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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 19 de Julio de 2011

El mal tiempo echa de la montaña a Zerain, Arrieta y Cuny en el Nanga

Las condiciones impedían entrar en la ratonera de la arista Mazeno, así que mientras tanto decidieron intentar la ruta Kinshofer. Mientras esperaban en el campo 1 que terminara la tormenta, grandes avalanchas que barrían la pared arrancaron el material que habían instalado para descender en los tramos verticales, obligándoles a descender al base. Pero les queda tiempo, y paciencia

Para ser buen alpinista, hay que saber esperar. Esperar a veces en el campo base soportando horas y horas, días y noches de granizo y lluvia. Es un ejercicio de paciencia que estos días pone a prueba los nervios de Alberto Zerain, Txingu Arrieta y Cuny en el Campo Base de la cara Diamir de la montaña desnuda, la enorme Nanga Parbat.

La expedición salió ayer a por la ruta Kinshofer, la ruta clásica en la montaña paquistaní, después de que la arista Mazeno se mostrara impracticable hace unos días y los partes meteorológicos no aconsejen meterse con mal tiempo en aquella ratonera. Tras descansar anoche en el Campo 1, a 4.900 metros, esta mañana la sorpresa de ambos montañeros era mayúscula al comprobar que todo el trabajo de equipar con cuerda los 200 metros más verticales y por tanto peligrosos que hay entre el Campo 1 y 2 había desaparecido. “Aunque ha habido avalanchas tremendas de nieve y hielo, ese tramo es muy muy vertical, aéreo, y no pensamos que pudiera cargarse tanto. Es una temeridad destreparlo, por lo que necesitas una cuerda sobre todo para el descenso. Ibamos sólo con un piolet porque a partir del campo 2 y 3 la ruta es más fácil, pero la montaña se ha tragado nuestro paso hasta el campo 2 y con un piolet es imposible hacerlo, En los 5.550 hemos tenido que daros la vuelta”.

El tiempo no cambia. Se oye una fuerte granizada en el teléfono satélite. Pero las ganas siguen allí, casi intactas. Zerain espera esa ventana de buen tiempo que le permita pisar la cima del Nanga Parbat (8.125 metros). El y Txingu Arrieta llegaron al Campo Base el 26 de junio. Todavía queda un poco de tiempo para cumplir el sueño.

CRÓNICA DE ALBERTO ZERAIN: Seguimos intentándolo

“Mientras la lluvia golpea la tienda en el Campo Base, os cuento los últimos movimientos de la expedición. Ayer salíamos a las 2 de la tarde del Campo Base hacia el Campo I. En el camino, aparte de las marmotas que salen a saludarnos, hemos visto al caballo, que días atrás pastaba cerca nuestro, tumbado en el suelo, sin vida. Ya lo veíamos venir. Al parecer, los dueños lo soltaron a morir tranquilo cuando vieron que el desenlace era cuestión de días. Con cierta pena, seguimos el camino, saboreando la tarde y, como siempre, cargados como mulas. La aclimatación se nota porque apenas paramos para recobrar el aliento. Es así que en dos horas y media llegamos al Campo I tras dejar 700 metros de altitud atrás y un glaciar que no para de palpitar porque recibe continuamente materia compuesta por masas de hielo, rocas y ríos de agua que a estas horas cruzan por muchos de los canales interiores del hielo.

Tras ponernos cómodos, disfrutamos de una hermosa tarde hasta que llega la noche. En un momento de la noche, la nieve hace acto de presencia pero la ignoramos con nuestro fácil dormir. Por la mañana, prendo el infiernillo para desayunar a las 5 de la mañana. La climatología, sin ser la mejor, está como para tirar para el Campo II, con la esperanza de que todo vaya a mejor los próximos días.

A las 7 de la mañana, comenzamos a encarar el corredor y vamos dándonos cuenta de la cantidad de nieve que ha caído días atrás, porque la cuerda fija que había no hay quien la saque del hielo y la nieve. Al principio, tampoco es que esto sea tan malo, ya que las rampas pueden hacerse en libre a pesar de llevar sólo un piolet. Más arriba, y debido a la verticalidad y el hielo (mínimo 60 °) pienso que los 200 metros de cuerda que pusimos y utilizamos la vez anterior, además de otras cuerdas que había, estarán más fáciles de sacar del hielo.

Cuando mi altímetro marca los 5550 metros, y después de hacer en libre buena parte hasta este punto, veo que las cuerdas brillan por su ausencia, a pesar de intentar, a pioletazos, hacerme una idea de dónde han podido quedar. Con un solo piolet, el riesgo, sobre todo en la bajada, es alto, así que, vuelta hacia el Campo Base.

Ahora, desde aquí, hemos decidido salir con más tornillos, cuerda y 2 piolets en cuanto sepamos seguro que la climatología estará de nuestro lado. Y esto tendrá que ser en breve porque ya no nos quedan muchos días.

Saludos a todos los que seguís las crónicas de nuestra expedición”.


El Nanga Parbat no da tregua a los 3 únicos alpinistas que se encuentran en el Nanga en este momento

Tags: Alpinismo

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