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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 06 de Agosto de 2001

Incendios forestales: un peligro muy real

Por Arancha Vega Rubio  | 

El incendio que desde hace tres días asola el Prepirineo es, por desgracia, sólo uno de los que arrasan cada verano las zonas naturales: como amantes de la Naturaleza y montañeros debemos conocer las causas y normas de seguridad frente a éste fenómeno, que puede ponernos en peligro inmediato a nosot

 
En caso de encontrar un incendio forestal en una salida al campo, hay que evitar huir cuesta arriba o meterse en vaguadas profundas 

Si pretendías escalar en Riglos este fin de semana, olvídalo. Los vecinos han tenido que ser desalojados del pueblo ante la cercanía de un incendio que lleva ya quemadas 4.000 hectáreas de bosque. El fuego, a la hora de lanzar esta noticia, aún no ha podido ser controlado y se acerca a los municipios altoaragoneses de Loarre y Murillo de Gállego. Y ojalá las consecuencias fueran sólo privarnos de una jornada de escalada o piragüismo. Una amplia zona de gran riqueza natural se está perdiendo ante la impotencia de quienes intentan controlarlo, y lo que fueron bosques de pinos y matorral, tardarán decenas de años en recuperar su aspecto anterior.

Desde 1961, ha ardido un 24 por ciento de la superficie de España. Aunque la tasa de incendios descendió desde 1996 -según Medio Ambiente, por la mejora de campañas de prevención, y según otros, como la organización Ecologistas en Acción, debido más bien a causas climáticas- los datos de este verano están disparándose. Desde 1996, según un informe de la organización ecologista basado en datos del Seprona y Medio Ambiente, se han perdido 40.000 millones de pesetas, más lo que se invierte en campañas de prevención (que, por ejemplo, en 1999 superó los 50.000 millones de pesetas). Pero aún más grave es el dato de perdida de vidas: 124 personas desde hace 15 años. La Comisión Europea publicó en un informe que el 91% de los incendios forestales de Europa se producen en países mediterráneos, y España estuvo a la cabeza en los 90.

RIGLOS YA NO SERA IGUAL

 
Los Mallos de Riglos con el pueblo de Riglos a sus pies 

En el momento de redactar este reportaje, el incendio que afecta al prepirineo oscense sigue activo. Los vecinos de Riglos, después de pasar dos noches en el polideportivo de Ayerbe (donde las llamas también estuvieron muy cerca) están regresando al pueblo para encontrarse con un panorama deprimente. Alrededor de los mallos, todo está quemado. No se sabe que habrá ocurrido con la colonia de buitres; dejaron el mirador envuelto en llamas, que también destruyeron el apeadero del tren, la ermita de la Virgen de Marcuello y han calcinado los pinos de los alrededores.El incendio ha sido controlado en ese frente, pero sigue muy activo el que se dirige hacia Loarre. Un cambio en la dirección del viento, durante la noche del jueves, complicó las cosas, precisamente cuando los hidroaviones no pueden volar (no salen de noche). Murillo de Gállego y Santa Eulalia estuvieron a punto de ser evacuados también. Se espera que las líneas de tren hacia Jaca (el tráfico ferroviario ha sido suspendido), el pantano de la Peña y el río Gallego actúen como cortafuegos natural. Hasta el momento han ardido más de 3.500 Ha. Aún es pronto para calcular las consecuencias del incendio más importante que sufre Aragón en los últimos años, pero ya se habla de desastre ecológico.

 
Si las llamas son muy altas y el frente extenso, hay que atacar el fuego de forma indirecta 

El incendio de Riglos, al parecer, fue producido por la caída de un rayo y alimentado por el fuerte viento sobre una zona especialmente combustible tras meses de sequía. Sin embargo, las causas naturales como causa de un incendio son la excepción. Por ejemplo, según el plan Infoca, sólo el 1,5% de los incendios producidos en Andalucía durante el verano pasado tuvieron causas naturales. El resto fueron provocados premeditadamente (intereses urbanísticos, cinegéticos, creación de pastizales, vandalismo y acción de pirómanos), o negligencias (quema de rastrojos y pastos, vertederos y cigarrillos mal apagados).

