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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 05 de Febrero de 2001

Nanga Parbat 1953: La voluntad de un hombre frente a una montaña

Por Arancha Vega Rubio  | 

La novena cima más alta del mundo se eleva majestuosa en el extremo más occidental del Himalaya. Sus 8.125 metros de altura encierran la historia de una de las hazañas más importantes de la historia del alpinismo, la primera ascensión de Hermann Buhl.

 
El alpinista austriaco Hermann Buhl, famoso por sus ascensiones en solo en los Alpes 

El Nanga Parbat, un formidable macizo que recorre más de 25 kilómetros de distancia, cuenta en su haber con algunas de las más comprometidas rutas y numerosos peligros potenciales, resultado de sus inestables glaciares, de frecuentes tormentas y de las no menos usuales avalanchas. Antes de ser ascendida por primera vez, 31 personas murieron intentando conquistarla. No fue hasta 1953 cuando un austriaco llamado Hermann Buhl lograra alcanzar la cumbre ascendiendo los últimos 1.300 metros en solitario. Esta es la increíble historia de su extraordinaria ascensión:

Corría el año 53 cuando el Nanga volvía a despertar interés entre los alemanes (en esa época la conquista de las grandes montañas se había convertido en asuntos de Estado). En un primer momento se consideró al Nanga Parbat como el más sencillo de los ochomiles a la hora de ser escalado: un error fatal, ya que esta colosal pirámide de hielo fue el escenario de algunas de las peores tragedias del mundo del alpinismo: sumaban 31 las víctimas contabilizadas en accidentes mortales ocurridos mientras intentaban alcanzar su cumbre.

El líder de la expedición germano-austriaca del 53, el Dr. Karl Herrligkoffer, reclutó un equipo heterógeneo formado, entre otros, por los "veteranos" del Himalaya Aschenbrenner y Frauenberger y por una pareja de jóvenes escaladores muy famosa por sus actividades en los Alpes: Buhl y Rainer.

 
El macizo del Nanga Parbat, visto desde Fairy Meadows (3.200 m) 

La expedición comenzó sin problemas y todo siguió su curso, estableciendo el Campo Base a finales de mayo. Los Campos I al IV fueron instalados y las tiendas y el material fueron transportados sin problemas. Sin embargo, los ataques a cumbre se tenían que ir posponiendo continuamente debido a las fuertes nevadas y a las inestables condiciones meteorológicas, por lo que, el 30 de junio y sin haber llegado siquiera a la altura alcanzada en la expedición de 1932, Herrligkoffer ordenaba descender a todos los montañeros que se encontrasen en los campamentos de altura hasta el Base.

Pero al día siguiente el tiempo cambió, cuando Buhl, Kampter, Frauenbergar y el cámara Ertl todavía estaban en los campos de altura. Habían desobedecido las órdenes del líder de la expedición, ya que no estaban dispuestos a abandonar la ascensión, no tan pronto.

Así, el 2 de julio Buhl, y Kempter instalaron el Campo V (6.900 m) en el Collado cercano a la Silla de Plata (7.450 m), mientras que Ertl y Fruenberger volvieron al IV. Ya que las condiciones climatológicas parecían haberse estabilizado, Buhl decidió llevar a cabo su plan, consistente en ascender lo antes posible hasta la Silla y el gran plateau que se abría encima de ella. Desde ese punto estratégico podría alcanzar la cima de la Cumbre Norte, para que de ese modo el "honor" de la expedición quedase salvado. Además, su fuerza y resistencia, demostradas en las ascensiones en solo en los Alpes era por lo que más se le conocía, y ese, pensó, era el momento y el lugar idóneo para llevarlas al límite y utilizarlas al máximo.

 
La "Silver Saddle" o Silla plateada, situada a 7.450 metros de altura en el Nanga Parbat (8.125 m) 

A la 1 de la madrugada del 3 de julio, Hermann Buhl dejaba el Campo V para seguir ascendiendo rumbo a la cima del Nanga Parbat. Su compañero de expedición, Kempter, seguiría sus pasos una hora más tarde, avanzando por las laderas de la montaña en medio de unas buenas condiciones de la nieve y una noche muy despejada. A las 5 de la mañana el alpinista austriaco alcanzaba la Silla de Plata y recorría los 3 kilómetros del gran plateau. Agotado, repuso fuerzas y dejó la mochila, para continuar la ascensión inmediatamente. Para cuando Kempter llegó al plateau, Buhl se encontraba ya muy lejos y seguía avanzando a muy buen ritmo, por lo que, convencido de que nunca le daría alcance, inició el descenso hacia el Campo V.

