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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 04 de Febrero de 2009

Calleja y su grupo consiguen encontrar la ruta por el glaciar Alemania

Tras descender por la vertiente escondida el monte Caledonia, se internan en territorio no explorado anteriormente y, con no pocos apuros y callejones sin salida, tras 3 días consiguen encontrar por los pelos -y de forma altamente ingeniosa y peculiar...- la salida por el glaciar hasta la laguna y el mar, en donde les recoge un velero para devolverlos a la civilización

Estuvieron a punto de no poder descender por la vertiente oculta del monte Caledonia, pero tras un par de días consiguieron alcanzar el glaciar. En ese momento, no había vuelta atrás, sólo podían regresar alcanzando la laguna en donde morían los glaciares. Nunca nadie se había internado en ese territorio. Así cuenta Jesús lo que aconteció en la búsqueda de la salida del laberinto:

31-01-2009

Hola amigos, no os voy a desvelar como termina esta expedición hasta el final de esta crónica, prefiero relataros paso a paso el desenlace, pues no tiene desperdicio hasta el final.

Pasamos la noche escuchando ruidos por todas partes. Es tal la cantidad de seracs, que cada 10 minutos oímos unos tremendos desprendimientos. Da la impresión de que estamos en mitad de un frente de batalla, pues el hielo rompe en forma de un gran estallido, seco y profundo para luego iniciarse el desprendimiento y la consiguiente avalancha. Te despiertas continuamente, nunca te acostumbras porque los sonidos son imponentes, a los que hay que sumar los continuos frentes de tormentas que nos sacuden constantemente, haciendo que los trozos de hielo que arrastra el viento más el agua nieve que nos cae, parezcan bólidos que se estrellan estrepitosamente contra la tela de la tienda amplificando los sonidos.

Todos estos ruidos más el asilamiento en el que estamos, acentúan aun más la constante preocupación para resolver esta expedición. Es una mezcla de sensaciones contradictorias. Por un lado nos excita estar donde estamos, explorando lo desconocido, y por otro nos impone y atemoriza todo lo que nos puede ocurrir, especialmente encontrar una ruta de salida a este “quilombo” como dicen los argentinos a los grandes líos.

Esto es lo que se entiende como exploración, nada es gratis y todo conlleva esfuerzo, tenacidad, un toque de miedo a lo desconocido, y estar preparado para solventar todas las sorpresas, que serán muchas.

Amanece muy pronto pues en estas latitudes solo hay un máximo de cinco horas de noche, y pronto nos preparamos para estar en marcha lo mas rápido posible, el día intuimos será largo.

Hoy desvelaremos lo que hemos llamado “el tercer obstáculo”, y si la suerte nos acompaña intentaremos el cuarto y definitivo obstáculo.

Caminamos por un sector del glaciar lleno de grietas que están todas cubiertas de nieve, pero donde no hay grietas se puede caminar muy bien pues el hielo es azul y se ven claramente los peligros. Al principio vamos deprisa, pero pronto la situación cambia, y las grietas se hacen más constantes y de mayor tamaño, lo que nos obliga a realizar muchos ziz-zag, pues imposible saltarlas.

Habíamos calculado que el glaciar Alemania tendría unos 20 kilómetros, pero sin duda serán muchos más, pues este zig-zag duplicara la distancia.

No podemos equivocarnos ni una sola vez, pues las grietas son muy profundas y calculamos que el espesor en la parte central será de 500 metros de grosor hacia abajo.

Pronto se convierte en rutina y eso es peligroso porque te habitúas y ahí esta el peligro: en la confianza que coges, pudiendo cometer un error fácilmente.

De hecho Luis Turi comete el típico de principiante, en el que podíamos caer cualquiera de nosotros: -total para un grieta cubierta de nieve, ésta la paso y ya está-.

Ni corto ni perezoso se pone atravesarla por encima de la nieve, y de repente se hunde hasta la cintura y no sigue cayendo porque se estira en el ultimo momento, clava su piolet en el borde y se salva por los pelos. Error grave que el mismo asimila.

NO podemos relajarnos ni un solo segundo. Esto nos espabila y todos con mil ojos sobre el glaciar.

Esto sucede porque sólo tenemos en la mente el OBSTACULO Nº 3 y lo divisamos en la lejanía.

Nos acercamos después de cuatro horas a este OBSTACULO Nº 3, y claro está que las fotos del satélite (única información que existe sobre la zona) no engañaban. Las grietas son claras en la foto, y en la realidad son más grandes de lo que esperábamos.

