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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 23 de Octubre de 1999

Orientación y supervivencia, a tener en cuenta

Por Arancha Vega Rubio  | 

Los mapas son el elemento básico para preparar un viaje y saber por dónde andar. Además de la brújula es importante saber leer la propia naturaleza que nos indicará, en caso de pérdida, dónde nos encontramos.

Foto: Marga Nerín 

Hay algunas personas que saben orientarse, de una manera intuitiva. Hay otras que ya han comprendido que tomen la dirección que tomen será la errónea. Existen métodos artificiales y métodos naturales para orientarse en la montaña, saber dónde está el Norte es el primer paso para encontrar el buen camino.

Puede considerarse material imprescindible para no perderse una brújula y un mapa (¡y por supuesto saber usarlo!). El lenguaje del mapa ayuda a calcular el tiempo del recorrido y las dificultades que podemos encontrar durante la excursión; también nos ayudará a localizar puntos de referencia, como fuentes de agua. La brújula nos proporciona una referencia direccional constante. Utilizados mapa y brújula conjuntamente nos ayudarán a localizar nuestra posición, a identificar lo que estamos viendo y movernos por el terreno aún con escasa visibilidad.

Además de estas herramientas básicas y dependiendo de nuestro objetivo en la excursión que deseemos realizar, existen también otros aparatos que nos pueden ayudar: el altímetro mide la presión atmosférica indicándonos así a qué altura nos encontramos. Para que funcione correctamente debe calibrarse antes de iniciar el itinerario y comprobar la medición sobre puntos de cota conocida. El podómetro es un aparato pequeño que se coloca sobre la cintura del pantalón; mediante un dispositivo de péndulo cuenta los pasos que damos al realizar un recorrido. Para que luego la medición sea correcta se deberá calibrar el podómetro a nuestro talonamiento (centímetros por pasos) y adecuar la medición a cada tipo de terreno (carretera, campo, subida, bajada...). El clinómetro mide los ángulos veticales. Se utiliza para calcular la inclinación de la pendiente en grados o para saber si las cumbres que nos rodean están a mayor o menor altura que la nuestra. Por fin el más moderno y avanzado: el GPS, un aparato que, mediante un sistema de satélites nos da no sólo las coordenadas de posición sino que pueden indicarnos hasta el rumbo a seguir entre dos puntos, el tiempo aproximado para realizar el desplazamiento, la altitud a la que se encuentra...

Métodos naturales de orientación

Foto: Marga Nerín 
El musgo crece en la parte más sombría y húmeda del tronco de los árboles, indicando el Norte en el Hemisferio Norte. 

Se llama así a la manera de localizar uno de los 4 puntos cardinales -deduciendo los otros tres- mediante los recursos que nos ofrece la naturaleza. El sol y la luna nos pueden ayudar. La luna cuando está en cuarto creciente tiene forma de D y los cuernos marcan el Este, mientras que si es menguante tiene forma de C y los cuernos apuntan hacia el Oeste. También las estrellas nos pueden ayudar a localizar los puntos cardinales. La Estrella Polar marca el norte (en el hemisferio norte) pero ¿dónde se encuentra ésta en el firmamento? Hay que trazar una línea imaginaria entre las dos estrellas que forma la parte frontal de la Osa Mayor y prolongar cuatro veces la distancia entre esas dos estrellas.

La vegetación se puede convertir también en nuestra aliada. Mirando los anillos de un tronco de árbol cortado, podremos determinar el Sur, ya que los anillos se ensanchan en esa dirección (en el hemisferio sur sucederá al contrario). Al levantar una piedra la parte más húmeda de la tierra indica el Norte y las hormigas abren sus hormigueros hacia el Sur.

El deporte de la orientación

Algo tan esencial como saber dónde nos encontramos y hacia dónde debemos dirigirnos, la orientación, ha llegado a convertirse en un deporte que en poco tiempo contará con su propia Federación en España.

Foto: www.ausport.gov.au 

La orientación, entendida como un deporte, nació en el siglo XIX y lleva cerca de 70 años como competición organizada. Su aparición va muy ligada a la aparición de los primero mapas topográficos modernos. Pero no es hasta poco después de la I Guerra Mundial cuando se celebra en Nacka, cerca de Estocolmo, una carrera con 217 participantes. El deporte se comienza a propagar por los países escandinavos y, después de la II Guerra Mundial se extiende por el resto de Europa y los Estados Unidos.

El deporte de la orientación ofrece un desafío intelectual además del ejercicio físico ordinario.

Sea como fuere, por competición o por afición, antes de salir al monte con la intención de realizar un recorrido más o menos largo hay que pensar en los horarios de la estación en la que nos encontremos, señalar los pasos peligrosos que nos podamos encontrar, localizar las fuentes o arroyos donde poder recoger agua y saber dónde poder refugiarse en caso de un cambio brusco de la meteorología.


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