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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 20 de Febrero de 2009

Calleja y su grupo hispano-argentino, por la Antártida

Tras la tercera ascensión mundial al monte Caledonia, y conseguir encontrar la ruta no explorada que conecta la cima con el mar a través del glaciar Alemania, el pequeño grupo hispano-argentino navega en velero hasta la Antártida, en donde cruzan en varios días la isla Livingstone, terminando en la Base Juan Carlos I

Siguen las actividades de Jesús Calleja y su grupo, ahora por tierras antárticas. Tras sus actividades en la Cordillera Darwin, abandonan el continente sudamericano en velero, y ponen rumbo a la Antártica. Allí alcanzan la isla Livingstone, la cual cruzan en varios días, con algún que otro apuro, hasta alcanzar la base antártica española Juan Carlos I.

TORMENTAS ANTARTICAS

17-02-2009

Hola amigos, en la anterior crónica estábamos inmerso de lleno en la travesía de la isla de Livinsgton, en la Antártida. Nuestro objetivo alcanzar la Base Antártica Española Juan Carlos I, atravesando la isla desde uno de sus extremos.

Seguimos evolucionando en el interior de esta fantástica isla, con unos días inusualmente buenos, y aquí se dice buen día aquel que no tiene niebla o ventisca. Casi siempre el tiempo es horroroso, y las islas están cubiertas de nubosidad el 90% de los días.

Las dimensiones son mayores de lo esperado, y se alternan enormes platos glaciares que parecen no tener fin con multitud de collados y montañas brutales. Lo mas atractivo de este tipo de expediciones no es alcanzar la mayor altitud, sino explorar un nuevo territorio, aunque sea parcialmente, pero es una manera de aportar tu pequeño grano de arena al conocimiento de un lugar tan inhóspito como en el que nos encontramos, y poder intercambiar esta información.

Esa fue la idea que nos trajo hasta aquí, y ¡¡que excelente idea¡¡, es mucho mas impactante de lo que esperábamos, y eso que al principio también barajábamos la idea de escalar alguna de estas enormes montañas, aunque tuvimos que cambiar muy rápido de opinión, y luego os diré el porqué.

Las dimensiones de este lugar son tales, que dedicamos un solo día para caminar por un enorme plató glaciar que a priori no parecía tan largo.

Os tengo que contar algo que no sabia si decirlo de la vergüenza que nos dio, pero esto fue lo que paso:

Para meternos en este lío de travesía de este complejo y gélido lugar es imprescindible documentarse al máximo porque es un territorio que no permite el mínimo error, y sin duda lo mas importante es un mapa.

Nosotros teníamos ese mapa y una foto satélite aproximada, pero ¡¡se nos olvidó en el barco¡¡, y sólo teníamos un pequeño mapa de navegación marítima sin apenas ningún tipo de información terrestre, por lo que tuvimos que improvisar todo y agudizar la experiencia acumulada a la largo de nuestra vida para encontrar una ruta que nos llevara hasta la base española en el otro extremo de esta gran isla helada, llena de grietas, montañas y valles interminables.

Sin duda este problema nos mantenía tensos a medida que avanzábamos, sobre todo cuando de repente el tiempo cambio, y lo que era una belleza de lugar se convirtió en una tormenta tan imprevista y radical que ahora no veíamos nada, pero cuando digo nada es nada. Solo 2 metros de visibilidad, en este caos de grietas y posibilidades.

Ahora empezaban los problemas de verdad…

Tuvimos que pararnos en este punto y construir un muro de dos metros de hielo a base de trozos de nieve compactada que cortábamos en forma de cuadrados para armar bien el muro de protección. Dentro instalamos las tiendas de campaña, y las sujetamos firmemente con los piolets, bastones, estacas de aluminio, etc..

La noche fue toledana, y a todos se nos paso por la cabeza que ocurriría si esa tempestad se prolongara por muchos días. Seria imposible moverse sin ningún tipo de información de este lugar a ciegas, por lo que o hay otra opción que esperar hasta el final de la tormenta.

Imaginaros la situación, solos en mitad de cualquier punto de un irrisorio mapa, y sin casi posibilidades de pedir ayuda. ¿A dónde?. A la base española que envíen a alguien con la exposición que supondría eso para el que fuera. ¿un helicóptero?, que absurdo, no existe ninguna manera que no sean por nosotros mismos. Hay que dejar de pensar en esto, y que el cerebro no empiece a hacer travesuras. Por tendencia el cuerpo humano es tan sabio que siempre te alerta ante el peligro, y si los riesgos son considerablemente altos, nos defendemos aumentando ese miedo, hasta el punto de no pensar claramente y cometer errores.