El glaciar hace una curva pronunciada y desciende a la vez, con lo que la torsión es brutal y genera esas grietas gigantes con levantamiento de pináculos verticales de decenas de metros, siendo insorteables.

No encontramos salida por el glaciar, y tenemos que dirigirnos al borde lateral izquierdo según nuestra marcha sur-oeste.

El OBSTACULO Nº 3, es eso, grietas gigantescas por la excesiva presión lateral, a lo que hay que sumar la incorporación de otro glaciar lateral, con mucho desnivel y un caos de morrenas que se unen formando una mezcla de hielo, rocas, y piedras. Esto nos complica tanto las cosas que no vemos una ruta a primera vista.

Decidimos progresar entre la morrena de rocas subiendo y bajando constantemente en estado de precario equilibrio, y esto nos obliga a descansar cada poco, pues el esfuerzo ahora es notable. Pero lo importante es que avanzamos, hasta que unas placas de granito nos bloquean el paso. Además comienza un chubasco de granizo abrumador que nos obliga a refugiarnos detrás de una gran roca, es el viento es muy fuerte.

Es tal la fuerza de esta tormenta que empiezan a caer rayos y truenos, algo completamente inusual en Tierra de Fuego. Luis Turi nos confirma que en toda su larga experiencia en esta zona, es la segunda vez que escucha truenos, pues aquí no hay masas de aire caliente y por lo tanto no hay cúmulo nimbos de ascensión vertical que generan las tormentas eléctricas.

Parece que todos los meteoros se ponen en nuestra contra. La tormenta apacigua y ahora llueve, pero esto es tolerable. Ahora entendemos por qué aquí se pasa por las cuatro estaciones del año en sólo 15 minutos.

Tenemos que atravesar esta placa de granito, bastante delicada, y lo hacemos con mucha precaución, pues ahora está mojada. Lo conseguimos y continuamos el avance, por la morrena del glaciar otra vez entre rocas, hasta que se nos vuelve a cortar la ruta. Esta vez el hielo contracturado se junta con la morrena y de nuevo no podemos avanzar.

Decidimos ascender por las escarpadas laderas laterales, y encontramos unas viras de hierbas entre rocas muy expuestas, pero nos permiten seguir a trancas y barrancas avanzando. Es agotador, pero no existe otra forma. Ahora toca descender por unas placas de granito muy resbaladizo de nuevo al glaciar, y así cruzamos el nuevo glaciar trasversal.

Esta sección es muy resbaladiza, porque la barrera de hielo esta tapada de pequeñas piedras que cuando posas el pie te deslizas al instante, terminando en el suelo. Todos nos caímos alguna vez.

Pero conseguimos avanzar dejando a nuestra derecha un enorme circo glaciar con pasos de montañas espectaculares y una cascada de agua gigante que se desprende desde las crestas de la montaña que se alza encima y se la traga de nuevo el glaciar en gigantescos ríos subterráneos.

El otro lado del glaciar es más de lo mismo: rocas, piedras, hielo sucio, hielo azul, y nosotros sorteando todo como podemos, pero al final lo conseguimos, y damos por solucionado el OBSTACULO Nº 3.

Pero estamos extenuados, han sido 12 horas agotadoras con las pesadas mochilas, y decidimos acampar en la parte alta de la morrena entre vegetación. Solo vemos una superficie donde fijar las tiendas de campaña. Una gran roca plana, pero inclinada. Hoy dormiremos inclinados. Hacemos una barrera de ropa para frenar con los pies, porque si no saldríamos por la puerta opuesta a la cabeza.

Hemos dormido frenando toda la noche y con los pies dormidos de tanto esfuerzo en la frenada intentando conciliar el sueño constantemente. Más que descansar creo que ha sido una noche agotadora.

Amanece lloviendo, y nevando, y la temperatura desciende mucho. Hay que continuar, y hoy llegaremos al OBSTACULO Nª 4, según las fotos satelitales, y ultimo para resolver este galimatías.

Este OBSTACULO es realmente la clave en esta travesía, es la salida del laberinto y la conclusión de la travesía inédita que nos ha traído hasta aquí.

Al principio rocas, hielo, y lo de siempre para llegar a una estrechez que consta de dos puntas compactas de granito opuestas que cierran esta estrechez y han reducido la increíble anchura del glaciar, en ocasiones de hasta seis kilómetros, a apenas 400 metros, por lo que la presión es tal, que todo se desmorona en un caos de grietas gigantes que atropelladamente quieren salir de esa angostura, hacia la laguna glaciar, provocando un bloqueo total a nuestra ruta.
Aquí los bloques de hielo alcanzan 30 metros de altura y esta claro que a través del glaciar no hay paso.

