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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 04 de Abril de 2011

Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón regresan de su 1º intento de travesía a las Torres del Paine

El intento de 1ª travesía de las 3 Torres del Paine ha terminado con sabor agridulce. Han abierto una nueva vía en la Torre norte, pero tras 12 días en la pared, y desde la cumbre de la Torre central, tuvieron que descender debido al mal tiempo. Un descenso épico en el que estuvieron al límite, y del que han regresado con fuertes congelaciones. El año que viene quieren volver a intentarlo

"Para mi esto ha sido una lección que jamás olvidaré: si no has comido, si no te has hidratado, y llega la noche, lo mejor es buscar el mejor lugar posible para descansar un poco y esperar al amanecer. Hay un refrán sabio que dice que no por mucho madrugar amanece más temprano; me atrevería a modificarlo: no por mucho más correr... a lo mejor ni amanece."


Así nos lo cuenta Pedro Cifuentes:

“La expedición partió de Cuenca hacia el aeropuerto de Madrid y de ahí nos dirigimos hacia Santiago de Chile. Desde el principio empiezan los problemas, hay una huelga al sur del país, en Patagonia, por lo que todas las carreteras y medios de transporte están paralizados. Eso nos obliga a retrasar nuestro vuelo 2 días. Intentamos tomar ventaja del contratiempo y aprovechamos para hacer las últimas compras y repasar todo el material, eso nos ayudará a evitar sorpresas de última hora, toda previsión es poca.

Después de 2 días se desconvocó la huelga y fue posible coger finalmente el avión desde Santiago hasta Punta Arenas; de ahí un autobús hacia Puerto Natales, la última ciudad. Desde este último núcleo de civilización debemos partir hacia el Parque Nacional Torres del Paine; no sin antes sacar los permisos correspondientes, requisito indispensable para poder acceder al Parque y llevar a cabo nuestra aventura.

En Puerto Natales también tenemos que permanecer 2 días para hacer los trámites necesarios para sacar los permisos, ver el pronóstico meteorológico, dato fundamental a tener en cuenta, e igual de importante, ponernos en contacto con nuestros amigos que nos ayudarán a portear. Cargamos con unos 150 kilogramos entre material, comida y agua. Calculamos que debido a la gran dificultad de esta travesía necesitaremos permanecer unos 30 días en la pared. Intentamos reducirlo al máximo, pero no podemos prescindir de la comida y el material técnico imprescindible.

Una vez realizadas todas las gestiones burocráticas partimos hacia el Parque; una vez allí contratamos a unos pilcheros (caballos) para subir el material desde la Hostería Torres del Paine hasta el Refugio Chileno, y de allí hasta la base de las Torres con los porteadores, Nicolás Secul, Tomás Marusik, y Sebas " El Colombiano". En total sumamos 3 días más. Parecía una pequeña introducción a lo que nos encontraríamos más adelante (con lo que nos aconteció luego, nada más lejos de la realidad...): condiciones terriblemente inestables; nos levantamos con sol, nevadas a lo largo del día y noches muy frías de -10ºC.

Una vez montado el campamento de altura esperamos 2 días y nos metemos en pared por la Torre Norte, Vía Espíritu Libre, abierta por Fabio Leoni y Elio Orlandi en 1998, y de la creemos no hay ninguna repetición, ya que la vía estaba totalmente limpia; solamente nos encontramos las 2 primeras reuniones con clavos muy antiguos. Esta vía consta de 13 largos y una graduación de 5.11 /A1.

El primer día llegamos hasta el largo 5 con muy mal tiempo y temperaturas que rondaban los -5ºC. Había sido una larga jornada que bien merecía un descanso; habíamos empezado a las 8 de la mañana y ya bien entrada la madrugada, a las 3 de la mañana, empezamos a montar la hamaca.

El siguiente día el tiempo fue inestable, tanto por el viento como por el frío, así que decidimos quedarnos en la hamaca. Por la noche fuertes vientos de unos 100km/h nos llevan a tomar la decisión de bajarnos; estábamos experimentando oscilaciones verticales en la hamaca de alrededor de un metro; el viento nos mostraba su fuerza.

Bajamos y esperamos el buen tiempo, que vendría 2 días después. Es entonces cuando volvimos a enfrentarnos con la pared, un enfrentamiento que nos llevó a permanecer en ella 12 días más.

Nuestra política era intentar avanzar cada día un poquito aunque el tiempo fuera malo: bien fijar cuerdas, o hacer medio largo mas o los días de mal tiempo buscar campamentos para estar al refugio de los fortísimos vientos y de las nevadas intensas.

