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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 08 de Abril de 2009

Lluvias torrenciales y grandes nevadas para los expedicionarios

Mientras Vallejo, Iñurrategi y Zabalza reportan lluvias torrenciales durante la aproximación al Makalu, Pauner envía fotos de un campo base del Manaslu enterrado por la nieve. Metro y medio le ha caído en la última noche encima de su tienda. La moral de todos está alta, pero esperan que este monzón a deshora se retire rápidamente de la zona, porque de lo contrario las cosas van a estar muy difíciles

Tiempo monzónico el que están teniendo los expedicionarios en el Himalaya, que esperemos que pronto cambie. Una cosa son las nevadas habituales, y otra las lluvias torrenciales y las nevadas impropias de la época en la que estamos, que cargan la montaña de una forma que no permite ningún intento. Ya empieza a ser habitual, tras 4 años similares, que la meteo esté un poco confusa en la zona.

Así reportan los miembros de la expedición Fundación Bat Basque Team y Naturgas al Pilar oeste del Makalu:

“¡PANI!

¡La que está cayendo! Litros y litros de agua -‘pani’ en nepalí- inundan los alrededores del lodge de Num (1.490 m.) en donde nos encontramos. Llevamos ya horas presenciando un diluvio que parece que nunca cesará. ¡Qué manera de llover!

Hoy hemos completado la tercera jornada de marcha hacia el campo base del Makalu. Tanto el primer día (Mane Bhanjyang, 1.158 m.) como el segundo (Chichila, 1.910 m.) han sido benévolos para la caminata: calor húmedo pero soportable, que nos ha permitido vestir ropa ligera. Pero este tercer día se ha torcido un poco: a la mañana ha llovido a cántaros y hemos tenido que llevar los paraguas abiertos durante buena parte de la jornada y, tras la tregua del mediodía y habiendo llegado ya al lodge donde pernoctaremos, ha vuelto a empezar a llover. O, visto lo visto, mejor decir que ha empezado a diluviar. Y el interruptor parece que se ha atascado…

La situación inspira a Alberto: “Está bien que esto suceda para así mantener vivo el mito sobre las expediciones. ¡A ver qué os ibais a pensar si no!”, señala tratando de esconder la sonrisa.

¡Mito! Desde luego que, al paso que vamos, algo sí que vamos a crear. Más bien parece que estemos en el arca del Noé Sherpa: los tres alpinistas de “Naturgas Makalu’09”, Antxon y José Luis -dos amigos que nos acompañan en la aproximación-, y los 60 porteadores que componen el pelotón de la expedición. Todos cobijados bajo un tejado de uralita que esperemos aguante.

La diversidad étnica de los porteadores es notable: unos son Tamang, otros Rai, otros Chetri, Gurun, Sherpa… El valle Barun es muy plural, y todos conviven en armonía. Además de su propio equipaje, portean el nuestro, la comida para el trekking y los utensilios de cocina, además de las tiendas que necesitaremos para los últimos día de caminata y en el campo base –las de dormir, la cocina y el comedor-. Los porteadores que ahora nos acompañan nos dejarán en Tashigaon (2.135 m.), a dos días de marcha, y allí tomarán el relevo porteadores lugareños habituados a la altitud y a las bajas temperaturas. Tanto unos como otros llevan cargas de un máximo de 30 kilos por cabeza. Nunca mejor dicho, porque los transportan atando una cinta en los laterales del ‘doko’, o cesto de mimbre, echando la carga a la espalda y apoyando la cinta en la frente.

Precisamente esa segunda parte del trekking es la que tiene preocupado a Juan Vallejo: “Si las precipitaciones siguen así no podremos superar el collado Shipton La (4.200 m.) con los porteadores, porque estará colmado de nieve”, señala. Mikel y Alberto también son conscientes de ello, pero prefieren distraerse con otras cosas mientras estamos a cobijo en el lodge: sacar fotos, reunirse en la cocina junto al fuego, revisar el material de montaña, escribir postales… Así transcurren estos primeros días.

La expedición no ha hecho más que empezar pero tiene muy buena pinta, a pesar de los pesares.”


Como es de suponer, el agua en altura se transforma en nieve, que entierra las tiendas del campo base. Así lo cuenta Carlos Pauner:

"PUYA, NIEVE Y MAS NIEVE

Me despierto perezosamente dentro de mi saco de dormir. Me cuesta unos minutos ubicarme correctamente. A ver, ah si, es verdad, estoy en el campo base del Manaslu. Una vez superado este quebranto espiritual, me asalta otra duda. Por qué no se ve luz, si ya tiene que ser de día? Uf, me lo temía, estamos cubiertos por una buena capa de nieve fresca. Sacudo la tienda y aparece una tenue claridad matutina. Salgo poco a poco y dedico mis primeros esfuerzos a desenterrar la tienda de toda la nieve caída durante la noche. Hay más de un metro y medio y parece que hoy va a seguir la misma tónica.

Cuando llegamos al campo base, hace una par de días, el tiempo era espléndido y pudimos observar en toda su plenitud la figura del Manaslu. Desde Sama, en algo más de 4 horas subimos los 1.400 m de desnivel que nos separaban de este lugar colgado a 4.900 m de altura. Colocamos todo provisionalmente y nos dispusimos a dormir esa primera noche en altura.

Ayer, día propicio según los lamas del monasterio de Samagon, realizamos la ceremonia de la Puya. Todo se desarrolló según lo habitual. Al punto del alba subieron desde el monasterio un lama y su ayudante, con toda la parafernalia necesaria para la ceremonia, mantras, platillos, recipientes, incienso y tsampa. Por nuestra parte, ya habíamos construido un altar de piedras adornado con las banderas de oración y habíamos preparado la ofrenda de alimentos y bebida. Sentados frente al altar y una vez colocadas las figuras hechas con tsampa y mantequilla, así como la ofrenda, comenzaron los cánticos rituales y los sonidos sordos de las oraciones. Se pide por la protección en la montaña, para que no ocurra ninguna desgracia y que los dioses que habitan en estos altos lugares sean benévolos y nos permitan alcanzar la cima y volver con bien de ella. Se fueron sucediendo las distintas fases ceremoniales y al final, todos puestos en pie, lanzamos al aire el arroz y la harina a modo de ofrenda. Luego la comida de buenos alimentos concluyó con esta ceremonia que fue una de las más largas que he podido presenciar en toda mi vida. Casi cuatro horas. No obstante, parece ser que la correlación entre duración y efectividad, de momento y con reservas, no es totalmente lineal. Con los últimos compases de la Puya, comenzó a nevar, al principio de forma imperceptible, pero luego ya de manera pesada y contundente. Y de este modo hemos pasado nuestras primeras horas en este campo base.

Llevamos ya más de 24 horas de nevada y nuestra única dedicación de momento es la de desenterrar las tiendas cada cierto tiempo. Hemos acumulado mucha nieve y suponemos que por arriba será lo mismo. Así pues, por ahora, tranquilidad. Tiene que dejar de nevar y luego toda esta ingente cantidad de nieve caída tendrá que purgarse poco a poco. El Manaslu es una montaña muy peligrosa con nieve, así que hay que estar especialmente vigilante en este aspecto. Usaremos esa medicina tan utilizada en estos parajes y que por suerte o por desgracia conocemos tan bien, la paciencia."


Desenterrando tiendas en el campo base del Manaslu

Tags: Alpinismo

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