Lo intentamos por el borde de la morrena pero se nos cierra pronto la ruta cuando unas enormes murallas de granito vertical impiden el avance. No existe manera humana de pasar esta sección.

Solo queda una ultima solución, pero es casi una quimera: intentar ir progresando por lo témpanos que flotan en la laguna que se ha formado en la salida de la estrechez. Alcanzamos a ver muchos témpanos, pero no sabemos si llegaran a conectar con el otro lado de la laguna, donde esta nuestra salvación.

Nos agarramos sin esperanzas a esta única opción. O resulta, o todo se terminó, hay que regresar por nuestros pasos, pero no tenemos comida, estamos agotados, y el “palo” moral seria casi insuperable. Ya hablamos de pedir ayuda a las autoridades y solicitar un helicóptero, vemos muy difícil otra solución en este territorio tan hostil. Pero esta medida a la desesperada sería muy compleja y tampoco podría aterrizar en ninguna parte por los alrededores. Descartada la idea del helicóptero nos ponemos en marcha en esta arriesgada y desesperada maniobra de saltar de témpano en témpano.

Kike se encarga en esta ocasión de ir por delante investigando la ruta: caminamos hacia delante, de nuevo hacia atrás. Nada, no hay paso. Regresamos al punto inicial.

Empezamos otro camino por otro lado, y llegamos a un punto en que no podemos saltar más. Regresamos a la casilla de salida y una vez más otro intento por otros témpanos.

Fijamos la vista en un gran témpano que es el mas alto y nos puede dar una perspectiva mas amplia de por donde dirigir nuestros pasos.

Objetivo primero: llegar a ese témpano…

Un paso en este trozo de hielo, debajo decenas de metros de agua helada de glaciar, ahora llueve y hace un frío espantoso, no podemos equivocarnos, si caemos al agua con la mochila, crampones y piolets nos iríamos al fondo con el excesivo lastre.

Hay tensión pero conseguimos avanzar.

Todo es complejo y a cada paso hay obstáculos.

El hielo es delicado, y hay veces que pisamos una plancha de éste y se da la vuelta, teniendo que hacer una cabriola en el aire para no caer al agua. Es como un campo de minas, hay que acertar donde pisar.

Pasan las horas y no vemos la salida, y eso que conseguimos llegar al témpano grande y nos da la sensación que puede haber una solución, si los témpanos llevan a la orilla.

Kike decide apostar más y salta cada vez a témpanos más pequeños, amenazando con irse al agua en cualquier momento. Como es consciente de este peligro se quita antes la mochila y saca de las muñecas las dragoneras de los piolets por si cayera al agua, de este modo al menos no se iría al fondo.

Este riesgo que acepta le lleva cada vez más lejos, y todos esperamos desde lo alto del témpano grande si regresa con buenas noticias.

Lo hace y nos comunica que podemos avanzar hasta un punto en el que nos acercamos mucho a la orilla de lago, donde estaría nuestra salvación.

Todos le seguimos en la ruta que ha localizado. Parece el juego de la oca, saltando de casilla en casilla con lo peligros de este juego. En vez de ir a la cárcel como en el juego, te vas al fondo de la laguna. La tensión es palpable en el grupo, pero Kike esta motivadísimo y confiamos en su ruta..

Aunque esto nos obliga a pisar a veces en hielo sumergido que no vemos pues el agua es lechosa, pero metemos nuestros pies hasta casi las rodillas, encontrando hielo firme. Para ello inteligentemente Kike tira piedras, para sondear la profundidad del agua y hasta donde llega el hielo. Esto nos hace avanzar más que antes, pues cada vez somos más osados.

Llegamos a un punto en el que hay que saltar desde una roca incrustada en el hielo a otro planchón de témpano flotante y aquí no hay retorno si no hay salida. Todos saltamos, y ahora solo podemos pensar que hay que ir hacia delante.

Cada vez más cerca de la costa, sube el ánimo, parece que lo vamos a resolver, hasta que de repente llegamos a un punto máximo donde se terminan los témpanos y estamos a 20 metros de la costa. ¡¡No puede ser¡¡, sólo quedan 20 metros y ya no hay más hielo.