En los días venideros tuvimos que escalar largos muy descompuesto que entrañaban graves problemas para nuestra integridad física, ya que había piedras que eras como lavadoras que caían al vacío sin esperarlo. También pasamos por largos de fisuras llenas de hielo que había que limpiar con el sacafisureros para poder meter los friends. No fue más fácil montar las reuniones para izar los petates, había que buscar muy bien donde ubicarlas ya que todas las piedras eran muy inestables.

Recuerdo un día que monte una reunión y cuando empecé a tensar la cuerda estática para izar los petates se me vino una piedra como una furgoneta encima y al moverse se salieron 2 friends, nunca olvidaré este momento, creía que nos íbamos para abajo con todo.

Montamos un total de 3 campamentos más hasta llegar a la cumbre de la Torre Norte, Cima Norte. Y aquí comenzaba parte del territorio incógnito de nuestra travesía. Rapelamos los 300 metros hasta el collado que divide los dos picos de dicha Torre (creemos que no se había pasado por ahí aún), y posteriormente realizamos la apertura de una vía nueva, por un terreno totalmente virgen, de unos 300 metros hasta la Cima Sur de la Torre Norte. La vía nueva recibe el nombre de Cuenca es Única, y estará por el 5.11c/A1.

En la antecumbre de la cima sur de la torre norte tuvimos que estar 2 días debido al mal tiempo. Durante estos 2 días fijamos como 4 largos hasta la cumbre, y de ahí conseguimos llegar con todo nuestro material hasta arriba. Al día siguiente también hizo muy malo y nos dedicamos a observar por donde podíamos montar el descenso hasta el collado que separa la Torre Norte de la Central, y posteriormente estudiar muy bien por donde iba a discurrir la nueva ruta, ya que desde donde estábamos ubicados lo que observábamos no nos dejaba muchas opciones debido a que la 1ª parte de la nueva vía era piedra muy compacta, por lo menos los 3 primeros largos, y los últimos 4 hasta llegar a la cumbre principal muy rotos y descompuestos.

Al día siguiente nos despertamos con un sol increíble, hacia un poco de frío, pero este era el día para bajar al collado e intentar llegar a la cumbre principal.

Recogimos todo rápidamente y montamos los rápeles que nos llevarían al collado y ahí empezamos a escalar. Nuestra sorpresa fue que una vez metidos en la pared todo tomaba otras dimensiones, y las fisuras que el día anterior parecían obvias ya no lo eran tanto. Tuvimos que tirar de experiencia e intuición para saber por donde debíamos de escalar.

Llegamos a la cumbre a las 6 de la tarde. Pensamos que podíamos empezar a bajar, pero se empezó a levantar una ligera brisa. La dirección del viento no me gustó mucho y se lo comente a Adrián. Al final decidimos vivaquear en la cumbre, buscamos un lugar al abrigo del viento, y en 2 horas teníamos una repisa lisa y preparada para montar el fly y pasar la noche.

No nos equivocamos lo mas mínimo: el viento empezó a soplar fuerte y se oía como subía por la pared y como nos golpeaba una y otra vez. Recuerdo que esa noche apenas pudimos dormir ya que la temperatura era tan baja que al respirar el aire se congelaba y eso creaba una escarcha en las paredes del fly, y al soplar el viento se movían y parecía que nevaba dentro. A la mañana siguiente amanecimos con los sacos totalmente empapados. Y eso no era lo peor, recuerdo que ese día amaneció nevando y estuvo todo el día sin parar: hubo un momento que la mitad del fly estaba enterrado en la nieve.

Como llevábamos mucho gas decidimos recuperar los sacos y nos pusimos a secarlos poco a poco. Este trabajo nos llevo como 4 horas, increíble labor, que se vio truncada por la noche, cuando se volvieron a empapar. A partir de entonces teníamos que dormir los 2 en un solo saco, porque el otro ya no se recuperaba.

2 días mas tarde la situación era preocupante ya que seguíamos en la cumbre, con vientos de 100km/h, un frío de -10ºC y nevando, el fly con unos agujeros que tuvimos que coser con un cordino de 3mm para que no entrase la nieve y un saco de dormir totalmente inutilizado. Menos mal que teníamos mucho gas y comida buena (jamón, chorizo, lentejas y judías, sin olvidarnos de las setas deshidratas que dan un sabor increible a las comidas).

