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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 30 de Abril de 2008

Iñaki Ochoa, Horia y Don Bowie avanzan en su nueva ruta en la pared sur del Annapurna

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Entre la ruta polaca y la que Humar empleó el año pasado en su ascensión en solitario: ahí están trabajando Iñaki, Horia y Don en una nueva línea en la gran pared sur. De momento, con algunas dificultades, han conseguido abrir la parte baja del muro, y se encuentran intentando montar el campo 2 en una repisa protegida

El Annapurna es el ochomil que está registrando las actividades más bonitas esta temporada, junto al intento al pilar este del Dhaulagiri por parte de Babanov y Totmyanin. Por un lado, una expedición checa, compuesta por Piotr Pustelnik, Peter Hamor, Piotr Morawski y Dariusz Zaluski, intenta la primera repetición de la durísima ruta checa en la cara noroeste. Y por otro, Iñaki, Horia y Don intentando una nueva vía en la pared sur. Como puede verse en la foto, comparte el tramo final con la que el año pasado abrió Humar en su intento en solitario, y se encuentra entre ésta y la polaca. Aunque ya es sabido, repetimos que ascienden sin sherpas de altura, tan sólo ellos 3 en la pared.

Os dejamos con la crónica de Iñaki desde el Annapurna:

"Días de gloria

La hoja de mi piolet araña la roca produciendo un chasquido que no me gusta en absoluto. Busco con ahínco una pequeña fisura oculta, algo que me permita empotrar el filo metálico del cacharro y superarme sólo un metro, justo aquí arriba donde la nieve parece algo más compacta y profunda. A mis crampones tampoco les gusta morder en la roca, ellos son como yo y sueñan con hielo espeso y dulce… Tengo que mantener la calma, ya que aquí arriba la caída no está permitida. Don Bowie me mira desde 20 metros más abajo, colgado de un clavo en la repisa desde donde me va soltando cuerda, y en su expresión se observa el tono grave de quién sabe lo que está en juego. La nieve apenas cubre la roca sobre la que me hallo encaramado y de nada me serviría golpearla con más fuerza; ahora la escalada se transforma en una especie de ballet sutil y delicado. Al final, resuelvo el paso con relativa elegancia, si se me permite ponerme arrogante. Un poco más arriba, por fin encuentro terreno donde progresar con comodidad. Miro con tristeza la hoja de mi querido piolet, que ha quedado doblada como si fuera de mantequilla, inservible en un futuro inmediato. Francés tenía que ser.

Hace apenas cincuenta metros que he cruzado la enorme grieta que da acceso a la pared sur del Annapurna, y el baile ha empezado con marcha desde el principio. Tenía unas tremendas ganas de escalar, así que egoístamente me he atado la cuerda sin preguntar a mis compañeros si acaso ellos querían empezar. Me he atado el casco con la misma ceremonia de un guerrero samurai antes de la batalla. El terreno se veía ya desde abajo muy comprometido, así que ninguno de mis amigos ha siquiera osado abrir la boca para protestar. Hoy me toca a mí, soy el más viejo. Tras escalar lo más difícil, todavía progresaremos varios cientos de metros por terreno algo más sencillo, aunque dejaremos puestos 400 metros de cuerda fija que sabemos ayudarán nuestro descenso. Mañana remataremos la faena alcanzando una excelente repisa protegida de todo menos del desamparo, donde instalaremos nuestro campo 2, nada más que una pequeña tienda amarilla.

Bajamos corriendo por el glaciar hacia el campo 1. Yo camino delante por la huella que hemos trazado esta misma mañana, después viene Horia Colibasanu y detrás Don, que además de guapo es también el más alto y pesado. En un momento dado, la mitad de su cuerpo desaparece tragado por las fauces de una grieta maligna. La nieve que la escondía nos ha aguantado a todos menos a él. Así es la vida, chaval. Le sacamos a tirones de la cuerda que nos une, mientras nos reímos de él sin compasión, porque sabemos que a Don una de las pocas cosas que le da pavor son las grietas de los glaciares. A mí me sacan de quicio las tormentas con rayos y a Horia, que es rumano, lo único que le da miedo de verdad son los comunistas.

Por la tarde, refugiados en la tienda del campo 1, Don cocina goulash con pollo, que ha sacado vaya usted a saber de dónde. Comemos como búfalos, quién dijo que con la altura se pierde el apetito. Mientras tanto, Horia nos cuenta una rocambolesca historia de no sé qué boda rumana en la que la novia fue secuestrada en un coche muy viejo… Don, que es un chico muy educado, hace como que le escucha mientras lee una vieja Biblia. Yo, por mi parte, pienso en los abismos cósmicos de ese cielo infinito que nos cubre y protege, y me siento afortunado de tener estos amigos, y de pasar aquí estos días de gloria que justifican por sí mismos nuestra presencia debajo de este gigante y llenan de sentido nuestras vidas.”


Iñaki Ochoa de Olza, (www.navarra8000.com)


Iñaki, abriendo ruta en la gran pared sur del Annapurna


Horia avanza por la pared sur

Izquierda, ruta polaca; derecha, ruta Humar; centro, ruta de Iñaki, Horia y Don

Tags: Alpinismo

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