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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 22 de Febrero de 2001

Crónica de una expedición muy especial: la selva amazónica en globo aerostático.

Por Arancha Vega Rubio  | 

Remonta el Amazonas con las imágenes de la Expedición Turpial: 350 km en globo sobre uno de los territorios más salvajes e inexplorados de la Tierra.

 
Detalle del recorrido efectuado por los expedicionarios de Turpial en la Amazonía 

El miércoles 18 de enero los expedicionarios de Turpial comenzaban un alucinante viaje que les llevaría a lo más profundo de la selva amazónica; una aventura que durante un mes les ha conducido río arriba, montados en globo, por el Amazonas.

La expedición, formada por tres globos aerostáticos de aire caliente de 2.000 metros cúbicos cada uno, con capacidad para un piloto y dos tripulantes, ha realizado más de 19 vuelos, recorriendo 350 km de selva,ríos y canales en su mayoría vírgenes. Os presentamos la crónica de las dos últimos semanas de expedición, en las que llevaron a cabo la parte principal de la travesía y durante las que los pilotos de aerostato y el equipo de rescate de tierra se vieron obligados a demostrar constantemente sus conocimientos y pericia.

4-febrero-2001

16.30 h El vuelo número trece y el catorce...

 
Uno de los tres globos que formaban la expedición en pleno despegue 

Nadie sabia aún si estos vuelos se harían hoy por la tarde o habría que esperar a la mañana siguiente. Pero una cosa si estaba clara cuando miré los ojos brillantes de malicia de Angel. En caso de volar, se aterrizaría en la selva por pocas oportunidades que se presentasen. El globo de Miquel fue el primero que dejó atrás la playa, seguido a los dos o tres minutos por el globo de Angel. Este momento tan esperado por fin llega y cuando quieres reaccionar ya estás a 350 metros del suelo viendo como el barco se hace pequeño y una lancha surca las aguas hacia el lado izquierdo del río. El globo de Angel empieza un baile en el cual tan pronto está por debajo del nuestro como por encima. A esta poca altura, la selva y el archipiélago de Mariua aparecen en todo su esplendor. La tarde, aunque la visibilidad es buena, no tiene esa luminosidad salvaje que da armonía al paisaje. El viento no es muy fuerte y nos da tiempo a observar detalles de las islas que sobrevolamos. De hecho hay poca tierra firme y los tupidos árboles crecen con las raíces enterradas en el agua.

Con todo, las tonalidades del verde combinan hasta la perfección con el negro color del agua de los canales del río Negro. De vez en cuando miro a Miquel y lo veo absorto con la radio. El y Angel van barajando las posibilidades de un aterrizaje en la selva. Para ellos este vuelo será corto, pienso yo. Además el paisaje no presenta ni playas ni claros entre árboles...

Durante cinco minutos nos dedicamos a contemplar, en un silencio agradecido, la infinidad de canales que convierten al archipiélago en un laberinto sabiamente diseñado. La naturaleza se muestra muy caprichosa hasta donde alcanza la vista. De pronto vuelvo a oir la radio. Angel dice que va a bajar. Busco su globo rápidamente. Miquel me dice: "está delante nuestro y va rozando la copa de los árboles". De pronto veo que se eleva de nuevo. Por un momento pienso que ha abandonado la idea de bajar en medio de la isla. Pronto los dos globos la dejan atrás y sobrevuelan un ancho canal. El de Miquel continua a la zaga del de Angel pero con un poco más de altura de vuelo. Pasamos un par de islas más. La radio se deja oir de nuevo y aunque no le presto demasiada atención ya se lo que dice. En efecto, de pronto vemos el globo de Angel que va otra vez rozando la copa de los árboles y que pierde velocidad a ojos vista. En unos segundos y mientras Miquel me dice: "prepárate, vamos a bajar"; el globo de Angel se hunde en el verde. La cesta desaparece mientras que la tela queda como una seta multicolor en medio del verde.

