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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 30 de Junio de 2009

The North Face Summit Series Road Trip 2009: 40 días nómadas y alucinantes

50.000 palabras, 15.000 km, 47 días, 30 horas de vídeo, 22 fronteras, 14 países, una barbaridad de escalada y un montonazo de nuevos amigos. El 1 de abril, 3 chalados, entre los que se encontraban James Pearson y Gaz Parry emprendimos el viaje por carretera: "El viaje ha sido uno de las mejores experiencias de mi vida. Fue mucho más duro de lo que jamás me hubiera imaginado, pero por eso precisamente sus numerosos ratos buenos sabían aún mejor. Si tuviésemos la ocasión de emprender algo semejante otra vez, la única pregunta sería "¿cuándo empezamos?"

El 1 de abril, día de los inocentes en Gran Bretaña, 3 chalados, entre los que se encontraban James Pearson y Gaz Parry emprendimos el viaje por carretera The North Face Summit Series. Esta travesía de 40 días en autocaravana nos llevaría a James Pearson, a Gaz Parry y a mí por 14 países distintos, tras recorrer 15.000 km, escalar 20 8as clásicas, dar más de 20 presentaciones, y acabar rozando los límites de la destrucción.

Ir a escalar a lugares exóticos como Chile, Borneo o Etiopía es alucinante, porque puedes visitar y vivir partes del mundo que si no nunca verías. Sin embargo, muchas veces ponemos la mirada en horizontes tan lejanos que no nos percatamos de lo que tenemos delante. Por esa razón precisamente escogimos Europa como destino, además de porque existe un abanico de rocas de una diversidad increíble, en peñascos situados a un solo día de camino en coche unos de otros. Esa diversidad no se debe solamente a los tipos de roca, sino a que todos los peñascos europeos tienen su ambiente, su estilo y su ética propia y completamente distintos entre sí. En Europa tenemos una roca de alta calidad, y no hay que olvidar que aquí cualquiera puede acceder a la aventura de la escalada por un coste mínimo.

Hay muchos sitios en Europa con escalada de alta calidad, pero sin la cantidad de roca o el buen tiempo que otros, y a esos sitios sólo acuden los de allí. Inglaterra es un buen ejemplo, porque tenemos muy pocas rocas interesantes ¡y nos sobra el mal tiempo! Hyltebergen y Pfalz son lugares con vías estupendas, pero sólo las disfrutan los de allí, porque nadie se va a salir de los circuitos habituales por una sola vía que puede que ni siquiera esté seca. Hay toda una serie de sitios en Europa que entran dentro de esa categoría un tanto esotérica: lugares que puede que no estén entre los primeros de la lista de sitios a los que ir, pero que pueden proporcionar una escalada excelente si uno está dispuesto a incluir la aventura y la exploración entre sus prioridades.

Como el itinerario de nuestro viaje por carretera había que realizarlo a marchas forzadas, pudimos ver lugares que normalmente no reciben la visita del escalador itinerante al uso. Al planificar unas vacaciones de escalada, los factores que se suelen considerar son: calidad de la roca, cantidad de roca y buen tiempo, y por eso mucha gente elige España, ya que ofrece una mezcla de las tres cosas. Allí, tras pasar por Bilbao, organizamos en Madrid junto con la gente de Barrabes y el Centro Espacio Acción, una interesante masterclass de boulder. Dos días más tarde llegábamos a Barcelona donde realizamos lo mismo con Vertic Outdoor en el centro FESS La Salle.

Meter tantas cosas con calzador en tan poco tiempo fue un reto francamente considerable, pero nos recompensó con momentos de pura inspiración. Un área de la que habíamos oído decir cosas impresionantes era la arenisca de la zona de Decin, en la República Checa. No sabíamos mucho más, sólo que teníamos que llegar primero a un pueblo llamado Decin, y después conducir unos cuantos kilómetros hasta una aldea llamada Dolni Zleb. Allí pudimos contemplar rutas de arenisca en todo su esplendor, nos quedamos atónitos. La roca tenía una pinta alucinante y las vías parecían aún más impresionantes. ¡Jamás hubiera pensado que existiese algo así en Europa! Ante nosotros se abría un inmenso abanico de vías, todas con un aspecto genial. Al final tomamos la difícil decisión de escalar Skruti Beh. La vía por la que optamos era una pared imponente, en extraplomo hasta arriba del todo y siguiendo en línea recta por una cara de 30 m ¡empleando únicamente 6 seguros! El consejo que nos dieron con respecto a Skruti Beh fue andarnos con cuidado para no caer al chapar el segundo bolt (situado a unos 10 m), porque el desprendimiento de tierra sería casi inevitable. Menos mal que Gaz y James se encuentran en su salsa en este tipo de situaciones, y se merendaron la vía sin problemas, segundo anclaje incluido, comentando luego que había sido sin duda la mejor ruta del viaje.