En el balance del 2000, la Guardia Civil señala que un 31% de los incendios se produjeron por la quema de matorral y regeneración de pastos, y que se observó intencionalidad encubierta en la mayor parte de ellos. El mismo informe indica como causas el arraigo del uso del fuego como medio para limpiar fincas, abrirlas al uso ganadero, el abandono de zonas donde se acumula la vegetación y el desinterés de algunas personas hacia masas forestales que no les son rentables. La siguiente causa fue la acción de pirómanos quienes, curiosamente y según afirman estudios psicológicos, luego es frecuente que participen activamente en las labores de extinción.

 
La inmensa mayoría de los incendios son provocados, voluntariamente o no 

En cambio, las motivaciones de recalificación de terreno y abaratamiento de los precios de la madera, se dan menos y queman menos superficie. Durante el año pasado, 143 personas fueron detenidas como presuntas autoras de incendios. Los 473 incendios que quemaron más de cien mil hectáreas de terreno, se cobraron también la vida de siete personas e hirieron a 45, la mayoría de ellas mientras colaboraban en labores de extinción.

Como suele decirse, para vencer al enemigo hay que conocerle. Por eso, a continuación trataremos de resumir cómo nacen y cómo se propagan los incendios, así como la manera en que se combaten.

TIPOS DE INCENDIO:

Se clasifican según la altura a la que se propagan las llamas, aunque lo normal es que en un incendio se den varios o todos los tipos al mismo tiempo. Según esto hay incendios:

 
Los pequeños brotes de fuego pueden ahogarse enterrandolos con arena y cubriendolos con agua y productos químicos 

  • De subsuelo: Se propagan bajo tierra, alimentándose de raíces y materia orgánica. Avanzan lentamente, casi sin humo ni llamas, pero también son muy difíciles de controlar y apagar, y ocasionan un grave perjuicio porque destruyen el manto natural donde se origina la flora.
  • De superficie: Son los más comunes. Prenden el pasto y matorral, y se extienden con rapidez.
  • De copas: Cuando alcanzan a las copas de los árboles: allí el viento es más fuerte, por lo que se extienden más deprisa incluso que a nivel del suelo.

Propagación:

Una vez que se ha producido, por causas naturales o provocadas (intencionada o accidentalmente), el fuego se extiende de diferente manera según varios factores:

  • El desnivel del terreno: En llanos, el fuego tiende a extenderse de manera más o menos regular, en círculo (aunque esto variará según otros factores). En las cuestas, el fuego se extiende con mayor rapidez (tres veces más deprisa en una pendiente de 30 grados), porque las corrientes térmicas lo empujan a subir. En las pendientes, pueden producirse nuevos focos cuando objetos en llamas caen rodando. El viento en los valles también atiza el fuego. En terrenos irregulares, por tanto, el frente no avanza a la misma velocidad en toda su extensión y, por la misma razón, los equipos de extinción tienen más dificultades para llegar hasta allí y para atacar el incendio.
  •  
    El viento influye mucho en la velocidad y la dirección en que se extiende el fuego 

  • El viento: fundamental. Su acción provoca que el foco se extienda en forma de elipse, avanzando más deprisa en la cabecera que en los flancos. En los valles y barrancos, el viento actúa como en una chimenea, y el fuego se extiende a gran velocidad. Los cambios de viento, asimismo, son un peligro para los que participan en labores de extinción. Por otra parte, el viento puede transportar pavesas encendidas que creen nuevos focos de incendio.
  • El combustible: Cada elemento es más o menos resistente al fuego, y tiene distinto poder calorífico. Por ejemplo, el boj, las jaras y los pinos resineros arden con mayor facilidad que otros arbustos y árboles. Asimismo, los pastos arden más deprisa que los matorrales, y estos más deprisa que los árboles. Sin embargo, el fuego en el pastizal suele ser de baja intensidad, pero en zonas de árboles genera más calor y es más difícil de sofocar.

Por otra parte, no es necesario que las llamas toquen un vegetal para que el fuego se extienda. Por convección, el calor tiende a subir y puede prender copas de los árboles, y se extiende a través del aire provocando nuevos incendios por simple aumento de la temperatura; también se extiende por el interior de los troncos de los árboles.