Nuestro globo baja más y más y llega a rozar algunas ramas. De pronto veo unos árboles mucho más altos que la mayoría. Vamos a estrellarnos contra, pienso, mientras me agacho un poco y continuo mirándolos fijamente. Pero no, Miquel hace que el globo de un brinco y los dejamos atrás. Cuando quiere bajar la isla ya se ha acabado. Al otro lado del canal hay un pequeño arenal de unos seis metros de largo por tres de ancho. Miquel dice: "aquí bajamos para no alejarnos de Angel". En unos treinta segundos ya estamos con el agua hasta las rodillas. El viento arrastra el globo hasta otra isla. Yo, que ya habia saltado de la cesta, intentando arrastrarlo hasta el arenal, me quedo en el agua viendo como el viento arrastra el globo por el agua hasta la siguiente isla. Por un momento intuyo que Miquel esta tentado de levantarlo del agua y continuar el vuelo. Empiezo a correr, pero pronto el agua me llega al cuello. Miquel se deja arrastrar por el viento hasta la otra isla. Dista unos 90 metros que yo alcanzaré a nado y con las botas de trekking puestas. Esto me produce una extraña pero no desagradable sensación... Cuando llego al globo empezamos a descargarlo y a atarlo mientras esperamos la lancha de rescate. Así se terminaron estos vuelos...trece y catorce. Por cierto, muy afortunados. Eran las cinco y diez.

 
La Lancha de apoyo acude a rescatar a uno de los grupos expedicionarios 

5-febrero-2001

06.00 h Voladera, GPS..., Selva.

“...Hoy nos levantamos con las puertas abiertas a un día intenso. Ayer, Joan, Reginaldo, y yo (Ger), localizamos la posición exacta, tanto del globo de Miquel, como el de Angel; Eran las 18:20, el ocaso, y ya no había posibilidad de hacer el rescate de las personas y del material por falta de luz. Por radio nos despedimos con un "bona nit" y abandonamos el lugar donde el GPS nos había llevado.

GPS, radio... con el barco nos pusimos en la posición en línea recta más cercana en donde supuestamente se encontraban; algún bocinazo, y por fin establecemos contacto visual con Josep, Ángel y Ángel (el cámara). Yo ya tenía ganas, desde la propuesta de este vuelo, me apetecía introducirme en la Selva y ver de cerca, cara a cara, esos miedos que siempre he tenido respecto al tema "bichos". Nos bajamos del barco, abrazamos a los tres. Sin más preámbulos comenzamos a adentrarnos por la Selva, siguiendo los pasos de los tres, que por lo que parecía, ya era como un andar por casa. Árboles enormes que tapaban la luz del Sol, arbustos y maleza que dificultaban el paso, algún ruido no familiar que ponía los pelos de punta y los sentidos al cien por cien. Inmenso. Llevábamos doscientos metros y ahí estaba el campamento que se habían montado los amigos; y detrás, la vela, veinticinco metros de tela colgada entre los árboles. Era raro, pero bonito, la verdad es que no se cómo describirlo; verde por todos los lados y una cosa rosa allí en medio que no pegaba ni con cola; Bareta comienza a trepar por un árbol y coordina la maniobra de recuperación de la vela junto con Ángel, el cámara.

El resto fuimos trasportando el resto del material hasta el barco, no hay que decir que más de una vez perdimos el rumbo y anduvimos un poco más de la cuenta. En hora y media todo el material, excepto la vela, estaba en el barco. Dispuestos a ayudar a Bareta y Angel, volvimos a su encuentro, pero algo raro pasaba, la cortina rosa ya no estaba, nos habíamos despistado otra vez? No, entre los dos habían conseguido bajar la vela, introducirla en la bolsa, sin causar ningún daño, ninguna rotura. Increíble, y para qué mentir, un tremendo alivio. Todo listo. Los dos globos recuperados, la gente recuperada, y ya sólo nos quedaba recoger a Sacha, que el pobre había aterrizado en una playa hacía al menos dos horas.”

5-febrero-2001

21.00 h Entrando en lo desconocido.