En muchas ocasiones del viaje, lo que parecían oportunidades o casualidades inverosímiles nos ayudaban indefectiblemente a alcanzar la meta. Mientras buscábamos la ubicación de la cueva de Baltzola en España, conseguimos convencer a la señora de la oficina de turismo para que nos dejara usar su conexión a internet, que Gaz utilizó entonces para conseguir indicaciones ¡a través de facebook! Probablemente el giro del destino más asombroso fue que tras pasar 40 días atravesando el norte, el sur y el este de Europa, la lluvia no nos impidió escalar ninguna vía. En varios momentos amenazó con llover, ¡pero no empezó a arreciar hasta que Gaz y James ya habían chapado la cadena de la ruta de ese día! Lo cierto es que en algunos momentos nos sentimos indestructibles...

Debido a que no teníamos mucho tiempo, el plan que habíamos elaborado era el siguiente: conducir hasta Pfalz, levantarnos a las 7 de la mañana y cepillarnos el Magnetfinger en un pispás; conducir hasta los Frankenjura y zamparnos el Slimline; seguir camino y hacer una presentación con diapositivas en Bamburg, y rematar el asunto con unas cuantas horitas más de carretera hasta Polonia. Había muchísimas variables que podían salir mal, y un mero retraso de unos minutos por la mañana podría tener fácilmente un efecto mariposa, haciendo que no llegáramos de ninguna manera al pase de diapositivas. La cosa empezó bien: llegamos a Pfalz a las 2 de la madrugada, y nos levantamos a las 7 para escalar. Pero al carecer de una guía, sufrimos el primer revés, deambulando sin dar con el peñasco. A las 10h30 lo habíamos encontrado y escalado, y descendimos por la colina a toda pastilla.

Cuatro horas y 350 km después llegamos a los Frankenjura, totalmente hechos polvo. El pequeño trecho hasta el Slimline nos pareció como una subida al Everest, aunque el 'lento pero seguro' logró conducirnos hasta la base de la ruta. Escalarla ya era harina de otro costal, y los otros dos dijeron que hasta aquí habíamos llegado. ¿Pero qué veían mis ojos? Ninguna ruta había conseguido derrotar a este equipo, y voto a Bríos que Slimline no iba a ser la primera. Yo no estaba dispuesto a tragarme semejante aceptación del fracaso, así que decidí ponerme las pilas, no como escalador, sino como Don Motivador. Creo firmemente en la A.M.P. (actitud mental positiva), y en su poder de hacer posible lo imposible. Conozco a James desde que empezamos a escalar, así que sé cómo motivarle y ayudarle a sacar lo mejor de sí mismo. Le dije que su rendimiento no era aceptable en absoluto, por no hablar de su actitud. Sabía que él podía con esa ruta, y sólo necesitaba que se lo creyera también. Tras una arenga a lo Al Pacino, diciéndole que tenía que tener fe, esforzarse y no abandonar, hizo de tripas corazón y sacó de dentro la energía para continuar. Tiró de todas sus fuerzas, su motivación y su deseo de comerse esa ruta, y eso fue exactamente lo que hizo. Pasó de no poder hacer presa a chapar la cadena, ¡todo gracias al poder de la A.M.P.!

Por el camino, Gaz y James presentaron 13 ponencias y dieron 9 conferencias, unas más fáciles que otras. Este viaje era especial para nosotros en el sentido de que nos permitía saltarnos muchas convenciones y hacer muchas cosas que no habíamos hecho antes. Eso se materializó cuando James tuvo que enfrentarse a algo que nunca había hecho: la mayoría de los asistentes a una conferencia son principiantes o escaladores de nivel intermedio. Pero cuando James le preguntó a su grupo de Madrid hasta qué dificultad habían escalado, dos de ellos respondieron '8b'. Para escalar 8b, hace falta poseer un dominio más que decente del movimiento y ser bastante fuerte, así que ¿qué narices podía él enseñarles en una conferencia de una hora? Menos mal que James tiene una enorme agilidad física y mental, y se le ocurrieron unos cuantos trucos M.D.C.E. (movimientos dinámicos de cuerpo entero) que seguro que le resultaron muy instructivos a todos.

Cuando salí de Inglaterra sólo tenía una expectativa para este viaje, que era cerciorarme de esperar lo inesperado, y fue precisamente algo que no dejó de sucederme tanto en la escalada como en los países y la gente. 50.000 palabras, 15.000 km, 47 días, 30 horas de vídeo, 22 fronteras, 14 países, una barbaridad de escalada y un montonazo de nuevos amigos después, el viaje por carretera The North Face Summit Series ha sido todo un éxito, y una singladura que he tenido el privilegio de compartir. James y yo lo resumimos todo así: "El viaje ha sido uno de las mejores experiencias de mi vida. Fue mucho más duro de lo que jamás me hubiera imaginado, pero por eso precisamente sus numerosos ratos buenos sabían aún mejor". Si tuviésemos la ocasión de emprender algo semejante otra vez, la única pregunta sería "¿cuándo empezamos?".


Pearson, escalando durante el Road Trip


Pearson, durante la Masterclass celebrada en Espacio-Acción

Gaz Parry, durante el Road Trip

Cenando al lado de la furgoneta

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