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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 15 de Abril de 2008

Iñaki Ochoa ataca la arista este del Annapurna. Instalado el campo 1 en el Dhaula

Pauner y Edurne instalan el campo 1 en el Dhaula. Iñaki Ochoa empieza a tentar la arista este del Annapurna, como siempre sin sherpas, fiel a su estilo. Muy lejos de este tipo de himalayismo, en el lado nepalí del Everest se prohíbe el ascenso hasta el campo 1 hasta que llegue el ejército a controlar a los montañeros. Los que ya han llegado, matan el tiempo en el campo base

Mientras la mayoría de expediciones están aún acercándose hasta los ochomiles, los equipos de Carlos Pauner y Edurne Pasabán, en el Dhaulagiri, y el de Iñaki Ochoa, en el Annapurna, ya están comenzando a atacar la montaña, cada uno a su estilo.

Como siempre, Iñaki Ochoa se ha buscado dos buenos compañeros, Horia Colibasanu y Don Bowie, y sin ayuda de sherpas intenta la arista este del Annapurna, algo que hasta el momento tan solo ha sido conseguido en 5 ocasiones. Hoy han conseguido alcanzar los 5.400 metros, en una ascensión que desde el primer momento trae muchas complicaciones.

Por su parte, tras los problemas que tuvieron en la aproximación al campo base, tanto el equipo de Carlos como el de Edurne e Iván Vallejo, ya han dormido una noche en el campo 1, y ahora se encuentran en el base.

Lo del Everest está entre la comedia y la tragedia. Los primeros grupos intentaban abrir la cascada del Khumbu, cuando se les ha dicho que el campo 1 no se instala hasta que no aparezca la autoridad competente, manu militari, y controle que nadie suba a estropear la fiesta. Se confirma que hasta que no llegue la antorcha a cima, nadie pasará del campo 3.

Crónica de Iñaki, (www.navarra8000.com)

"Las paredes del pozo


Me parece que ya se ha hecho tarde para cambiar de rumbo, y además no tengo ganas. Creo que somos tipos tercos, de esos que nunca aprenden aunque les muelan a palos. Sostengo que la escalada ha rescatado mi vida de las garras de una existencia burguesa, mediocre o insignificante, o todo ello a la vez. Aunque haya quién piense que sólo somos los niños malcriados de una sociedad decadente, yo no lo creo así, y sólo espero el momento de subir bien alto para mirar una vez más con infinita libertad dentro de mí, y para robarles energía a estas montañas sin par que me alimentan y enriquecen cada vez más. Esta vida, que yo mismo he elegido, me llena profundamente. “Piedra que rueda, no coge musgo” dice un refrán, creo que inglés o algo peor. Mis paisanos de BARRICADA lo cantan mucho mejor, sin duda; “Mira cómo todo se llena de polvo, cuando no le das meneo a la vida…”. Para barricada de verdad, esta pared sur del Annapurna que domina nuestras vidas y es el objeto de nuestros anhelos, esperándonos como un amigo fiel y silencioso. Y para meneo, el que sin duda nos espera. En toda la historia, sólo cinco personas han alcanzado la cima por la arista este, nuestra ruta.

Hemos comenzado el arduo trabajo de encontrar la ruta y equipar los primeros campos de altura, acarreando hacia ellos toda nuestra impedimenta, que es escasa pero aún así pesa lo suyo en nuestras mochilas. Como siempre, escalamos sin sherpas, y por supuesto sin oxígeno. La ruta no decepciona; es farragosa, inconcreta y exigente desde el primer metro. Para empezar a hablar del tema, hay que perder 200 metros de altura y bajar a un glaciar pedregoso que nos separa de la morrena opuesta, lugar donde se instala el campo base tradicional. Pasado este sombrío lugar, una empinada travesía de hierba congelada nos pone en apuros, y debemos ponernos los crampones para superar el tramo, que dejamos equipado con una cuerda de 150 metros, ya que un simple resbalón sería mortal de necesidad. Todo ello a la altitud extrema de 4.200 metros. Miseria desde el principio, cómo me gusta.