 
Los tres globos aerostáticos a punto de iniciar la jornada 

La aventura se define como el camino hacia lo desconocido ... y allá vamos! Volamos sobre dos niveles de suelos, separados unos 20 metros entre ellos. Aterrizamos sobre el manto verde, arrastrando la cesta por las copas de los árboles, como si del suelo se tratase hasta que el globo detiene su avance horizontal, una pausa y empieza entonces su penetración vertical hacia el suelo de verdad unos 15 metros más abajo. Son unos momentos emocionantes en que la cesta va cayendo a sacudidas de 4 o 5 metros y nosotros sólo miramos cuántos faltan para tocar suelo.

Es un aterrizaje nuevo para todos, le teníamos ganas, le teníamos miedo, ... aventura.

Y como segunda parte, más aventura. El rescate no llega hasta nosotros, anochece y tenemos que pasar la noche en la selva. También lo esperábamos.

Y, de nuevo, la realidad supera a la imaginación. Colgamos las hamacas y alrededor de la fogata abrimos la caja de supervivencia que había preparado Josep y tantos vuelos llevamos a bordo y aún sin usar. Sorpresa !! un trozo de longaniza, membrillo casero, turrón de Alicante, frutos secos, pastel ... alucinamos. De otro rincón secreto de la cesta surge una botellita de Viña Pomal del 95, gentileza del "Munich", que eleva nuestra euforia a un extremo en que terminamos en una conversación profunda sobre el porque tenemos que ir tan lejos, tan solos, con tantas incomodidades, ... para disfrutar de forma tan soberbia de algo tan simple y tan asequible y a lo que no damos ninguna importancia cuando estamos en casa. Con esta reflexión en nuestras cabezas quedamos en silencio cada uno en su hamaca, con la sinfonía de los sonidos de la selva como hilo musical y las luciérnagas velando por nosotros hasta que nos dormimos.

6 de febrero de 2001

 
Instante en que uno de los globos de la Expedición por el Amazonas cae al agua 

21 h No es un adiós.

Durante todo el día de hoy he estado débil, débil físicamente por los restos de la infección pero más débil de coco porque sé que esto está tocando fondo para mi, por lo menos aquí, in situ.

Sí, tres compañeros, más los dos reporteros y yo mañana cogeremos la avioneta que nos llevará de Barcelos a Manaus, y de allí ya peregrinación de aeropuertos para llegar el próximo jueves día 8 a casa.

Nunca me ha gustado mucho retroceder el camino andado pero en esta ocasión algo es diferente. Sé que dejo la expedición en su punto álgido y que deben empezar ahora a descender por el Negro hacia Manaus pero sin duda con grandes posibilidades de nuevos vuelos y aventuras.

Pero lo más importante para mi es el sentimiento de satisfacción con el que me marcho. Me voy lleno a rebosar. Lleno por haber podido hacer realidad una idea, un sueño que me rondaba la cabeza desde más de 8 años atrás. Lleno por que esta realidad ha superado en mucho al sueño. Pero sobretodo lleno por haber formado parte de un grupo de personas que lo han dado todo, absolutamente todo por la expedición.

Poder convivir con un grupo de 18 personas a bordo de un espacio tan reducido durante tantos días y en condiciones tan peculiares ha sido un privilegio muy enriquecedor para mi. El hecho de que en ocasiones 18 personas trabajen duro durante 3 o 4 días para que 2 de nosotros puedan disfrutar de 2 horas de vuelo, habla por sí mismo.

En las mentes de 18 personas quedarán 18 expediciones Turpial bien distintas ... en la mía tres conceptos imborrables: Amazonia, Aventura y Amistad.

Agradezco a todos mis compañeros de expedición el ser como son, a mi familia por permitirme ser como soy, y a todos vosotros por vuestra colaboración.

Angel Aguirre

7-febrero-2000

17.30 h Globo cautivo

 
Sobrevolando uno de los cientos de afluentes del Amazonas 

Lunes por la tarde. Estamos cercas de Barcelos. Para algunos es la última noche el río. Un cierto ambiente de nostalgia se apodera de todo el grupo, a pesar de que para otros, la aventura aun tiene muchos días de vida. Tenemos que secar dos de las velas que han quedado húmedas del último vuelo.

