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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 13 de Octubre de 2000

Ascensión a la sexta cumbre más alta de Occidente

Por Arancha Vega Rubio  | 
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Después de ascender en tres ocasiones al Aconcagua, organizar las labores de limpieza en el coloso de América y realizar innumerables escaladas en la cordillera andina, el montañero Jaime Suárez ha logrado, en poco más de 8 años, el ascenso a las 10 principales cumbres y sistemas montañosos de la Re

El Volcán Bonete denominado injustamente Bonete Chico, inclusive en los mapas, a pesar de sus 6.759 metros de altura, es la 6° cumbre de Occidente, luego del Aconcagua 6.962 m, Pissis 6.882 m, Ojos del Salado 6.864 m, Mercedario 6.770 m y Huascarán 6.768 m.

 
Jaime y sus compañeros de expedición en la cima del Bonete (6.759m) 

Está rodeado, dentro de una radio de 100 km., por importantes y enigmáticas montañas entre las que se extendió el Camino del Inca, cuyo tronco y ramales intercomunicaban y recorrían estos valles del oeste argentino, cruzando a Chile por pasos cordilleranos para conectarse con otro importante sistema vial incaico.

Hacia el Norte de su cumbre, prácticamente dentro del sistema, encontramos a 8 km. de distancia una segunda mole que alcanza los 6.200 metros de altura y también suele llamársela Bonete. Más al Norte, a 12 kilómetros de esta última, aparece una cumbre separada e independiente que recibe, a pesar de tener 5.943 metros de altura el nombre de Bonete Grande. Desde el Bonete Grande encontramos 10 km. al Norte y determinando el límite entre La Rioja y Catamarca al Pissis, con 6.882 metros de altura en una de sus cinco cumbres principales, que lo posicionan como la segunda montaña de América.

Hacia el Oeste del Bonete, a unos 23 kilómetros, está el cordón del Veladero, donde sobresale especialmente una bellísima montaña, en cuya cumbre encontramos en otra expedición, restos de una misteriosa construcción inca rectangular . Desde allí a más de 25 km. discurre el límite con Chile.

Salimos el día Viernes 8 de Noviembre a las 18 horas, en tres vehículos 4x4, transitando por el Oeste Argentino hacia el Norte y con la idea de avanzar todo lo posible y pernoctar ante el primer síntoma de cansancio. Llegamos así hasta Jáchal, en la Provincia de San Juan, donde se realizó el primer descanso.

Continuó el grupo su marcha hasta Jagüe, donde cada andinista debió abonar la suma de $ 10,00 para poder ingresar a la Reserva del Bonete, por ser ésta un área protegida. Siguió nuestro avance por un buen ripio, hasta encontrar el río Peñón al que acompañamos ya que el camino discurría encajonado entre montañas junto a él. Pudimos contemplar grupos de guanacos pastando en sus orillas. Antes de llegar al refugio del mismo nombre (Posición 28°28´510S y 68°50´250º) llenamos todos los bidones con agua. De allí en adelante la provisión de ese vital elemento se hace dificultosa. Luego de pasar el refugio accedimos a la Pampa del Peñón, donde pronto tuvimos la contemplación de la bella Laguna Brava, por varios kilómetros. Teniendo siempre como telón de fondo a la Cordillera de Los Andes donde se destacaban los imponentes perfiles de la Sierra del Veladero y el Bonete.

 
Restos incas 

Hay en las cercanías de la laguna dos refugios de piedra, tipo nido de hornero, que al igual que el existente en el Peñón, y otros que continúan hacia el límite con Chile, fueron construidos durante la presidencia de Sarmiento, en el siglo XIX, para facilitar el desplazamiento de arreos con ganado hacia el Norte del vecino país, motivados en la necesidad de alimentar a poblaciones que crecían por las explotaciones de Nitrato y minerales.

Uno de ellos es el de la Laguna Brava y el otro el de Mulas Muertas (Posición 28°16´472S y 68°44´767º). Habíamos optado por el primero por encontrarse a nuestro criterio en forma más directa para acceder a nuestra montaña.

Refugio de la Laguna Brava. Pos. 28°15´578S y 68°50´016º.

Sobre los 4.300 metros de altura, y al lado del viejo refugio de piedra, armamos nuestro campamento dentro de un amplio y rectangular pircado que sirviera para resguardar el ganado caballar y mular en el pasado. Colocamos las trompas de nuestras camionetas contra la edificación de piedra a los efectos de aminorar la acción del nocturno viento helado sobre el motor.

Al costado de la entrada del refugio pudimos contemplar nuevamente al "destapado" o "destapadito", como lo denominan los arrieros.

Se llama así a una osamenta humana que deja ver parte de la misma, inclusive sus viejas y secas botas, a pesar de las piedras que la tapan. Se cuenta que aunque se lo cubra totalmente con piedras, durante la noche se "destapa", apareciendo de nuevo a la mañana con zonas sin cubrir. Cristianamente es inevitable no colocar piedras encima, pero créase o no es necesario volver a hacerlo a la mañana siguiente.

Tras la rápida marcha en distancia y altura se imponía movernos con lentitud para adaptar nuestro organismo a la falta de oxígeno. Nos encontrábamos a unos 25 kilómetros de distancia de nuestro objetivo, pero ahora lo importante era lograr la mejor aclimatación posible.

 
Refugio de La Laguna Brava 

El domingo a primera hora parte del grupo partimos en un viaje de exploración y avance. Trasladamos en dos vehículos equipo, carpas y comestibles hasta el lugar donde se instalaría el campamento base, al pié del Bonete. Esto fue posible siguiendo al GPS y uniendo huellas antiguas y borrosas que nos llevaron hasta el borde de la montaña. Dejamos todo al lado de una gran roca, cubierto por piedras, que formaron un montículo observable desde muy lejos.

Con mejor conocimiento del camino, regresamos antes de las 12 horas y dedicamos el resto del día a aclimatación.

Visita al Pueblo Inca: (Complejo de la Laguna Brava) Visitamos las ruinas incas que se encuentran en el borde Oeste de la Laguna. Numerosas pircas derruidas no dejaron de hacer trabajar a nuestra imaginación para lograr suponer escenas y vivencias de su época de apogeo, unos quinientos años atrás. Siempre estábamos bajo la imponente vista de la cumbre principal del Veladero, que desde 30 km de distancia, impone majestuosamente sobre esta área su perfil níveo. Pegado al pueblo, un pequeño cordón de montañas la protege. Su cerro más alto llamado Don Mario (4.350 m) tiene en su parte superior un pequeño y antiguo pircado con vista directísima a la construcción que se halla en la cumbre del Veladero. Seguramente un estratégico puesto de control, tanto para advertir y comunicar movimientos de guanacos o vicuñas, como de seres humanos.

Entre caminatas, comidas, observaciones, fotografías a los rosados flamencos y a unos (sólo transpirantes) geisers del borde de la laguna, se nos pasó rápidamente el día.


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