Buhl alcanzó el collado anterior a la cima, situado a 7.800 metros, a las 2 p.m. Tenía por delante la parte técnicamente más difícil de la escalada, con unos 300 metros finales que se le antojaban nada atractivos ni prometedores. Pese al esfuerzo realizado decidió, sin embargo, continuar. Tomó un estimulante (Pertvin) y comenzó a ascender por la sección rocosa, constatando las malas impresiones que este tramo le habían causado: efectivamente, era muy difícil y le llevó mucho tiempo el superarlo.

A las 6:00 p.m Buhl llegaba al hombro y una hora después pisaba la cumbre, con un día claro y tranquilo como únicos testigos de su hazaña: el capítulo Nanga Parbat había sido cerrado gracias a la voluntad de un solo hombre.

Durante el rato que permaneció en la cumbre, el sol empezaba a ocultarse tras las montañas, dándole el tiempo justo para clavar su piolet con banderas paquistaníes y tirolesas y hacer algunas fotos. Cuando inició el descenso ya era noche cerrada. Algunos metros más abajo, todavía en la "zona de la muerte", por encima de los 8.000 y sobre una estrecha cornisa situada bajo el hombro, Hermann se dispuso a pasar la noche, sin saco, ni nada del material que había abandonado en el plateau horas antes.

 
Ertl, cámara de la expedición de 1953, en el Campo V (6.900 m) mira hacia la cumbre del Nanga Parbat, donde su compañero Hermann Buhl se había dirigido el día anterior. 

Al mismo tiempo, pero varios cientos de metros más abajo, dos miembros de la expedición pasaban la noche en muy diferentes condiciones: Kempter y Frauenberger, refugiados en sus tiendas del Campo V esperaban ansiosos, preguntándose acerca del paradero de Buhl.

Tumbado en su precario vivac, el alpinista aguantaría desde las 9:00 p.m hasta las 4:00 a.m, pero la sensibilidad de sus pies empezaba a desvanecerse rápidamente. Continuó, a pesar de todo, el descenso, bajando por el Collado en lo que significaría un tremendo y agotador esfuerzo que le obligó a tomar una nueva dosis de Pertvin. Gracias a ella pudo alcanzar el gran plateau y su mochila, pero Buhl no se encontraba ya en condiciones de ingerir agua ni comida. Bajo el ardiente sol y preso por alucinaciones avanzó como pudo, ingiriendo una última dosis que movilizó sus últimos recursos y le ayudaría a llegar, una hora y media más tarde, hasta la Silla de Plata.

Mientras tanto, Kempter había descendido al Campo IV y Ertl y Frauenberger, que se encontraban erigiendo una placa conmemorativa de la expedición de 1938, no dejaban de mirar hacia la Silla, esperando algo a todas luces imposible. Planeaban esperar un día más antes de subir a buscar a Buhl...o a su cadáver.

 
Hermann Buhl, 41 horas después de haber salido de su tienda en el Campo V rumbo a la cima del Nanga Parbat 

Frauenberger volvió al emplazamiento en que habían situado la placa para asegurarla mejor, cuando creyó observar un pequeño punto que se movía en la Silla...no cabía duda, era Hermann, ¡¡y había sobrevivido!!

La ascensión del alpinista austríaco a la cima del Nanga Parbat refleja con toda precisión su estilo alpinístico: total concentración en su objetivo y asunción de enormes riesgos a la hora de intentar conseguirlo. Buhl tuvo mucha suerte al salir con vida con tan solo algunas congelaciones en los pies después de realizar una empresa de tamañas proporciones.

Cuatro años más tarde volvía a dar muestras de su calidad como alpinista al demostrar, junto a sus compañeros de expedición al Broad Peak (8.047 m) que se podía coronar la cima de un ochomil sin la ayuda de los porteadores de altura.

Esa sería su última cumbre ya que algunos días más tarde murió en un accidente mientras intentaba, en compañía de Kurt Diemberger, ascender el Chogolisa.


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