Aprovechando que hinchamos, decidimos realizar un vuelo cautivo, con el globo atado con cuerdas, en una playa situada a unos cinco minutos en voladera de Barcelos.

Hinchamos los globos. La tarde, el cielo y el sol acompañan al vuelo. Los vivos colores de la tela contrastan increíblemente con el azul del cielo. La luna, que en dos días estará llena, asoma por el este. Todo acompaña para una tarde apacible en la playa.

Aprovechamos el globo para realizar unas tomas con la cámara, y subir a la tripulación en el globo.

Anochece, y la puesta de sol nos invita al silencio y a la contemplación. Es el momento de recoger el globo y subirlo al barco. Por la cabeza de algunos pasa una idea descabellada. ¿Y si posamos el globo hinchado en la cubierta del barco?

Es difícil resistirse a una idea tan loca. Arrastramos el globo cerca del barco mientras Miquel sigue quemando gas para mantenerlo hinchado. Subimos el globo hasta la cubierta superior, la azotea del barco. Mientras pensamos en la manera de soltarlo. No hay discusión, dejamos ir la vela de, la cesta, y Miquel, Sacha y Josep se cuelgan de los cables, mientras Guille los arrastra hasta la arena. Realizamos un pequeño vuelo sin motor con el globo, únicamente por el puro placer de probar algo más difícil. Por simple diversión.

Cargamos todo el material y acabamos de recargar las botellas de propano vacías.

Mañana comenzamos el retorno hacia Manaus.

9-febrero-2001

 
Uno de los miembros de la expedición, reparando parte del globo erostático, a cientos de metros de altura 

08.30 h Tecnología en medio de la selva

A pesar de estar el máximo posible en contacto con el entorno, no podemos evitar depender de la tecnología para poder llevar adelante nuestra expedición.

Comenzando por el equipo básico de cada globo, tenemos GPS, variómetro, radio, teléfono por satélite y las cámaras de cada uno de nosotros, además de las cámaras digitales de la expedición. Todo ello funciona con pilas o baterías, que naturalmente hay que recargar. Desde hace días, ya se nos ha hecho familiar el "ruidito" de fondo del generador que suministra corriente a todos los cargadores de estos aparatos. Los primeros días era exasperante y costaba muchísimo conciliar el sueño, ahora ya es parte de la familia. Después tenemos todo el equipo con el que conseguimos que esta información llegue puntualmente hasta vosotros. Dos ordenadores portátiles, dos cámaras digitales, el teléfono por satélite, y todos ellos pidiendo a gritos un enchufe para recargar batería. A veces resulta difícil encontrar una base libre para enchufar algún aparato.

Tema aparte es la conexión a internet para enviar el correo electrónico. Normalmente nos conectamos después de cenar, sobre las ocho o las nueve de la noche, una vez hemos podido absorber y escribir toda la información del día. Podéis imaginar lo entretenido que puede resultar intentar mantener una antena de teléfono orientada hacia el satélite, cuando el barco en el que viajamos está sorteando miles de islas como si estuviera en un laberinto. Hay noches en que hemos tenido que intentar hasta seis conexiones para conseguir enviar toda la información.

En cualquier caso, por la noche intentamos que nos ilumine la cara la luna llena después de habernos iluminado con la pantalla del ordenador.

9 febrero.2001

10.30 h El siguiente vuelo

Río abajo, siguiendo la ribera este del Río Negro, vamos buscando un lugar adecuado para despegar en nuestro próximo vuelo. Queremos encontrar una playa como las que ya conocemos, pero la subida de nivel del río a causa de las lluvias, nos hace cada vez mas difícil encontrar una.

El vuelo que pretendemos hacer, si el tiempo, como siempre, nos acompaña, es cruzar el Río Negro de este a oeste, por encima del archipiélago de las Anavilhanas. Dado que en el punto donde nos encontramos el río baja casi en dirección norte-sur, cualquier viento que estuviera en un abanico de 240 a 300 grados, nos seria favorable. Posiblemente será un fantástico vuelo de unos treinta kilómetros por encima del laberinto de las Anavilhanas. Esperamos poder realizarlo el viernes o el sábado. Mientras, nos deslizaremos suavemente por la exhuberancia de un igarapé.