Es terrible. ¿Y ahora que?. ¿Nadamos hasta la costa?. No podemos es demasiada distancia en un agua helada y con un frío intenso en el exterior, además las cámaras, electrónica y las cintas de filmación se estropearían y todo nuestro trabajo se iría al “carajo”.

Pero ya ni eso es importante, solo queremos ponernos a salvo. No tenemos comida, ni fuerzas, ni ánimo para regresar por nuestros pasos, cruzando de nuevo collados y salvando una distancia de muchos kilómetros y días a través de glaciares.

¡¡Y lo peor es que estamos sólo a dos horas de alcanzar el mar, donde un velero está a la espera para recogernos!!

¡¡Solo nos separa de la salvación dos horas¡¡, y este maldito obstáculo nos lo impide. Nos sentamos desesperados en el hielo contemplando esos 20 metros de separación a la costa y de por medio la gélida agua profunda.
¿Qué hacemos?. Por favor ideas, necesitamos ideas…

Alguien dice: y si llamamos al velero y que traigan un bote para rescatarnos. Eso es una estupidez Antes hay que atravesar un tupido bosque y es imposible.

Pero se nos enciende una luz: Bote de rescate.., navegar.., construir un bote…, como.., qué materiales tenemos para construir un bote…

Muchas preguntas, y pocas respuestas, pero esta es la solución.
Pensemos en esta idea…
¡¡Ya esta¡¡, alguien dice: ¡¡naveguemos en un témpano de hielo¡¡
¡¡Coño¡¡, que gran idea..

Buscamos un témpano flotante con el tamaño idóneo para manejarlo. Lo encontramos, en forma de pera. ¿Pero como lo traemos hasta el punto de máximo acercamiento?, este témpano esta al otro lado de nuestro punto mas cercano a la costa.

Volvemos a repasar que hacer y encontramos la solución.

Fijamos dos tornillos de hielo. Uno a un extremo, y otro al otro extremo. En esos tornillos, acoplamos dos cuerdas para dirigirlo desde nuestro témpano mas próximo a la costa.

Conseguimos arrástralo hasta este punto, y ahora queda lo más difícil: darle un empujón concienzudo, estando uno de nosotros encima de este témpano, y si alcanzamos la orilla hay que fijarlo para establecer una especie de ferry que manejaremos a nuestro antojo con las cuerdas.

Así lo hacemos.

Decidimos que Emilio y yo estemos en ese témpano, así Emilio filmara todo lo que pase.

Hacemos las maniobras: colocamos el témpano con la punta enfocada a la otra orilla a 20 metros de distancia, y desde nuestra orilla, mis compañeros dan un fuerte empujón.

El témpano barco se desplaza lentamente, y va perdiendo fuerza, parándose en mitad del canal.

No ha funcionado.

Tiran de las cuerdas a las que tenemos fijado el témpano barco, y de nuevo junto a mis compañeros. La costa sigue estando lejos. Otro intento..

Esta vez el empujón es más fuerte y contundente, y el témpano barco lentamente se acerca a la costa. 10 metros, 5 metros, 4 metros, y ¡¡PUN¡¡, chocamos con algo. ¿Qué pasa?, “joder”, que poco falta y no podemos navegar más.

Lo que ocurrió es que en un témpano al igual que un iceberg, una parte está emergida y nueve sumergida, y esa novena parte ha tocado con el fondo de la orilla por lo que el témpano no avanza más.

Tengo que pensar algo rápido o nunca lo conseguiremos. ¿Qué hago?, estoy a la distancia máxima que puedo llegar a la costa, que es de alrededor de tres metros.

Veo una roca, pero esta llena de líquenes y está muy resbaladiza, y llueve, por lo que saltar ahí es casi garantía de irte al fondo.

¡¡Tengo la decisión tomada¡¡. Tengo que saltar como sea, pues el témpano barco empieza a retroceder al chocar contra el fondo, y me alejo ahora de nuevo.

No lo pienso más. Cojo dos metros de carrera en mi témpano barco, apoyo mis crampones en el mismo borde y salto al vacío. En el aire mi mirada focaliza la roca y un pequeño saliente donde tengo que agarrarme con las manos y usar todas mis fuerzas, pues se que los crampones no lo harán, pues es roca no hielo.

Mientras vuelo me da tiempo a pensar que si caigo al agua, cosa casi asegurada, tengo que impulsarme rápidamente hacia arriba, nadar lo mas deprisa posible y no perder el cabo de la cuerda que tengo agarrado en la mano para al menos con mi esfuerzo llegar a la orilla para sujetar el témpano barco.

