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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 24 de Abril de 2008

Larramendi y Calleja regresan tras 10 días en el Polo norte geográfico

Tras 10 días probando los geniales inventos de Larramendi en el mismo Polo Norte, regresan a la base polar rusa. María se baña en bikini a -35ºC para probar su resistencia al frío. El nuevo catamarán-kayak-pulka polar funciona a la perfección, pero el insólito traje para cruzar nadando las grietas de la banquisa no tanto. Tan solo reciben la visita de un helicóptero con millonarios rusos

Tras 10 días en el Polo norte, los rusos de la base polar Borneo les hacen regresar, porque las condiciones empiezan a ser peligrosas para la base. En estos días han hecho probatinas de los siempre geniales y eficaces inventos de Ramón de Larramendi, han hecho carreras en pelotas a -35ºC, María March se atrevió a bañarse en bikini en el mismo Polo norte (Jesús no), y reciben la visita de un helicóptero con millonarios rusos.

Debían de ser muy millonarios, a la rusa. Porque, según cuentan, uno de ellos le preguntó a María:

-¿Conoces la electricidad?
-María:
-Millonario ruso: Pues es mía…

Seguidamente, le propuso matrimonio a María, que parece ser que rechazó.

Os dejamos con la crónica:

“Seguimos en el Polo Norte, Emilio, Ramón, María y el que os escribe. Chismorrea el teléfono satélite, y el primer saludo es: “incredible Team” –Hello-: hablamos con el jefe de la Base Rusa Borneo, (“Flequi”) nos dice que si no tenemos ganas de volver, que le parece inaudito que estemos tantos días alrededor del Polo Norte, y no queramos regresar.

De alguna manera nos hemos adaptado al intenso frío, y a la gran cantidad de incomodidades, que supone simplemente sobrevivir, en condiciones extremas. Es cuestión de disciplina, y no cometer errores; junto a Ramón Larramendi, es difícil cometerlos, pues es asombroso sus impresionantes conocimientos sobre la vida en el ártico. Es una enciclopedia ártica con patas; se sabe todos los trucos. Para que os hagáis una idea de quien es Ramón, os diré que realizó una travesía circumpolar, que partió desde Groelandia, y finalizo en Alaska, después de atravesar Canadá, recorriendo ¡¡14.000 kilómetros!!, junto con tres compañeros, y siempre utilizando medios ancestrales, bien a pie, kayak, o trineo de perros, además de hacerse sus trajes árticos de piel de oso, y procurándose la comida con las viejas artes esquimales. Tardo tres años en completar la hazaña, y aprendió todos los trucos para vivir en unos terrenos tan hostiles de los más avezados esquimales. Pero no termina aquí su historia, ha realizado innumerables travesías inéditas, destacando la travesía junto a militares de Jaca, de sesenta días desde Siberia, caminando con trineos hasta el mismo Polo Norte, o por destacar alguna mas, como la primera travesía en catamarán arrastrado por la fuerza del viento, al acoplar a un invento del propio Ramón, un catamarán, una cometa gigante. Con este artefacto recorrió 4.500 kilómetros. En fin, que podría estar horas y horas hablando de sus hazañas. Nuca olvidaré las largas horas de tertulia en la tienda de campaña, sobre exploradores y pioneros en el mundo de los polos. Como persona, es genial, y prescinde de cualquier modernidad superflua, sacando el máximo partido a cualquier material que para nosotros es obsoleto ¡Para vivir en el Polo, utiliza algunas cosas que compra en las tiendas de chinos o todo a cien, y tiene una bolsa morada que es mejor que la de McGiver, cuando hay un problema técnico, saca de esa bolsa la solución!

Cuando le ves su ropa interior, da la sensación que va a cortar cabezas en el medievo: un gorro de época medieval, unas mallas en la piernas como las de “Crispín”, el de los tebeos del capitán Trueno, unos botines de plumas como los de Robin Hood, y un reloj que le debió de tocar en un huevo Kinder, cuando era niño ¡Es un tipo genial! Hemos prometido volver hacer alguna expedición juntos, ya lo tenemos planeado, y va ha ser espectacular. Sin duda repetiremos los cuatro, por eso dicen los rusos que somos el Incredible Team.