No hay que dejarse arrastrar, hay que serenarse, y buscar soluciones y sobre todo asimilar que si quieres progresar y cada vez llegar mas lejos, has de abandonar tus miedos, asumir que lo que haces tiene sus peligros, que puedes controlarlos, por lo tanto hay que serenarse.

Esto es fácil decirlo pero no tan fácil alcanzar ese equilibrio. De todas maneras no hay opción, el temporal es fortísimo para poder avanzar.

Pero después de la tempestad viene la calma, o la medio calma. El día amaneció cubierto totalmente pero justo a nuestra altura las nubes nos dejaron ver hacia abajo, y sin pensarlo levantamos el campamento muy rápido y nos pusimos en marcha.

Teníamos información muy preocupante del tiempo. Nos la pasó Roger desde el velero Australis, que en las próximas 48 horas se aproximaba una fortísima tempestad, con vientos medios de hasta 120 kilómetros por hora, y rachas aun más fuertes. El capitán alarmado nos dice que salgamos de ahí como sea que hay alarma general que replican todas las emisoras, especialmente las marítimas. Recomiendan que cualquier barco que fondee en alguna bahía para protegerse del temporal que viene.

Si esto es alarmante para barcos y bases antárticas, imaginaros, nosotros en tienda de campaña y explorando un lugar absolutamente desconocido para nosotros.

Decidimos que hay que huir de allí, y de escalar una montaña ni de bromas, seria prácticamente una sentencia de muerte. Ahora sabemos porque hay tan pocas montañas escaladas en la Antártida y las que están muy poco repetidas.

Para escalar aquí hay que tener mucho tiempo y mas equipo sin duda, por lo que nuestra decisión de la travesía ha sido perfecta, y sin duda es la manera donde más podemos disfrutar, aunque ahora estamos un poco “acojonados”.

Salimos pitando afinando aun más cada movimiento, y escogiendo la mejor ruta que nos permita llegar a la Base Antártica Española.

A pesar de este predicción tan nefasta que nos han dado, disfrutamos de lo lindo con los paisajes que para no ponerme pesado os diré que inigualables. Alcanzamos un collado que veíamos el mar a ambos lados de la isla, unas distancias gigantes, y por encima de nosotros un “lio” de nubes que pasan a una velocidad vertiginosa, las corrientes de aire están cada vez mas cerca, y eso que lo “gordo” esta por llegar.

Después de muchas horas y unos cuantos días cansados divisamos unas antenas en un glaciar. ¡¡Sin duda por aquí tiene que habitar humanos¡¡

Sinceramente nos costo bastante localizar el punto exacto donde estaba la base antártica Española, pues desde la altura por la que transitamos nos hay visión panorámica de lo que tenemos debajo, y si decidimos descender y nos equivocamos de punto, lo podemos hacer a uno de los innumerables muros de hielo que caen literalmente al mar, y por hay imposible alcanzar la costa. Es imperativo acertar con el punto exacto del descenso, y eso no resulto fácil, pero mas o menos acertamos, y ¡¡ya esta¡¡, vemos nuestra base y lo digo con orgullo. Es emotivo llegar caminando en mitad de la nada en un lugar tan brutal de belleza y saber que esos módulos de color rojo que tenemos a nuestros pies es ¡¡La Base Española Antártica Juan Carlos I.

Desafío Conseguido y casi como en casa…

Nos acogen con una hospitalidad ejemplar, nos ofrecen de todo, nos ayudan, nos dan de cenar, nos ponen habitaciones a nuestro servicio. En fin una gozada. Fernando el director de la base y todo el equipo humano y de científicos nos cuidan como parte de esa familia no escrita que es la familia antártica, que tiene sus códigos éticos, sus normas, y que por encima de todo hay una confraternidad encomiable.

Todos incluidos los argentinos nos sentimos muy, muy a gusto en nuestra casa Antártica, porque eso es un pedacito de España, y en mi caso y el de Emilio ya llevamos dos meses fuera de casa, y nos pareció una delicia comer de lo nuestro, hablar con nuestros paisanos en ese paraíso de lugar donde enclavamos nuestra base española en 1986. Es una pequeña bahía repleta de hielo al fondo con gigantes bloques de témpanos que se desploman continuamente sobre un mar increíblemente lleno de vida marina.