Así es como empezó todo, hace ya unos días, pero ahora una semana larga de mal tiempo nos ha dejado más o menos inmovilizados en nuestro campo base. Las nevadas, copiosas y diarias, han ralentizado nuestro ritmo pero no han mermado un ápice nuestra moral. Poseemos tiempo de sobra, tenemos de todo y nada será capaz de desesperarnos. No pasa nada por un poco de nieve, ya que falta prácticamente toda la temporada y, cuando la mayoría de las expediciones de este año todavía no han llegado a sus respectivos campos base, nosotros tenemos ya el objetivo en el punto de mira. Además me encuentro especialmente satisfecho de la elección de compañeros de este año, que modestamente juzgo como un gran acierto. Horia Colibasanu, un gran amigo, está en muy buena forma, además de que no deja de hacer bromas. Don Bowie es un escalador excelente, extremadamente fuerte, motivado, tranquilo y además un excelente compañero. Me parece que no será la última vez que nos veamos las caras.

Por la noche hace todavía mucho frío, cuando deja de nevar, y a veces me siento a ver las estrellas, en el memorial que domina el campo base, bajo las banderas tibetanas de oración. El cielo que disfrutamos aquí no se puede ver en ningún otro lugar, y el silencio es una droga que colma mis venas de paz. Sentado entre las placas de los amigos y desconocidos que dejaron aquí su vida, sonrío en su memoria, miro al gigante Annapurna, y sigo susurrando versos de alguna vieja canción; “Y si me dejas, te voy a pintar con el color de cualquier esquina”…


Iñaki Ochoa de Olza"

Crónica de Carlos Pauner

"Año nuevo en Nepal


Hoy celebramos el año nuevo en Nepal. Comenzamos este 2.065 con buenos deseos y buenas vibraciones. Además Nepal se estrena con elecciones constitucionales, nuevo hito que marcará el futuro de este pequeño país lleno de montañas. Para nosotros son días de calma, de descanso, tras haber subido a la cota 5.900 m y haber instalado el campo 1, primer campo de altura de los 3 que necesitaremos para subir a la cima de este gigante. En unas 6 horas y media cruzamos bajo el pequeño Eiger, pared vertical que domina el campo base, para luego atravesar un largo glaciar hasta el enorme collado que conforma el comienzo de la arista NE del Dhaulagiri. Llegamos con buen tiempo, montamos las tiendas y comenzamos con las tareas de fundir nieve para obtener agua. Al caer la noche, la nieve hizo acto de presencia y a la mañana siguiente un blanco manto lo cubría todo. Tras pasar la noche en este lugar, comenzamos el descenso hacia el campo base, para descansar y permitir que el cuerpo se vaya recuperando del esfuerzo realizado. De momento todo va sobre lo previsto. En el próximo tirón habrá ya que montar el campo 2 a unos 6.500 m, pero eso será dentro de unos pocos días.

Hoy luce el sol de nuevo en nuestro campo base y hemos aprovechado para hacer una buena comida. Hemos traído dos buenas piezas de bacalao y nuestro amigo Asier, miembro de la otra expedición, ha instruido a nuestro cocinero en las artes de la cocina de este manjar. El resultado no ha podido ser mejor y hemos degustado un buen bacalao al pil pil que ha hecho las delicias de nuestros paladares. El estado de ánimo no puede estar más alto y nos encontramos tranquilos, con los deberes hechos hasta la fecha y con energía para pegar duro en esta montaña.

A pesar de la altura y del frío, los equipos de ordenadores y cámaras están funcionando perfectamente. Aprovechamos las horas centrales del día, las de más calor, para trabajar con ellos y poder enviar las crónicas y las fotos de nuestras peripecias, así como los videos para la televisión aragonesa. Es un trabajo duro, pero nos reconforta el poder compartir con todos los aragoneses estos bellos paisajes, tan alejados de nuestra tierra como salvajes en sus formas. Hablamos con expedicionarios de otros países sobre nuestras montañas, acerca de nuestras costumbres y no podemos evitar dejar entrever una cierta melancolía tras estas 3 semanas ya alejados de nuestro hogar. Poco a poco va pasando el tiempo y nos vamos acostumbrando a estar aquí, viviendo sobre el hielo y las piedras, escuchando avalanchas en la noche o reconfortándonos por los primeros rayos de sol en la helada de la mañana. Como animales de costumbres que somos, nos hemos hecho a este tipo de vida tan extraño y empezamos a encontrar cierto confort en nuestra existencia en las alturas. Es un proceso inevitable, necesario para seguir ascendiendo, para seguir soñando con la lejana cima de nuestra montaña.


Carlos Pauner"


Carlos, Javier y Marta, llegando al campo 1 del Dhaula

Tags: Alpinismo

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