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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 25 de Noviembre de 2008

Alpinismo en Bolivia: Juan Diego Amador vuelve a la actividad

Tras concluir su proyecto de las 7 cumbres, el alpinista canario Juan Diego Amador vuelve a las andadas. Acaba de volver de Bolivia, realizando varias rutas de dificultad a los seismiles de la zona, parte en breve para el Hielo Patagónico con la intención de ascender el cerro San Valentín, y mientras prepara un nuevo ochomil para 2.009

El alpinista canario Juan Diego Amador, tras culminar con éxito el Proyecto de las 7 Cimas y hacer un breve paréntesis, inicia una nueva temporada de ascensiones. Recientemente ha viajado a Bolivia, en breve saldrá hacia el Hielo patagónico y ya trabaja en la ascensión de un nuevo 8.000 para la temporada 2009.

Hace poco que recorrió los principales macizos de Bolivia, acompañado de un gran amigo y un fuerte escalador, Alberto Peláez, con el que ha compartido algunas expediciones.

"El neófito en el deporte del alpinismo puede llegar a preguntarse, ¿qué se les ha perdido a dos alpinistas en Bolivia? Pero el país andino, además de ser uno de los lugares con mayor diversidad de paisajes, es la cuna de la cultura Aimara y Quechua, aunque quizás la razón de mayor peso es que concentra un buen puñado de montañas que superan los 5.000 metros.

Desde hace tiempo nos apetecía realizar alpinismo en montañas con rutas de cierta dificultad, poco transitadas y realmente bellas. Por ello, planificamos un viaje de veinte días en Bolivia, concretamente a la Cordillera Real y Occidental.

Decidimos invertir cuatro días del viaje en la zona del Condoriri. Nuestro primer objetivo fue el Pico Tarija (5.060m). Su dificultad es prácticamente nula, pues se asciende por un glaciar hasta su cumbre, pero esta primera actividad nos permitió aclimatarnos correctamente hasta los 5.000m.

Con la aclimatación garantizada decidimos dirigirnos a un pico de mayor envergadura, el Pequeño Alpamayo(5.370m). Se trata de una montaña que recuerda al conocido Alpamayo de Perú. Aunque algo más baja, también es una montaña de unas líneas perfectas, como la que dibujaría un niño. La ruta normal recorre la arista hasta la cumbre, mientras que existe otra vía alternativa, más dura, pero mucho más alpina. La Directísima asciende por el centro de una pala de entorno a 60º, directamente hasta la cumbre. Decidimos subir por este flanco de la montaña y realmente fue un acierto. Nos turnamos los largos, dos cada uno, asegurándonos con estacas, pues el hielo de estas montañas no permite asegurarnos con tornillos debido a que está muy granizado. Desde la cumbre disfrutamos de unas maravillosas panorámicas, pero nuestra atención se centró en nuestro próximo objetivo: La Cabeza del Cóndor(5.648m.).

Tras un día de descanso, nos levantamos a las 2:00 de la madrugada camino a la Cabeza del Cóndor. Si el día del Pequeño Alpamayo habíamos disfrutado, este realmente fue un día para recordar. A la Cabeza lo llaman también el Cervino de Bolivia y como su homónimo, es un bloque de roca que se levanta sobre las alas, desafiando las leyes de la gravedad.

La ruta que elegimos asciende por un corredor de entorno a 60º hasta la arista somital, restando escasos 200m hasta la cumbre. Este último tramo se escala por la propia arista, con una inclinación entre 60º y 65º. En este sector hay que extremar las precauciones, pues a ambos lados sólo existe el vacío. Poco a poco fuimos ganando altura, asegurándonos con las dos únicas estacas que llevábamos y a las 11:30 estábamos en la cumbre, disfrutando de unas espectaculares vistas. Desde arriba pudimos divisar en un primer término el altiplano boliviano, una extensa llanura de color ocre y a lo lejos el lago Titicaca.

Tras más de 15 horas de actividad, regresamos al calor de la tienda, con la gran satisfacción de haber realizado, la actividad de alpinismo más bonita que hemos compartido hasta el momento. El único contratiempo fue la pérdida de un piolet que durante el descenso se nos escapó y fue literalmente devorado por una grieta.

