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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 28 de Octubre de 2009

"Un mundo increíblemente remoto"

Emilio Valdés, Puntchok, Manuel y Calleja consiguen los yaks que permite entrar a la caravana en el Alto Dolpo a través del Kam-La, de 5.400 metros de altura, con gran cantidad de nieve. Consiguen que los yaks desciendan las pendientes heladas de hasta 50º y llegan al monasterio de Cei, en las Montañas de Cristal, y tras cruzar otro collado de 5.100m, a la aldea de Saldang, “capital” del Alto Dolpo

Un mundo increíblemente remoto

Hola amigos lo primero deciros que hemos conseguido atravesar el duro y difícil collado del Kam-La de 5.400 metros. No es lo mismo cruzarlo como alpinistas que en caravana.

Chiring consiguió in extremis los yaks y después de tres días nos pusimos en marcha collado arriba. Después de ver las dificultades del collado completamente helado y con un gran espesor de nieve como podéis ver en las fotos, comprendimos por qué era imposible cruzarlo con caballos o mulas. La altura de 5.400 metros y la abundancia de nieve junto con el peligroso hielo nos pusieron las cosas muy difíciles. La ascensión fue agotadora, y parecía no tener fin, pero lo peor es que no nos abandono el fortísimo viento durante todo el ascenso, nos quedábamos literalmente congelados. Las rampas eran muy duras y había que hacer zetas, el aire escasea en estas alturas, dificultando aún mas la marcha. Nos preguntábamos como iban a pasar los yaks el collado…


Alcanzamos la cima de este collado de 5.400 metros, desde donde pudimos ver toda la grandeza del alto Dolpo y el Tíbet. La vista alcanzaba más de 200 kilómetros de distancia y el aire aquí es extraordinariamente limpio. Solo se distinguían tres colores: ocre, blanco y azul; o lo que es lo mismo: tierra, nieve y cielo. Es muy difícil expresar en palabras la magnitud del paisaje, sobrecoge, y aún más si pensamos en lo lejos que estamos de nuestro mundo, o de la próxima ciudad de Nepal, a unos 15 días caminando; cualquier problema se agrava por este tremendo aislamiento. Al fondo vemos perfectamente y casi tocamos con la mano la frontera de Tíbet con sus altos pasos de montaña, por los que los conductores de caravanas atraviesan en busca de la preciada sal para comerciar con las tierras del sur de Nepal. Hacen un largo viaje de 300 kilómetros en el interior de Tíbet a un lago en donde la extraen, después regresan y siguen viaje hasta la misma frontera de Nepal con India; en total unos 1.000 kilómetros en 5 meses, cruzando innumerables pasos de montaña elevadísimos. Son unos súper hombres. Estas rutas solo las hacen las gentes del alto Dolpo o los Kambas tibetanos, y son famosos los conductores de caravanas de Saldang, la aldea mas aislada del alto Dolpo.

Seguimos en el alto del collado del Kang-La de 5.400 metros y al mirar a la otra vertiente nos quedamos pasmados al ver el fuerte desnivel de casi 50º cubierto de una gruesa capa de puro hielo. Se nos antoja imposible que puedan bajar los yaks por ahí, y cunde de nuevo el desánimo entre nosotros (Manu, Emilio, Phuntchok y yo). Esperamos más de una hora hasta que llegan los agotados yaks, y nuestro amigo el yakero los insta a descender, pero según se asoman los bóvidos retroceden como si hubieran visto al mismo diablo. ¡Es una pendiente de 50º helada!, y el toro del Himalaya que no es tonto dice que “nanais de la china”. Phuntchok les pincha con el bastón y les tira del rabo, y unos ensordecedores ruidos de gritos de todos lo que allí estábamos obligan a las bestias a descender, más bien a tirarse por el precipicio helado. No sé como consiguen sujetarse, pero entre resbalones que dan la sensación de que van a terminar con ellos en el fondo del abismo, y frenadas en el ultimo instante a tan solo 20 centímetros del vacío, van poco a poco descendiendo, con la ayuda de los dos yakeros y los serpas. Es todo un espectáculo ver esto, si me lo cuentan no me lo creo.

