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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 21 de Junio de 2001

Boerge Ousland : 82 dias en blanco

Por Arancha Vega Rubio  | 

La travesía en solitario al Polo Norte produce extrañas maneras de percibir el tiempo, la Naturaleza y el papel del ser humano. Y es que 82 días sin noches sobre el blanco constante de un mar congelado es mucho tiempo (y mucho blanco) para filosofar.

 

No es la primera vez que este noruego nacido en 1962 llega al Polo Norte impulsado solamente por la fuerza de sus piernas y su voluntad, pero, según dijo a su llegada a Canadá, sí será la última. Al menos, en solitario y autonomía completa. Desde el Cabo Artisjeskij (Rusia) hasta Ward Hunt (Canadá) han sido 1744 Km. y 82 días... según la escala del resto de los humanos, porque en un lugar donde las noches no existen en primavera, Ousland llegó a adaptar su ritmo de vida a una forma propia de contar el tiempo, con días de treinta horas, cuando le convenía. Según sus cálculos, el tardó ochenta días en realizar la travesía completa.

Para Ousland, que en 1996 cruzó solo la Antártida (fue el primero en lograrlo), ha sido duro enfrentarse a un territorio sin tierra firme debajo. Durante la segunda mitad de la travesía las temperaturas, algo más altas de lo normal en esas latitudes, provocaron que se abrieran canales de agua obligándole a cruzar algunos pasos a nado y arrastrando del trineo que transportaba el material -y que al comienzo de la aventura pesaba 165 Kg.- A tal fin llevaba un traje estanco que se ajustaba sobre la ropa de abrigo.

 
Un traje estanco le permitió cruzar a nado vías de agua. 

En cualquier caso, el peso del trineo y la calidad y características del equipo había sido calculada al detalle. Sirva como anécdota que Ousland llevó tan sólo una muda de ropa interior, que se puso cuando llegó al Polo, y unos 50 metros de papel higiénico. La comida también fue calculada aunque, en esta ocasión, contó con los consejos de un chef que le ayudó a conseguir una dieta variada, todo un motivo de alegría, teniendo en cuanta que la monotonía de este tipo de expediciones, y que debía ingerir unas 7000 calorías diarias para contrarrestar la temperatura, que en ocasiones descendió hasta los 40 grados bajo cero, y el esfuerzo diario, con una media de diez horas diarias de esquí -a una media de 2,3 Km/h -.

 
El trineo pesaba 165 kg. al comienzo de la expedición. 

Las roturas del hielo, el frío intenso y las líneas de presión - bloques de hielo que chocan y forman "olas congeladas" de hasta 10 metros que hay que remontar y descender- no son los únicos problemas a los que se enfrentan los exploradores polares. La uniformidad del paisaje, la ausencia de noches y la soledad extrema son a menudo los obstáculos más difíciles de superar, ya que atacan a la mente más que a la capacidad física. Sin embargo, Ousland ha adquirido con los años la manera de sentirse, dentro de lo posible, integrado con la Naturaleza. Según afirma, "a medida que pasan los días de travesía, uno se aleja de los parámetros de la civilización y vuelve a compartir la actitud de los hombres que habitaban el planeta hace cientos de años. Caminando o sobre esquís, se aprende a ver los relieves y formas que crea el viento sobre el hielo, los sutiles cambios de luz, y se alcanza un estado de armonía, como si el tiempo no existiera y uno estuviera en el espacio exterior". De vuelta a la vida cotidiana, Boerge se sentía casi patético tratando de explicar estas sensaciones que, sin embargo, han sido muy intensas durante el viaje, sumiéndole en un estado de "meditación permanente".

También tuvo muy presente el sentido de la aventura emprendida en solitario, para lo cual tal vez contribuyó la obra de Tolkien "El Hobbit" que llevó con el durante el viaje. En alquel lugar no fue difícil "sentirse como un pequeño hobbit enfrentándose solo a su destino". Su otro libro de cabecera fue "Papillon", que narra la dura experiencia de un hombre encarcelado en la Guayana Francesa, y que encontró "muy motivador" como guía para sobrevivir en condiciones extremadamente duras.

 
Canales de agua entre hielo quebradizo. 

La única compañía destacable que tuvo fue la de una osa polar con su cría, a los que vió llegar gracias a una costumbre adquirida de volver la vista atrás cada cierto tiempo mientras camina. Un disparo al aire basto para asustarlos... por suerte, ya que el revólver Magnum de gran calibre que llevaba Ousland estaba cargado con perdigones, incapaces de causar una herida seria a un animal de ese tamaña. Pero el noruego estaba decidido a no matar ningún oso, por muy cerca que lo encontrase.

Boerge Ousland llegó al Polo Norte desde Rusia y continuó en línea recta hasta Canadá, en solitario. Sin embargo, no logró cumplir el requisito de la autonomía completa, ya que su trineo se rompió el segundo día de travesía y un avión tuvo que ir hasta allí para reponerlo. La importancia relativa de este hecho comparado con la travesía en conjunto, depende del juicio de cada uno, pero no es difícil formarse una opinión.


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