Estoy aterrizando y mi ultima mirada es el pequeño saliente de la roca que toco con los dedos y no se como consigo sujetarme sin caer a las frías aguas. Estoy colgando de la roca, me sujeto como puedo, elevo los pies, y ..¡¡Ya está¡¡

He conseguido alcanzar la orilla sin caerme. Rápidamente fijo la cuerda, y el témpano barco está controlado.

Saltamos de alegría gritamos, es una apoteosis. Nadie se mojará y llegaremos todos a salvo a la orilla, como sucede en tres turnos que hacemos para no forzar en exceso nuestro frágil témpano barco que hemos bautizado como nuestro velero, PHILOS, solo que con un variante. Le llamamos ICE PHILOS,

EL ICE PHILOS nos puso a todos a salvo en la orilla, y de este modo ahora si que estamos salvados.

Estamos alucinados de la conclusión con éxito del OBJETIVO Nº 4. Ha sido el más difícil, el último.

Nunca imaginamos un final así en una expedición de esta envergadura.

En dos horas más, atravesando un bosque virgen alcanzamos la orilla del mar, en una estrecha bahía. Donde el Philos una vez que le llamamos por teléfono satélite nos recoge, sin problemas.

Amigos os aseguro que ha sido de las expediciones más alucinantes, increíbles, e inciertas de mí vida. Y mis compañeros con mil y una batallas de aventura en sus currículum dijeron lo mismo.

¡¡Gracias a un témpano de hielo, conseguimos terminar con éxito una expedición¡¡.

La hemos llamado Expedición Hispano- Argentina.

Nunca antes nadie había explorado esta difícil y comprometida ruta. Informaremos de todos nuestros registros para que quede constancia de esta nueva exploración para el continuo conocimiento de las zonas aún remotas.

Estamos realmente orgullosos de esta expedición, dura, pero maravillosa, con un desenlace de película. Ahora navegamos en el velero PHILOS por el canal de Beagle, recordando la expedición y viendo las espectaculares fotos, que por primera vez se sacaron de esta zona remota de la Cordillera Darwin.

El hielo al final fue nuestro mejor aliado. Y todos nos despedimos de nuestro témpano barco que bautizamos como ICE PHILOS, con gratitud. Sabemos que se deshará pronto, pero él fue el elegido para pasar a nuestra pequeña historia.

Amigos en unos días alcanzaremos Ushuaia, donde descansaremos unos días, para estar el día siete de febrero embarcados en otro pequeño velero, llamado AUSTTRALIS, rumbo a la ANTARTIDA.

Será una navegación muy dura por el cabo de Hornos, Mar de Drake, hasta llegar a la Antártida donde nos esperan nuevas aventuras.

Os seguiré informando vía satélite, si funcionan los equipos, espero que sí, porque estamos al limite de la zona donde el satélite puede operar, si no es así, encontramos el modo de que os lleguen. Recordar que este Desafío comienza en apenas unos días, el 7 de febrero exactamente.

Amigos lectores un placer escribir para vosotros, y mas aún desde lugares tan remotos, y poder aunque sea desde estas crónicas compartir tanta belleza salvaje.

¡¡Nos vemos muy pronto¡¡"


Jesús Calleja desde los últimos confines del planeta.


A través del laberinto


El obstáculo nº 3

Montañas increibles desde el glaciar Alemania

Sorteando grietas

El grupo hispano-argentino

Emilio y Jesús, atascados sin salida

Glaciar transversal al Alemania

Pico Italia

Campamento en la morrena

Dudas sobre como proseguir

Saltando de témpano a témpano

Buscando una oportunidad por los témpanos

Témpanos flotantes. Al final, la salida

Jesús alcanza la otra orilla con el témpano-barco

Aspecto deteriorado al final de la expedición

Rescatados en la bahía

Glaciar que muere en el mar, en el Canal de Beagle

Tags: Alpinismo

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Comentarios

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2 comentarios

2. joseteg - 09 Feb 2009, 21:15
Animo Jesús y gracias por acercar de una forma tan familiar y comprensible el mundo de la aventura a los meros mortales fuera del estereotipo de alpinista/aventurero etéreo y sobrehumano con música instrumental de fondo. Mucha suerte en tu siguiente aventura, desde casa te leemos entusiasmados.

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1. Pasos_Cortos - 05 Feb 2009, 08:55
Gracias Jesús por compartirlo con nosotros. Un abrazo suerte y esperamos ansiosos tus crónicas desde la Antártida.

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