Después fuertes pendientes cargadas de nieve nos esperan para atravesarlas con los yaks. Nos hundimos hasta la cintura y el avance es penoso.


Ahora miramos atrás y nos damos cuenta que hemos conseguido algo muy difícil: entrar en el alto Dolpo bien transcurrido octubre, a las puertas de noviembre. También somos conscientes por la información de última hora que tenemos de que todos los pasos de salida del alto Dolpo están como éste, cerrados a los animales de carga. Ahora no sabemos como saldremos de aquí, pero preferimos solucionar día a día los problemas.

Nuestro objetivo es alcanzar el Reino de Mustang atravesando el alto Dolpo, la región mas inhóspita del Nepal y casi diría yo de todo el Himalaya, pero antes nos gustaría hacer algunas escaladas, sobre todo el Arniko Chuli de más de 6000 metros cuya cima es frontera de las regiones de Dolpo, Mustang y Tíbet; pero la realidad es que nuestro próximo objetivo puede ser cómo encontrar la manera de salir del alto Dolpo cuando terminemos de alcanzar la parte más alta de estas frías y desoladas tierras.

Seguimos ruta una vez descendido el gran paso de montaña de 5.400 metros de altura y al atardecer aparece ante nuestros ojos el monasterio de CEI, posado solitario a 4.500m de altitud. Con 600 años de antigüedad es centro de peregrinaje de budistas, porque se encuentra frente a las llamadas Montañas de Cristal, un lugar según ellos fuente de energías positivas. Decidimos pasar aquí la noche. Es un lugar cargado de historias, incluso dicen que se practicaba la religión Bon, antecesora del actual budismo lamaísta. También se dice que había monjes aficionados a la magia negra y hechizos; en un escenario así, no dudamos ni un momento de ello; mediatiza oír estas historias en este lugar tan aislado del mundo.


Al día siguiente emprendemos camino hacia Namgjun, otro monasterio aislado en mitad de la nada y de semejante altitud, pero antes nos espera otro collado de 5.100 metros que se nos hace muy largo, sobre todo por el intenso frío. Pero al coronarlo nos quedamos boquiabiertos al contemplar las montañas que bordean el Tíbet: no alcanzamos a calcular cuantos kilómetros podemos ver a la distancia, pero son cientos, creo que es la vez que más distancia alcanzo a ver desde una altura, y he estado en unas cuantas cimas del Himalaya y de todo el mundo anteriormente, incluidos ochomiles. ¡Es inabarcable!

Visitamos a los monjes, que nos atienden con suma complacencia, y ya por la mañana seguimos rumbo hacia Saldang, la capital por llamarlo de alguna manera del alto Dolpo.

Llegamos a mediodía y pronto nos damos cuenta que es la primera aldea que vemos desde que llegamos al alto Dolpo, y es una aldea con abolengo. Las casas son grandes, y la vida bulle. Todas las mujeres y hombres trabajan desgranando la cebada de las espigas, preparándose para el largo invierno.

De esta aldea son los famosos caravaneros del Dolpo, y aquí es de donde parten todas las caravanas que atraviesan el Himalaya hacia el Tíbet en busca de la sal para comerciar con ella en las tierras bajas del Nepal.


Son gentes rudas, maltratadas por lo elementos, y estoy seguro de que sólo ellos son capaces de adaptarse a este medio tan sumamente hostil. Viven con lo justo, el dinero casi no hace falta porque no hay que comprar, no existen tiendas, lo más importante es administrar lo poco que les da la tierra casi yerma y los yaks.