Durante estos 2 días recuerdo que notábamos que el cansancio, y la falta de fuerzas empezaban a hacer acto de presencia: junto con la altitud, era una mala combinación. Por lo que decidimos empezar el descenso sí o sí.

El día que decidimos bajar, descubrimos que por la intensidad del viento y las intensas nevadas de días anteriores la tarea no iba a ser fácil. A estas condiciones ajenas a nosotros, debíamos sumarle el peso, por lo que la bajada fue una auténtica pesadilla.

La vía elegida para rapelar fue la Monzino. En condiciones normales creo que en 2 ó 3 horas se puede llegar al suelo, pero las cuerdas se iban enganchando en todas las lajas habidas y por haber, ya que el viento las lanzaba hasta casi ponerlas en horizontal.

Alrededor de las 8 pm se puso a nevar intensamente, y al llegar a la base de la pared nos hundíamos hasta la cintura. Intentamos llegar al campamento en altura para montar nuestra tienda de campaña y descansar.

Nos olvidamos de que llevábamos todo el día de actividad, apenas habíamos comido 2 barritas energéticas y bebido algo de agua en toda la jornada. El cansancio estaba muy latente, pero las ganas de llegar eran mayores. En ese momento fue cuando subestimamos a la montaña y perdimos la partida.

Para mi esto ha sido una lección que jamás olvidaré: si no has comido, si no te has hidratado, y llega la noche, lo mejor es buscar el mejor lugar posible para descansar un poco y esperar al amanecer. Hay un refrán sabio que dice que no por mucho madrugar amanece más temprano; me atrevería a modificarlo: no por mucho madrugar... a lo mejor ni amanece.

La temperatura empezó a bajar a pasos agigantados, y los sucesos fueron desencadenándose. La fuerte nevada que estaba cayendo y la agresividad del viento se aliaron para complicarnos el regreso. La ventisca que nos impedía ver más allá de 5 metros y el cansancio nos condujeron a un corredor helado por el que Adrián se precipitó 300 metros. Me temía lo peor al verlo caer, pero no sé cómo consiguió detenerse.

Nos dimos cuenta de que estábamos sumergidos en una situación en la que parecía no haber ni avance ni retorno posible. Nos encontrábamos en un tobogán de puro hielo. Por suerte Adrián apenas sufrió un duro golpe y pudo volver a rescatarme.

Cuando salimos de aquel marrón ni lo pensamos, hicimos un agujero en la nieve al lado de unas piedras y nos metimos dentro a esperar el día para intentar llegar al campamento de altura, meternos en la tienda de campaña y descansar. La temperatura oscilaba entre los -15º Y -20ºC Y LO QUE HABÍA SIDO UN pequeño hormigueo durante varios días se convirtió en una total insensibilidad.

Nosotros estamos de paso y la naturaleza decide nuestro futuro, sea para bien o para mal.

Al llegar a la tienda no imaginábamos que el destino nos depararía dos días encerrados bajo unas intensas nevadas y unos vientos terribles que prácticamente enterraban la tienda y parecían querer arrancarla del suelo. Finalmente decidimos abandonar el campo y bajar; cuanto más tiempo nos manteníamos arriba, la situación se complicaba aún más.

Los pies mostraban síntomas claros de congelación, esto fue un hándicap más para descender hasta el campamento base. El dolor era horrible y apenas podíamos andar; el peso también se hacía sentir fuertemente en nuestras espaldas.

Antes de empezar a bajar del campamento decidimos tirar por la canal helada uno de los petates con todo el material, cuerdas, esterillas y todo aquello que no podíamos transportar por el peso y por la falta de fuerzas; habíamos perdido unos 8 Kilos cada uno, y se hacía notar.

Conseguimos llegar a duras penas hasta el campamento japones y de ahí al refugio chileno. En éste nos mantuvimos 3 o 4 días, recuperando algo de fuerzas, mientras esperábamos a nuestros amigos los porteadores, gracias a los cuales pudimos regresar a casa vivos. Mi agradecimiento especial a ellos, Nicolás Secul, Tomas Marusic, y Sebas el colombiano.

Y metidos en agradecimientos, nombrar también a aquellos que han hecho posible esta aventura, los patrocinadores: RAB, ROBENS, FEDERACION DE MONTAÑA DE CASTILLA LA MANCHA Y CLUB DE MONTAÑA DOLOMIA.

El proyecto no ha podido realizarse esta vez, lo que significa que volveremos el próximo año.”


Pedro Cifuentes


Pedro Cifuentes en las Torres del Paine

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