, antes de coger el avión para España decidieron aprovechar y darse una vuelta por los fiordos de la Península de Kenai.

Montados en un tren que recorre Alaska de sur a norte hasta el Círculo Polar, tomaron la dirección sur hasta Seward. Allí se encuentra la Bahía de Resurrección, y es donde veranean las ballenas (grises, orcas, leones marinos, delfines…) Para llegar hasta aquí, primero atravesaron 120 Km. de paisajes "alucinantes", según palabras de Eduardo. Tras la ventana del tren se mezclaba el mar, con el verde, con la nieve y con los bosques; esa pantalla de cristal ofrecía un gran contraste a medida que avanzaban.

 
Puerto de Seward (Bahía de Resurrección). 

Después del tren, el barco; después de la montaña, el mar. Hicieron un crucero de 6 horas por los fiordos que les llevó hasta el glaciar Holgate. Impresionante. Se veían caer los pequeños trozos de glaciar al mar con un ruido ensordecedor. La vuelta a Anchorage la hicieron en autobús, pero primero dieron un paseo por el monte Maratón. Antes de subir recibieron un aviso, era una ambulancia; había ido a buscar a un turista que acababa de ser atacado por un oso. Los tres subieron aplaudiendo, gritando y vociferando, era uno de los consejos para espantar a los osos. Aunque no se toparon con ninguno, les pareció ver, como mínimo cinco.

Después de estas vacaciones de 21 días han regresado con el sentimiento de haber pasado una buena aventura. No lograron la cima, pero los medios de transporte, el paisaje, el frío, los compañeros -hasta el aeropuerto casi desconocidos-, todo junto ha acentuado la sensación de aventura en los tres.


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