Estamos alucinados y con cara de absoluta sorpresa. He recorrido casi todo el Himalaya y he estado en muchas partes remotas del mundo, pero nunca antes había estado en un lugar en donde verdaderamente el tiempo se haya detenido como aquí. Viven igual que hace cientos de años, exactamente igual, visten igual, comen igual y mantienen las mismas costumbres. No hay máquinas, casi no hay metales, y todo lo que tienen es lo que ellos pueden conseguir en estas lejanas tierras. Todo lo que parece mecánico es de madera, no hay engranajes, ni tornillos, ni palas, ni picos, nada metálico, todo se hace a mano o con madera. El sol abrasa nuestras pieles, y nos somos capaces de absorber tantas cosas como nos ocurren cada día. Espero que veáis el documental que estamos filmando para la serie Desafío Extremo, porque a nosotros nos parece algo excepcional, creo que en pocos lugares en la tierra se vive como hace cientos de años.


Hacemos muchos amigos, dolpas y kambas. Los kambas eran antiguos bandoleros de caminos provenientes de la región de Amdo, pero ahora gozan del estatus de héroes, pues sólo ellos defendieron con armas, uñas y dientes el Tíbet ocupado, pero han tenido que autoexiliarse en estas remotas tierras parperseguidos por lo chinos. Ahora conviven perfectamente con los dolpas.

Seguimos viaje hacia el este, hasta una pequeñita aldea llamada Komasegeon, desde la que os escribo, y en la que hace una semana acontecieron hechos muy desagradables, y más siendo budistas, por lo extraño del caso. Dos vecinos, uno de ellos monje, discutieron por terrenos y el monje murió apuñalado, la aldea está compungida y triste, es una rareza que esto ocurra, pero ha pasado.

Hace mucho frío ahí afuera, el sol se ha puesto y me animo escribiendo estas líneas. Estamos muy lejos de casa, nos quedan aun más de veinte días de expedición y la desolación del paisaje y la simpleza de estas gentes nos aturde con sentimientos a veces contradictorios, y más sabiendo que estamos en cierta manera atrapados en estos altos valles, de los que sólo se puede salir a través de pasos de montaña de mas de 5.000 metros de altura ya completamente cerrados para los animales, incluidos los yaks. Esperemos que el paso del tiempo los desbloquee o nuestra idea de alcanzar el reino del Mustang y realizar las escaladas se terminará antes de haber comenzado, teniendo que resolver simplemente como salir de aquí antes de que nos atrapen las nieves del invierno. Esperemos que no se adelante por la cuenta que nos trae. Ya os contaré si la expedición continúa según lo planeado o tenemos que buscar la forma de salir del alto Dolpo, que en si mismo ya es ahora toda una aventura.


Jesús Calleja


Hacia el paso de Kam La


Los yaks y el resto de la caravana se hunden hasta más allá de la rodilla en la nieve

Pendientes heladas en el descenso

La caravana asciende

Gentes de Saldan

Monasterio de Saldang

Interior del monasterio de Shey

Mujeres en Saldang batiendo las espigas

Niño dolpa

Con dolpas y kambas

Tags: Alpinismo

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Comentarios

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4 comentarios

4. racsocl - 28 Oct 2009, 22:20
Calleja, disfruta y traenos una buena película, mucha suerte y continua descubriendonos el mundo

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3. mamadou - 28 Oct 2009, 17:23
Tengo que reconocer que aunque he criticado a veces a este hombre, y me ha sacado de quicio otras, también me da envidia de la buena. Leyéndole hoy me doy cuenta de que exagera al contar las cosas, pero que es por cómo las vive, como un niño emocionado.

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2. KUNGURU - 28 Oct 2009, 15:48
Esto si que es aventura.

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1. Dartacán - 28 Oct 2009, 15:02
Que envidia me das Calleja, me muero de envidia, pero de la buena. Supongo que no todo será un camino de rosas pero da igual ¿no?. Lo dicho ME DAS MUCHA ENVIDIA DE LA BUENA.

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