12-02-2001

05:45 horas Archipiélago de Anavilhanas

 
Uno de los integrantes de la expedición rodando imágenes para el documental 

Despertamos con el sonido molesto del despertador, eran las 5:45 de la mañana. Un globito para mirar las condiciones del viento... perfectas. Por la noche llegó otro barco con el equipo brasileño de televisión ; todo estaba preparado. ventilador... y ya sabéis, a volar. Sandro, Sacha y Joan, son los pilotos que hoy volarán sobre el archipiélago de Anavilhanas. Guillem y Miquel supervisarán las labores de rescate, y yo, acompañaré a Joan en su vuelo.

Diez, treinta, cien metros y el espectáculo es impresionante, un aglomerado de islas bajo nuestros pies, el rescate será complicado: hoy más que nunca la comunicación será muy importante. Seguimos subiendo y alcanzamos los setecientos m, de velocidad casi los cincuenta kilómetros por hora. Islas enormes, un río indomable y tres globos, reconozco que es envidiable estar aquí; Joan me hace un regalo, baja hasta menos de un metro del río y mantiene esta altura hasta casi tocar las copas de los árboles de una Isla, en ella no hay suelo firme, sólo agua, - ¡como para bajar ahí!-

Veinticinco km de ancho llega a alcanzar el río Negro en este Archipiélago, nosotros, los Turpiales, hoy hemos sobrevolado casi veinte, la conjunción del agua, de donde venimos, el aire, que nos da la vida, y el fuego, que es la herramienta clave para poder elevarse, nos hacen ver, una vez más, que no somos nada, "...míseros arroyos sin fuente..."

A la hora y cuarto, conseguimos llegar hasta una de las pocas playas que aún han conseguido sobrevivir a la crecida del río; los tres globos casi casi aterrizan de la mano; el rescate llega y otra vez abrazos y besos.

12-02 -2001

17:00 h La playa de la supervivencia

Estoy hablando de una playa cercana a donde han aterrizado los globos. Una playa en la cual hemos pasado el mediodía y la tarde con el Capitán Gabriel, nombre de nuestro barco.

Por un lado, había unos brasileños con un yate, en el cual la riqueza, la abundancia, las bebidas, la comida,...estaban presentes. Había de todo y más, sin preocupaciones de que faltase nada, y menos aun de lo básico, alimentos.

Por otro, estaba lleno de buitres y dos lastimosos perros. Aquí, los perros son delgados, sarnosos, con pulgas, llenos de heridas, algunos lisiados, y por su figura y sus actos parecen hienas. El capitán cortaba el pollo para la comida e iba tirando los restos de éste al agua, los cuales se acercaban a la orilla por las olas. Pues por estos restos, los buitres y los dos perros casi se mataban. Cuando cogía algo algún perro, los buitres le acechaban y éste defendía su comida como un salvaje, al mismo tiempo que engullía lo mas rápido que podía. Cuando cogía algo algún buitre, empezaba una pelea, en la cual el mas fuerte, se llevaba la mejor parte. Uno pillaba y los otros lo acribillaban a picotazos, a arañazos, golpes con las alas,... En resumen, ni solidaridad, ni compartir, ni abundancia, ni nada...; la ley de la selva; la ley del mas fuerte.

14-02-01

08.00 h "Encontro das aguas"

Partimos de Manaus rumbo sureste y nos dirigimos al encuentro del río Negro con el Solimoes. Después de un mes de estar navegando y viviendo en contacto constante con el agua del río Negro, seguramente nos sorprenderá la visión de un agua de características diferentes.

 
Remontando el Río Negro 

El Capitán Gabriel se dirige hacia el encuentro con presteza, mientras aun nos desperezamos del sueño intermitente de la noche pasada en el puerto de Manaus. Al cabo de poco mas de 45 minutos, divisamos una playa que rompe la continuidad del curso del río. Bené, nuestro capitán, nos indica que aquello no es ninguna playa, sino que es ya el encuentro de las aguas del Rio Negro con el rio Solimoes.

