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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 24 de Junio de 2009

Fredrik Ericsson empieza a hacer de las suyas en el K2

Junto a Michele Fait ya ha comenzado a esquiar en el K2. Llegaron, y para aclimatar, ascendieron 1000 metros de desnivel en la montaña, montaron el campo, y descendieron esos 1000 metros esquiando, a la mañana siguiente, abandonando los esquís a 30 metros de la tienda. Sin sherpas, sin cuerdas fijas, con las tiendas y esquís y demás en la mochila, y con sus botas de travesía

Las expediciones de Fredrik Ericsson comienzan y terminan en el pueblo más cercano a la montaña, y llega y vuelve por sus propios medios. No utiliza sherpas de altura, ni cuerdas fijas. Asciende los ochomiles acarreando en su mochila las tiendas, comida, ropa, sacos, material, absolutamente todo, instalando y desinstalando sus campos. A eso hay que sumar el peso de las tablas Dynastar que acarrea en la mochila. Sube con botas de esquí de travesía. Y luego, desciende con esquís por terrenos en los que la mayoría tienen serios problemas para descender andando. Y además, en los correos que envía, siempre está de buen humor, y en todas las fotos sale sonriente.

Como ya informamos, en esta expedición tenían previsto ascender primero el Laila Peak para aclimatar y descenderlo con las tablas, pero incomprensiblemente el gobierno pakistaní les ha denegado el permiso. Así que han decidido aclimatar en el propio K2. Allí se han personado, y así lo cuentan:

“El K2, ¡vaya montaña!. Tiene 8612m, pero cuando uno está en el campo base, a 5100m, y la mira, no parece que haya más de 1000m hasta la cima. Es extraño saber que quedan más de 3500m hasta la cumbre.
No ha sido hasta que hemos hecho nuestro primer ascenso de aclimatación que Michele y yo hemos podido comprobar lo enorme que realmente es esta montaña. Abandonamos el campo base a las 7 de la mañana y andamos 30 minutos por el glaciar Godwin Austen hasta el pie de la montaña y empezamos a ascender por la Ruta Cesen. Con las botas de esquí y los crampones en nuestros pies, los bastones en nuestras manos y una pesada mochila cada uno con una tienda, saco de dormir, gas, hornillos Primus, comida, etc., además de las tablas atadas a ella., comenzamos a ascender. Al principio era una fácil pendiente de 30º con perfecta nieve dura y compacta. Preciosa para ascender. Subimos por la parte derecho de una gran ladera de nieve muy cercana a una arista de roca para permanecer alejados de la zona de riesgo de debajo de un gran serac que cuelga por la parte izquierda.


La ladera se hace más pronunciada, 40-50º, y la nieve más profunda. Me costaba dejar de soñar con lo que sería la bajada esquiando por esta ladera perfecta llena de suave nieve polvo…pero primero teníamos que encontrar un lugar para plantar la tienda y poder pasar la noche. Me costaba no lanzarme ya a esquiar, pero de cara a nuestra aclimatación era mejor pasar tiempo en altura, al menos una noche. Sin embargo, encontrar un sitio para acampar estaba resultando muy difícil. Empezamos a buscar a 5700 metros, pero no conseguimos encontrar nada hasta los 6000m, después de 7 horas de subida con las pesadas mochilas. Lo que encontramos fue un sitio en el que, con imaginación, podíamos pensar que quedaría plano. Después de cavar y construir, tuvimos un lugar semi-malo para poner la tienda, con dos de las esquinas colgando en el aire…¿os imagináis a quién le tocó dormir en ese lado de la tienda? Sin embargo, dormí muy bien.

A la mañana siguiente tanto Michele como yo nos levantamos con dolor de cabeza, y fuera nevaba y soplaba el viento ¡Bien! Después de desayunar y de que algo de aire fresco me diera en la cara, se me fue el dolor de cabeza, pero Michele parecía tener algo de mal de altura, y no se puso bien hasta que llegamos otra vez al campo base. Después de permanecer en nuestra tienda por unas horas, dejó de nevar y despejó, así que nos pusimos nuestros esquís y empezamos a descender la montaña.


Nos lo tomamos con tranquilidad al principio, porque siempre me encuentro un poco inseguro cuando llego a una nueva montaña, especialmente cuando es muy empinada y llena de rocas. La nieve era mejor de lo que nos habíamos esperado, fría y sólo un poco venteada. Cuando la ladera se abrió un poco, pude hacer giros más largos y coger más velocidad, cruzando la montaña de lado a lado. Tenía una gran sonrisa en mi cara, porque aunque sólo fueran 900 metros, una tercera parte de la montaña, estábamos esquiando en el K2. 900 metros de bonita esquiada detrás de mi.

Totalmente eufórico, me quité los esquís a 30 metros de la tienda en el campo base. Acababa de esquiar la ladera más cool del mundo.

Ahora descansaremos unos días en el campo base, cargaremos baterías, antes de la próxima incursión en el K2”


Fredrik Ericsson


Ericsson, con su mochilón en el K2...¡pero siempre sonriente!


Ericsson, esquiando en el K2

Tags: Alpinismo

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