Permitidme que hablara antes de Ramón, que entrar en faena de cómo nos ha ido desde la última vez, porque tenía ganas de hacerle este pequeño homenaje, a tan ilustre personaje, del que no paro de aprender cosas día tras día.

Era el día 19 de abril cuando os escribí la ultima vez, nuestra intención era la de continuar hasta el Polo Norte por tercera vez, pero al despertarnos, la grieta, que al principio era pequeña, ahora tenia 8 metros en la parte mas estrecha, y mas de 20 en la mas ancha, además de ser de unas dimensiones en longitud, que nuestra vista no alcanzaba a divisar. ¡Perfecto, podremos volver a experimentar los inventos de Ramón, y los del noruego. Son las condiciones perfectas para saber si estos inventos son prácticos y útiles para cuando se produzcan mayores y más grietas, debido al inminente cambio climático. Cuando este se produzca o hay alguna solución para continuar las travesías, o esas grietas cada vez mayores, impedirán que se pueda avanzar.

Dicho y hecho, nos ponemos manos a la obra y probamos de nuevo el catamarán trineo, o el kayak trineo. Ambos son el mismo, pero tiene estas tres posibilidades: o es trineo, o catamarán, o kayak. En las tres formas de nuestro “transformer”, funciona a la perfección. Estamos sorprendidos de la eficacia del sistema diseñado por Ramón Larramendi. Ahora llega el momento de comprobar que es mas eficaz, si el “transformer”, o el traje de supervivencia del noruego Borgue Ousland.

Maria, y Ramón se suben al catamarán, y yo me instalo en el engorroso traje de supervivencia. Ambos nos situamos en la posición de salida, y empieza la competición. El catamarán navega muy estable, y sus dos ocupantes solo tienen que remar, y dejar caer sus cuerpos hacia a tras, y de este modo la proa rompe el hielo como un rompehielos. La formula es sencilla, eficaz, y no cansa. Yo con el traje, parezco un muñeco de “michelin”, me cuesta mucho nadar, y si mueves las rodillas que siempre tienen que estar dobladas, como hice yo, te precipitas de bruces, tragando un buen chorro de agua, y lo peor de todo, es que si no te reincorporas rápido, el agua se cuela en el traje, porque en la zona del cuello no es estanco. Si esto ocurriera y no pones remedio, este se llenaría de agua de mar, y como un plomo te irías al fondo. Llego a la orilla reventado de esfuerzo y tensión por mantener el equilibrio. Conclusión: el Transformer gana ¡de goleada!

Luego probamos el trineo en la forma de kayak, y nos damos cuenta que en aguas abiertas es muy rápido y estable, pudiendo cubrir grandes distancias de agua líquida con seguridad y velocidad. De nuevo gana el transformer!

Probamos de varias formas diferentes el traje, que por cierto a mi me da un poco de miedo, pues no le veo estable, y sobre todo que hay que protegerse para no ir de bruces, o se te llenara de agua y me iré al fondo. Probamos nadar de espaldas, de frente, de lado, pero es muy lento, y la menor corriente te arrastraría.

¡El traje pierde!

Nos pasamos buena parte de la jornada experimentando con el transformer y el traje, pero además hemos intentado pescar con caña, carnaza y anzuelo, pues el día anterior Emilio vio una especie de ojo grande que brillaba en el fondo del océano, a pocos metros de nosotros cuando estábamos con el traje estanco en el agua. A parte del miedo que supone que un ojo grande te observe, hemos pensado que podía ser un calamar muy grande o un bacalao, así que a intentar pescarlo, para saber que hay aquí debajo. En este aspecto no tenemos éxito. ¡El pescador pierde!