Regresamos a La Paz con la intención de descansar y planificar las próximas ascensiones, al Huayna Potosí y al Sajama. Además aprovechamos para conocer algo de La Paz, cuyo nombre evoca los tiempos en los que indígenas y españoles firmaron el fin de la lucha armada. Hoy la capital de Bolivia es un lugar con un mestizaje considerable, pero donde sigue predominando la población indígena, por cierto muy esperanzada con la llegada a la presidencia de Evo Morales.

La experiencia en la zona del Condoriri había sido realmente buena y las montañas nos sorprendieron por su nivel de dureza. A priori, cuando te aproximas a las altas montañas de Bolivia no parecen de excesiva dificultad, pues apenas sobresalen del altiplano, árido y yermo. Además, con diferencia a otras montañas del Planeta, la cota de nieve está por encima de los 4.500m, por lo que no impresionan desde su base. Pero una vez que te encamaras a ellas, son montañas dignas de visitar por cualquier amante de las ascensiones.

Elegimos como tercera actividad el Huayna Potosí. Sabíamos que se trata de una montaña realmente bonita y nos propusimos ascender por una ruta que no fuera la normal. Habíamos estudiado varias posibilidades y una vez en su base, cuando vimos la vía francesa nos decantamos por ella, pues es una pala de en torno a 400m que conduce hasta la arista somital.

Al día siguiente nos levantamos a la 1:00 de la madrugada y después de prepararnos un buen café, nos pusimos rumbo al Campamento Argentino, a 4.900m. La noche era oscura y muy fría. Durante las dos primeras horas ascendimos junto a los compañeros que optaban por la ruta normal y una vez que llegamos a los 5.000 m, derivamos hacia el este de la montaña.

Ahora estábamos solos. Poco a poco las linternas frontales de los compañeros desaparecían por la ladera sur y nosotros nos adentrábamos en un mar de bloques de hielo colgantes. Durante el día anterior habíamos estudiado la ruta, pero una vez en ella todo cambió de dimensión.

Ascendíamos lentamente, confirmando a cada paso que nos dirigíamos a la Vía de los Franceses, pero no salimos de dudas hasta que ascendimos el primer largo de cuerda (60m.) y rebasamos el sector más descompuesto de seracs.

Hacía muchísimo frío; el termómetro marcaba -11ºC y soplaba una ligera brisa que disminuía la sensación térmica. Con la idea de ascender más rápido, nos turnábamos ir de primero de cuerda durante todos los largos; en total tres cada uno en la pala y otros tantos en la arista que conduce a la cima.

Recuerdo que a las 4:00 de la montaña comentamos que nos habíamos equivocado en la elección de bota. Trajimos una simple, muy técnica, pero sin botín interno, es decir poco cálida. Confiados en nuestra experiencia en otras montañas de Sudamérica y en que somos pocos frioleros y optamos por una bota técnica, en detrimento de un calzado abrigado. Pero estas montañas son realmente frías, así que sólo deseábamos que amareciera, con la confianza de que el sol desentumeciera nuestros dedos y desapareciera el dolor que produce escalar con unas temperaturas tan bajas.

A las 6:00 de la mañana amaneció y empezábamos a disfrutar de ascensión. Después de dos horas estábamos en la sección superior de la vía y nos dirigimos hacia la arista final que conduce a la cumbre. Desde aquí podíamos ver en la cima a los que ascendían por la ruta normal.

Hicimos una pequeña parada para hidratar, guardar los frontales y comernos un par de caramelos para aliviar la sequedad de garganta. La sección final de esta ruta es realmente bonita, sobre una arista muy delgada, con una cornisa formada por el viento que avanza hacia el norte, progresamos con muchísima precaución, pues no es la primera vez que esta formación de hielo cede ante el peso de los alpinistas.

En poco tiempo estábamos en la cima, cumpliendo con el ritual de costumbre: abrazos, fotos, dedicatorias, un trago de agua y a descender.

La vista desde el Huayna Potosí es realmente hermosa, además de divisarse otras montañas de la Cordillera Real, como el Illimanni, hay una vista espectacular sobre El Alto, es decir, la parte alta de la ciudad de la Paz que se expande como una mancha de aceite sobre el altiplano boliviano.

Tras descansar un par de días nos dirijimos a la montaña mas alta de Bolivia: el nevado Sajama(6,542m). Sabíamos que normalmente se invierten tres días en ascenderlo; un día para llegar al campo base, en torno a 4.500m, otro día para instar el campo alto, a 5.500m y un tercer día para ascender a la cumbre y retornar al pueblo.