Vimos por primera vez la base Española desde la altura del glaciar que esta encima, y en el fondo de la bahía se enclavaron las instalaciones. Para el colmo salio un medio sol y el mar se ilumino de color oro, y nos recreamos viendo un montón de ballenas que no paraban de saltar y enseñarnos sus grandes colas. Hielos, témpanos, pingüinos, ballenas, sol, nubes, musgos, ese pedacito de patria con sus tejados rojos, y todos a salvo de la tempestad que intuimos por la extraña calma que precede a la tormenta que esta a punto de abatirse sobre nosotros.

El meteorólogo de la base nos confirma que es de grandes proporciones en espiral y habrá rachas muy fuertes. Nos felicita de tomar la savia decisión de regresar a la carrera a la base. Será de las grandes tormentas de esta temporada y la alarma es general en todo este sector antártico.

Nos relajamos y disfrutamos de todo esto con nuestros nuevos amigos, y me quedo con la boca abierta de las explicaciones de los científicos, especialmente de Carmen, ¡¡una leonesa¡¡ que esta haciendo unos experimentos muy interesantes sobre glaciares y que nos dijeron que era un trabajadora nata, registrando todos los días un montón de datos sobre el glaciar. Como anécdota os diré que en esa base donde llegamos a estar 9 personas de las instalaciones pues están recogiéndola para invernar, había ¡¡4 leoneses¡¡, Emilio, Nacho, Carmen y yo. ¡ No os parece curioso ¡, éramos mayoría.

Nos cuentan que en 13 días la base estará cerrada, y llegamos el día de la despedida. Esa noche había 14 chilenos que están de obras en la nueva base que pretenden inaugurar en el año 2012, mas varios científicos, y empleados de la base, y al día siguiente llego el barco Las Palmas y se los llevo, quedando solo 9 personas que ayudamos en alguna de las innumerables tareas a recoger la base, y cerrarla hasta la próxima temporada, aun que hoy doble tarea, amarrar especialmente la base ante la inminente tormenta, a lo que les ayudamos en la medida de lo posible.

La experiencia ha sido inolvidable, pero todo: la travesía, que nos confirman que es posible que nunca se hiciera de esta manera, e incluso que pisáramos lugares inéditos especialmente donde desembarcamos, que es el sector menos explorado.

También fue increíble la convivencia con la gente de la base. Ha sido una experiencia vital en un escenario sin duda único en el mundo.

La Antártida el ecosistema mas virgen del planeta, repleto de vida marina, y sin duda alguna el mas radical de todos, donde se han registrado las temperaturas mas bajas, con -89.9ºC en la base rusa Vostok.

En fin que todavía no nos queremos ir. Seremos de los últimos que nos marcharemos de la Antártida, las bases están cerrándose, y el periodo de grandes tempestades ya ha llegado. Esto nos dificultara todo, la navegación que aun seguiremos mas hacia el sur, y eso significa adentarnos aun mas en la peninsula antartica, descendiendo aun mas la temperatura, y sobre todo aumentaran los iceberg, y mar helado. Pero nos han dicho que el espectáculo es brutal en los canales congelados de Lamaire, Gerlache o Neumayer, por donde pasaremos, ademas de visitar alguna base mas.

Ahora sabemos que escalar va a resultar en esta época casi imposible, pero si existe una posibilidad lo intentaremos.

Antes unos 700 Kilómetros de navegación hacia el sur aun mas abajo, y después atravesar de nuevo el paso de Drake pero ahora a buen seguro con tormentas mas severas.

Todo esto os lo estaré contando puntualmente, y este Desafío terminará cuando lleguemos de nuevo a Tierra de Fuego en Argentina y si sobrevivimos al Paso Drake y Cabo de Hornos, los mares más terribles del mundo.

Por cierto amigos estamos navegando hacia la isla de Decepción para protegernos de la fortísima tormenta que en efecto esta llegando. Sopla un viento y nieva con mucha fuerza inclinando la embarcación de un modo que asusta. Hay fuera se ha desatado el infierno. Todo se ha cumplido la tormenta es huracanada, y estamos aun mas felices de haber concluido al completo la travesía y estar a salvo de esta tempestad, pero también somos conscientes de que esto ahora será mas frecuente y hay que estar en alerta de no meternos en un grave aprieto, por lo que no puedo asegurar que podamos ni tan siquiera intentar un segundo Desafío en estas latitudes a puertas del invierno.

Nos vemos amigos."


Jesús Calleja desde la Antártica.


Campamento antártico


Tormenta antártica

En el plató

En la protección de otro campamento

El grupo en la tienda

Tags: Alpinismo

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