Cómo se combate el fuego:

Los bomberos utilizan, desde palas y extintores, hasta hidroaviones y helicópteros, pasando por vehículos todo-terreno cargados con depósitos de agua y buldózeres para abrir cortafuegos. En general, las tácticas son dos:

 
Las motosierras ligeras se usan para cortar la vegetación de superficie y limpiar zonas para que el fuego no se extienda 

  • Ataque directo: Actuar directamente contra el frente. Esto es posible cuando el fuego no es muy grande ni las llamas muy altas. Se trata de acciones básicas encaminadas a sofocar el fuego sobre los elementos combustibles, apagándolo a base de agua o dejándolo sin oxígeno (golpeándolo, cubriéndolo con arena o productos químicos), mientras que lo que aún no está quemado se retira, se cubre de productos que ralenticen la combustión, o incluso se quema para frenar la extensión del foco principal. Normalmente se ataca por la cola del incendio y luego la acción se sitúa en los flancos, para ir reduciendo el frente.
  • Ataque indirecto: Cuando las llamas son muy altas y el frente muy amplio, tanto que los transportes y personas no pueden físicamente acercarse ni controlarlo, lo que se hace es crear una línea de defensa para atajar que se extienda. Para ello, se talan árboles, se retira la vegetación de superficie y se raspa el terreno, cavando cortafuegos de medio metro de profundidad y de dos o tres metros de anchura. Este tipo de operaciones son complicadas, requieren gran coordinación de los equipos y no conocer muy bien las técnicas, por lo que sólo pueden llevarse a cabo por personal especializado.

Qué hacer en caso de incendio:

Durante la práctica del montañismo, la posibilidad de encontrarse con un incendio forestal no improbable y, en caso de que eso ocurra, es necesario seguir ciertas pautas de comportamiento.

Si vemos un incendio (pero estamos fuera de peligro):

  • Avisar inmediatamente a emergencias, marcando el 112 (urgencias), o el 062 (Guardia Civil), o el de los bomberos de la localidad si lo conocemos.
  • Recabar toda la información posible sobre donde está el foco, qué extensión tiene el frente, hacia dónde se dirige, como llegar hasta allí, etc...
  • No actuar por libre. Someterse a las ordenes de los técnicos y, eso sí, colaborar en las labores de extinción si las autoridades lo solicitan.

Si nos encontramos en la proximidad de un incendio:

  • Tratar de alejarse por las zonas laterales del incendio y las más desprovistas de vegetación.
  • Huir siempre en dirección contraria a la del viento, y estando muy atentos a un posible cambio de dirección del mismo (entonces el fuego podría llegar a rodearnos)
  • No meterse en barrancos ni hondonadas.
  • No correr ladera arriba si el fuego está subiendo por ella.
  • Si el humo está cerca, protegerse las vías respiratorias con una prenda de tela mojada.
  • Avanzar en grupo, no disgregarse.

 


Las consecuencias de un incendio son tristemente conocidas: desertización, aumento de la erosión, degradación del subsuelo, contribución al efecto invernadero y al cambio climático, etc... Para hablar en cifras, recuperar un bosque quemado constará unos 120 años, y muchos más para que el estrato vuelva a ser el de antes y los árboles alcancen una altura considerable.
Por último, recordamos una vez más las normas básicas de prevención que, por muy obvias que parezcan, a veces se olvidan:

  • No hacer fuego en el monte, excepto en lugares acondicionados expresamente para ello (barbacoas en áreas recreativas) y respetando las condiciones que se impongan.
  • En esos casos, asegurarse por completo de que el fuego está totalmente apagado antes de marcharnos.
  • Apagar bien cerillas y cigarrillos (aprovechamos para recordar que los filtros no son biodegradables), no tirarlos, ni siquiera tirar la ceniza, por la ventanilla del coche.
  • No abandonar en el bosque botellas ni objetos de cristal (ni, a ser posible, ningún otro residuo, gracias).
  • Avisar inmediatamente si se observa un incendio, o algo que parezca serlo (incluso, una columna de humo).


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