A las diez de la noche, que aquí os recuerdo siempre es de día en esta época, decidimos hacer otro experimento: ¿Cuánta aguanta el cuerpo humano a -35ºC, con el cuerpo al aire? ¿Cuántos metros podríamos cubrir corriendo? Dicho y hecho: María y yo nos retamos. Ella en bikini, y yo en calzoncillos, y ambos con botines de pluma para no congelar los pies, nos batimos en una rápida carrera en “pelotas” por el Polo Norte. No recuerdo nunca un impacto tan brutal al frío. Salimos de la tienda caldeada a unos 22ºC positivos con la fuerza de los dos hornillos, y de repente a -35ºC, total una diferencia de 57ºC, en un solo segundo, y a correr como desesperados. María y yo vamos empates, y alcanzamos a recorrer unos 150 metros de distancia desde la tienda. Ahora estamos parados unos minutos, sin correr. El cuerpo esta al límite de lo soportable, y le digo que regresemos:

-Maria, media vuelta, o me quedare sin apéndices, y hay uno que no me gustaría perder por nada en el mundo.
-Vale, pero antes hay que meternos en el agua y hacer al menos tres brazadas.
-Tu no estas bien de la cabeza, anda vamos que me muero de frío.
-Vete tú.
-Mejor vamos los dos, y una vez te caliente intentas lo de meterte en el agua, “chica loca”.
-Acepto.
-Pues a la carrera a la tienda.


Nos metimos en la tienda tiritando de una manera descontrolada, pero Emilio y Ramón nos tienen la tienda caliente, y nos recuperamos sin problemas, aunque al entrar estamos de color azul pitufo.

Yo pensé que lo de meterse al agua era broma, pero María, insiste.

-Ahora al agua
-Tu estas loca, si lo intento me muero
-Pues me voy sola y gano
-No te atreverás
-¿Qué no?


Y en ese momento sale despavorida de nuevo a la grieta, yo salgo detrás vestido completamente, y no doy crédito a lo que veo: hace un agujero en el hielo, se mete del tirón, nada tres brazadas, sale arrastrándose por la nieve, que corta como un cuchillo, grita de frío, corre de nuevo a la tienda, pero antes de entrar, levanta los brazos porque me ha ganado, y para adentro.

La pobre criatura esta helada, y ahora parece la madre de todos los pitufos, pero me ha ganado ¡¡Mujeres al poder!!

Otro experimento realizado. Aun hacemos más experimentos y observaciones, pues para nosotros no solo es un reto deportivo arrastrar nuestro trineo durante más de 100 kilómetros, si no que queremos probar nuevas cosas, y entrenarnos a vivir en este clima tan hostil para futuras expediciones, que ya están diseñadas, y que pronto sabréis, donde repetirá el “Incredible Team”.

Terminamos de cenar a las dos de la madrugada, y nos acostamos con la intención de continuar al Polo Norte por tercera vez.

Pero no todo sale como uno quiere, esa noche, que es de día, se desata una tormenta, que nos obliga a desarmar el campamento muy rápido, pues el frío es intensísimo. Caminamos durante todo el día y casi no paramos a descansar, porque el viento de cara corta la respiración. Se nos hielan las pestañas, cejas, aliento, sudor entre capas de la ropa,¡ un horror de frío!A medida que pasa el día el viento arrecia, y es inaguantable. Puede hacer mucho frío, pero si no sopla el viento, es tolerable, pero cuando sopla el viento intenso, es insoportable. En un momento determinado decidimos parar, pues es simplemente imposible continuar. Al parar, observamos que Emilio tiene un pequeña marca blanca en la cara, es síntoma de que empezaba a formarse una congelación, se la calienta con la mano, y no fue a más, ahora solo tienen una pequeña escara, que según Ramón son típicas en estos climas. Es un cámara inigualable, pues trabajar en estas condiciones es durísimo.

Montamos el campamento completamente exhaustos, y congelados. Los dos hornillos al máximo, y logramos entrar en calor, pero el viento ahora es fortísimo, y la sorpresa la tenemos cuando miramos el GPS, y vemos que la deriva esta a casi un ¡kilómetro a la hora! Es una locura, en tan solo 12 horas estaremos en el mismo punto de inicio de este día. Desesperados cenamos, y nos acostamos, y cuando despertamos, y desayunamos, ya estamos mas lejos que en el punto donde ayer comenzamos a caminar. La deriva nos lleva hacia atrás, a una velocidad increíble, que es imposible de recuperar. Aunque caminemos todo el día, la deriva es más intensa, y el viento está ahora tan fuerte que seria una locura continuar. Hay que esperar y dejarse llevar por la deriva, flotando. Todo el casquete polar se mueve al unísono, en dirección Alaska, y nada podemos hacer. Ramos dice que esta es su sexta expedición al Polo Norte, y jamás había estas derivas y este tiempo tan cambiante y brumoso. Algo está pasando, y sin duda está relacionado con el cambio climático.