Nos parece increíble, y corremos a la proa del barco con las cámaras a punto para cerciorarnos. Efectivamente, a medida que nos acercamos, divisamos una línea quebrada que separa dos tonos de agua diferente, el conocido y familiar negro, con un tono entre marrón y verde del Solimoes. Hoy es un día gris y de viento, y el aire hace que la separación entre ríos no sea una línea continua y perfecta, a pesar de que en ningún momento se mezclan las aguas. La densidad del agua del Solimoes impide el avance del agua del río Negro. En algunas épocas del año, la crecida del río Solimoes, que aquí cambia su nombre por Amazonas, hace que crezca de manera espectacular el río Negro, actuando como una compuerta que impide el paso del agua.

Perseguimos con el barco durante un buen rato la línea de separación entre las dos aguas, poniendo en algunos momentos los pies dentro. Realmente, la temperatura del agua es notablemente mas fría en el Solimoes que en el Negro, y se nota con el simple contacto del cuerpo. Pensamos lo fantástico que podría ser divisar desde el cielo, a bordo de un globo, esa separación de las aguas de los dos ríos. En el fondo, estamos con la mente siempre pendiente del globo.

Entre los dos ríos, yo me quedo con el Negro. Más solitario, taciturno quizás, pero sobre todo y con la subjetividad lógica que corresponde, con unas imágenes imborrables en mi cabeza, que lo convierten en el RÍO de la Selva, de mi Selva, de la Selva de la expedición turpial.

18.00 h Preparando el último vuelo

Llevamos tres días en Manaus. Haber cambiado el ritmo habitual nos ha afectado un poco a todos.

Estamos atracados en el puerto flotante, al lado del ajetreo comercial y de pasajeros que constantemente actúa como un ruido de fondo (y no tan de fondo) en nuestros oidos.

 
Imagen captada desde el globo de una no muy lejana tormenta tropical 

Hoy hemos continuado las gestiones, interminables gestiones, para conseguir el permiso que nos autorice a realizar el último vuelo de esta aventura. Inicialmente, el permiso estaba concedido para mañana día 15 o 16, según la meteorología, para salir desde el campus universitario. El problema es que el Servicio de Protección Aeronáutica pretendía fijar unas coordenadas para el aterrizaje. Nos hemos reido un montón cuando Aeronáutica nos ha planteado el vuelo: realizar un rodeo imposible para evitar un canal prohibido a causa de la entrada de aviones. Después de intensas explicaciones y no pocos paseos por las oficinas del aeropuerto, finalmente nos han autorizado a realizar un vuelo despegando en un punto muy cercano al Encuentro das Aguas. A pesar del increíble desconocimiento del funcionamiento de un globo, la verdad es que el grado de colaboración ha sido grande, aunque el ritmo nos ha llegado a poner nerviosos en algún momento.

En resumen, si todo funciona y la lluvia y el viento (que no es fácil) lo permite, mañana realizaremos el último vuelo de la Expedición Turpial al Amazonas.

18-02-01 Objetivos cumplidos Cumplidos y superados: hemos navegado a lo largo de más de 1.000 km por los principales afluentes del Amazonas. Hemos realizado 19 vuelos en globo, recorriendo en vuelo un total de más de 350 kilómetros de selva, ríos y canales en su mayoría territorio virgen. Hemos filmado más de 30 horas en imágenes, tomado más de 3.000 fotografías digitales y 2.000 diapositivas. Hemos convivido un grupo numeroso de personas en un espacio reducido, creando unos vínculos de relación entre nosotros que serían muy difíciles de romper. Hemos vivido una aventura, hemos entrado en lo desconocido, hemos hecho lo que antes nadie había hecho...y lo hemos intentado transmitir.

La pregunta es: ¿creéis que experiencias como la nuestra pueden servir para algo en esta necesidad de conservación del medio? ¿Creéis que todavía es posible la aventura, encontrar zonas vírgenes, retos nunca realizados...?


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