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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 14 de Diciembre de 1999

No asustes al Urogayo

Por Arancha Vega Rubio  | 

A punto de desaparecer, el urogallo es un componente más de la fauna pirenaica y asturiana. Es un ave difícil de ver pero cuyo canto nos acompaña en las excursiones de verano, o durante las travesías que realizamos con esquís en invierno.

El Urogallo Común es el gigante de las Galliformes europeas que habita también al oeste de Asia, extendiéndose hasta el río Lena (Siberia). Los machos alcanzan una longitud de hasta 91 cm. pudiendo pesar más de 5 Kg. Su pelaje es negro, con reflejos verde metalizado en el pecho y, en torno a cada ojo, tienen un círculo rojo de piel cuya intensidad y tamaño varían según el estado de actividad sexual del ave. Las hembras pueden alcanzar una longitud de 30 a 60 cm, son de color pardo moteado por encima y pardo rojizo en el pecho, el círculo de piel alrededor del ojo apenas existe y no tiene una función especial como en los machos.

 

Estas aves viven en bosques y se alimentan de bayas, semillas, gusanos e insectos durante el verano, y de brotes de los pinos, durante el invierno. En la Cordillera Cantábrica los cantaderos se encuentran por encima de los 1.500 metros de altitud, mientras que en el Pirineo se le puede ver por encima de los entre los 800 metros y hasta los 1.800 metros.

Debido a los cambios climáticos y a la acción del ser humano, que han destruido su hábitat, el urogallo ha desaparecido en muchas zonas de Eurasia; en otras, las poblaciones disminuyen a gran velocidad, por lo que esta especie está considerada en peligro de extinción.

Mantiene una dieta vegetariana (excepto de polluelo, que se alimenta de insectos, sobre todo de larvas de hormiga). Devora material leñoso de bajo poder energético y abundante celulosa, que puede transformar gracias al poder de fermentación de su aparato digestivo. Al llegar el invierno trasladan su hábitat a las ramas de los árboles, donde duerme y, en el caso de las especies pirenaica y eurosiberiana, también se alimenta. Un ejemplar quieto en su árbol para no enfriarse durante el mal tiempo y las bajas temperaturas de invierno, sobrevive gracias a sus reservas corporales. Sólo el paso de un desconocido le hará volar mermando así sus reservas de tres semanas (con el peor tiempo) a apenas 10 días.

Moverse a pie o deslizarse con esquís durante los meses invernales por áreas forestales de alta montaña pirenaica, fuera de las pistas y senderos de movimiento a los que el urogallo se encuentra ya habituado, puede representar un grave peligro para su supervivencia.

Al llegar el deshielo la conducta arbórea se vuelve terrestre y el ave se pasea en busca de tallos y brotes, con una especial debilidad por la fruta (arándano, fresa, frambuesa...). Para preservar su intimidad, el excursionista debe utilizar -como en invierno- las sendas utilizadas desde hace siglos, evitar la utilización de vehículos de motor para acercarse a las brañas, no acampar en lugares prohibidos y, al recoger frutos como las fresas o las avellanas, arándanos o frambuesas, respetando las plantas.

Marga Nerín

Para más información dirigirse a la Sociedad Española de Ornitología (SEO).


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