Nuestro primer día el tiempo había estado realmente malo y de haberlo intentado, a buen seguro nos hubiéramos retirado. Así que decidimos esperar a que disminuyera el viento en altura. Al día siguiente amaneció despejado, había parado de nevar y el viento había disminuido, pero aún así, el pronóstico indicaba que llegaría un nuevo frente frío. Ante esta situación optamos por aprovechar la pequeña bonanza y plantarnos esa misma tarde en el campo alto para intentar la cumbre a la mañana siguiente.

Contábamos con la ventaja de llegar aclimatados desde las otras montañas que hemos coronado, lo que nos garantizaba una ascensión rápida. Pero por suerte o por desgracia, la aventura por definición tiene un gran componente de sorpresa, quizás por eso amamos este deporte.

El día de cumbre ascendimos con gran rapidez, lo que normalmente es una gran ventaja, pero en esta ocasión se volvió en contra nuestra. Salimos de la tienda del campo alto a las 3:00 de la madrugada. Una hora más tarde habíamos superado la parte más abrigada de la montaña y nos encontrábamos debajo de un espolón de rocas que da paso a la arista que conduce a la cumbre. A las 4:00 el termómetro marcaba -17ºC; nunca antes hubiéramos imaginado que en Bolivia podíamos pasar tanto frío.

Sobre las 4:30 nos incorporamos a los primeros bloques de roca, en un intento fallido de seguir hacia la cumbre, pues soplaba un viento de cara que invitaba a retirarse y a regresar al calor de la tienda. Ante la imposibilidad de seguir ascendiendo con tan malas condiciones, decidimos buscar refugio tras las rocas, al soco del viento y esperar a que amaneciese.

Las dos horas de espera fueron quizás las más cómicas de la ascensión, pues el frío se iba haciendo con nosotros poco a poco y necesitábamos generar calor. Así que acordamos que cada uno tarareara una canción y propusiera un baile. Por suerte, gracias al “concurso de baile improvisado a 6.000m” pudimos soportar hasta las 6:30 de la mañana, cuando los rayos el sol por fin nos bañaron.

Con algo más de calor corporal nos pusimos de nuevo en camino. Sorteamos un laberinto de rocas que conducen a la sección final de la montaña, donde empiezan las nieves perpetuas. Los últimos 600m del Sajama son un domo de nieve perfecto, que a modo de corneto de nata, se levanta imponente sobre la base mineral.

La primera sección de nieve discurre por un campo de penitentes que a la vez que dificultaba la progresión, la hacía muy singular. Al principio resultó incluso divertido ir sorteando los pináculos de hielo, pero al rato se convirtió en un trabajo tedioso. Por suerte, a medida que ganábamos altura, los penitentes disminuían de tamaño.

A las 10:00 de la mañana pisábamos el plató final que conduce a la cima. Estábamos en la cumbre de la quinta montaña, la más alta de Bolivia. Podíamos ver a lo lejos algunas de las cumbres que habíamos ascendido las semanas pasadas, pero nuestras miradas se quedaron atentas a dos montañas muy cercanas, las gemelas. El Parinacota y el Pomerate se levantan frente al Sajama, como guardianes que custodian al gran volcán Boliviano.

Los dos tenemos la sensación de que este viaje es el primero a Bolivia pero no el último. Nos ha sorprendido gratamente la majestuosidad de sus montañas y el gran potencial para realizar alpinismo, pero además la hospitalidad de sus habitantes.

Después de terminar con nuestros propósitos, toca recoger y hacer la mochila para volver a casa con la gran satisfacción de que hemos encontrado lo que veníamos buscando: compartir con un buen amigo un viaje de alpinismo en Latinoamérica.”


Juan Diego Amador vuelve a la actividad en Bolivia



Juan Diego Amador
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2 comentarios

2. bentor - 26 Nov 2008, 19:33
ahh! el illampu, que monte más guapo, alli los canarios Ramos Villar y javi Bolaños abrieron una nueva ruta allá por los 80. tambien fue nuevo por donde bajaron, por el embarque supongo.

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1. Rancio - 26 Nov 2008, 12:33
Os olvidasteis el mejor monte de esa zona, el Illampu6450m, muy bueno dicho monte..

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