Al despertarnos, el viento y la deriva continúan, y aumentan de fuerza. Es imposible llegar al Polo Norte por tercera vez, y tampoco es posible movernos hoy, si lo hiciéramos con el viento de cara como lo tenemos, estarían garantizadas las congelaciones al menos en la cara. Con buen criterio decidimos que tenemos que seguir esperando a que pase la tormenta.

Hace una hora, mientras escribía esta crónica, nos llaman de la Base Borneo, y nos comunican que mañana vienen a buscarnos, pues la tormenta ha arreciado, y ya sólo quedamos otra expedición y nosotros, y han decidido sacarnos sí, o sí, porque estamos alejándonos demasiado para nuestra seguridad, además somos los últimos dos grupos que quedamos, y lo sienten mucho, pero que debemos abandonar el Polo Norte. En la base nadie entiende que hacemos aquí tantos días, y están algo preocupados. Aceptamos las órdenes que nos han dado, pues no nos queda otra, es el último viaje esta temporada del helicóptero a las inmediaciones del Polo Norte, y tenemos que cogerlo.

Aquí estamos haciendo una pedazo cena de despedida, porque en principio será la última cerca del Polo Norte. Luego nos llevarán a la Base Rusa Polar Derivante, y desde allí nos transportaran en un avión Antonov, que despega en apenas 500 metros de pista de aterrizaje, construida encima del hielo. La base estará desmontada a finales de mes, porque el hielo empezara a perder grosor y fuerza suficientes para poder soportar el aterrizaje de un avión. El grosor mínimo es de 1.8 metros para que sea seguro, y esta mas o menos en esos valores, por lo que hay que darse prisa en salir de aquí. Esto es hielo que poco a poco se deshace al llegar las corrientes mas calidas del golfo.

Ahora cenando recordamos lo bien que lo hemos pasado, las experiencias de caminar de una manera autónoma arrastrando trineos de 80 kilos, y montando nuestra “casa”, en mitad de la nada, con nuestro rifle para protegernos del Oso, que deambula por estas latitudes. De los experimentos que hemos hecho, de los inventos que hemos comprobado, de “nuestra reclamación como los rusos del subsuelo marino del Polo, al hacer llegar nuestra bandera como “ellos”, y de esta manera demostrar que a veces el hombre humano hace cosas tan absurdas como enviar un costosísimo submarino para reclamar el petróleo y el gas que ahí se esconden, dejando la bandera, cuando nosotros hemos hecho lo mismo con una bandera de León atada a un termo de 15 euros.

Y sobre todo vivir en un lugar tan hostil y frío aprendiendo técnicas esquimales que Ramón nos ha enseñado. Esta siendo una expedición atípica, dura, pero muy gratificadora ¡¡Es el Polo Norte!!"


Jesús Calleja desde las inmediaciones del Polo Norte


La prueba del traje cruza grietas estuvo a punto de acabar mal


María y Jesús, probando su resistencia al frío

María, con la cara congelada

La pulka/catamaran/kayak funcionó a la perfección

Tags: Alpinismo

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2 comentarios

2. Josuonthebridge - 24 Abr 2008, 12:31
Calleja, vaya gayumbos llevas. No he visto una cosa más fea en mi vida, ni en el rastro se puede encontrar algo tan cantón. No te dijo mil veces tu madre que llevaras la ropa interior en condiciones, que nunca se sabe cuando vas a tener que enseñarla? jeje. Menos mal que el bikini de maría compensa sobradamente, joder qué tipazo! como os cuidais...

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1. sioux - 24 Abr 2008, 11:56
Ese es Leones como yo....y ese frio se cura con un buen chorizo de las montañas de aquí...cezina de chivo y todo lo bueno de la montaña Leonesa. Calleja... sigue así,y disfrutando de todo lo bueno y de esos paisajes, pero no te olvides de Leon que tambien tiene lo suyo. Saludos de otro montañero

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